martes, 5 de mayo de 2015

La taberna en el bosque



Bajo la lluvia una semilla lanzaba sus primeros brotes, sagrados para unos, malditos para otros.
Justo encima un pie surcaba con forma de huella la tierra sobre la que crecía, húmeda y blanda por la lluvia pronto se enfangó, pero no cedían los pasos ni frenaban su marcha, el destino estaba claro, el objetivo también y la huella fue ahondándose más y más en la tierra ya enfangada con cada pie que se apoyaba en ella.
Muchos eran los hombres que viajaban en la misma dirección, una extraña procesión de oscuros mantos y tenues antorchas, en dos filas se dirigían hacia el norte con una asombrosa sincronización en cada uno de sus pasos, tal era que parecía al ver las huellas que solo dos hombres muy corpulentos habían pasado por ahí.
El silencio de los hombres contrarrestaba con el sonido del agua chocando contra ellos y el extraño ataúd que llevaban consigo.
Las ramas de los árboles parecían evitar tener contacto con tal procesión, o tal vez fuese que el viento las apartaba, los búhos no ululaban ni las luciérnagas se iluminaban cuando sentían la presencia de tal compañía. El bosque parecía temer la luz que la luna desprendía sobre él, el bosque parecía temer el silencio que provocaba, el bosque temía la oscura marcha.
Una cabaña situada en la falda de la montaña que rodeaba el bosque se iluminaba con una la luz del relámpago y dejando entrever un cartel en su entrada de lo que parece ser el único edificio de un poblado maldito.
El silencio rodeó la extraña cabaña, las alimañas salían de ella como si esta de pronto hubiese sido incendiada y frente a ella un extraño viento chocó contra su puerta, tras el viento apareció tan extraña comparsa tras el viento la lluvia se congeló y un suave granizo de muerte cayó al suelo.
La formación de la procesión se rompió, una figura con una antorcha en una mano y un extraño libro encuadernado en extraño cuero se adelantó, abrió la gran puerta de la cabaña y se adentró en la oscuridad de esta. Tras él fueron el resto.
Dentro solo la luz de sus antorchas iluminaba la sala, solo una gran mesa en medio de la sala sobre la cual apoyaron el ataúd y el extraño grupo rodeándola podía verse.
El extraño que abrió la puerta levantó un brazo con el libro y cedió su antorcha a otro. Automáticamente dos de ellos quitaron la tapa del ataúd pero no podía verse su interior aún.
El portador del libro se alzó sobre el ataúd, abrió el libro y leyendo unos versos de este, enfocó las paginas hacía el interior del ataúd y clavó en el libro un extraño cuchillo, el libro comenzó a derramar sangre, sangre que caía sobre el interior del ataúd, sangre maldita, la lluvia y el relámpago parecían querer evitar el acontecimiento con toda su furia, pero ya nada podía parar un ritual en el seno de tan extraña y oscura magia, la luna reía al verlo y el bosque lloraba sintiéndolo.
Bajo la sangre una semilla lanzaba sus primeros brotes, sagrados para unos, malditos para otros.




 Naghí Agleskhá

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