miércoles, 22 de julio de 2015

El amor no vale un pie

No podía ya la imaginación desbocarse como un potrillo salvaje, no podía, porque ya la estaba viendo tal cual era, desnuda, en la cama, mirándome y esperando que diese un paso hacia ella y entrase en su juego. Entonces si que iba a cabalgar sobre la imaginación, solo tenía que dar ese paso, estaba todo dispuesto a ello, podía tocarla si me inclinaba un poco, ese mechón de pelo cuyo final descansaba en la almohada, esa sonrisa sobre la que me deslizaba como un chiquillo jugando en un tobogán, esa mirada… esa mirada no la podía soportar más de cinco segundos.
 Me miro a mi mismo, desnudo, delante de Venus, como un desfavorecido y cojo Vulcano intento dar el paso hacía ella. No puedo, ya estoy ahí, todo había ido bien, un sueño que se ha materializado y puedo alcanzar a tocarlo, pero no puedo dar ese paso. No puedo darlo hacía atrás, ¿Qué loco renuncia a sus sueños? Estoy anclado, anclado en un espacio y tiempo que se que no son eternos, tengo que moverme, pero no puedo, hacía ella siento que me devoran los leones, hacía atrás solo hay un barranco. El sudor me entra por los ojos, ella se da cuenta y me pregunta si tengo calor, que si quiero abre las ventanas, pero no alcanzo a decir palabra alguna, un gesto con la cabeza, lo interpreta como un sí, puedo ver un ángel moverse, joder que culo, llegar a besarlo debe ser parecido al beso que le habría dado Da Vinci a su Mona Lisa. Entra el aire, su pelo se mueve y arrastra la brisa las pequeñas partículas de su fragancia hacía mis narices. No puedo dejar de venerar lo que realmente se que no es diferente a mí, pero ¿Qué colma de divinidad su ser?
 No alcanzo a comprender nada, sigo aquí de pie, la brisa me ha venido bien pero tengo que moverme como sea, no puedo joderla ahora, bueno quiero joderla pero no me refiero a ese joderla, madre mía yo solo me estoy haciendo un lío, cabeza céntrate en lo que toca, como cuando leemos dulces pasajes de Homero, o extrañas metáforas de Kafka, ahora tienes que centrarte en dar un paso, solo un paso, que no piense que soy un raro, que no piense nada malo de mí, no ahora. Si doy el paso hacía atrás podré poner alguna excusa, aunque sea una excusa de mierda como que me deje el gas abierto… Señor, ¿pero que estoy diciendo?… bueno o dar un paso hacía delante, da igual que haga el ridículo en la cama con ella, al menos podré intentarlo.
Este maldito pie, parece de plomo, no alcanzo a mover un dedo, ni lo estoy mirando, solo puedo mirarla a ella, estoy hipnotizado por sus curvas, en cualquiera de ellas derrapo y me mato y mi pie mientras descojonándose de mi.
No se si esto es una comedia o un drama, pero seguro que bien no acaba. ¡Ya está! Fingiré que me duele la cabeza, que estoy mareado, seguro que así se acerca ella, si ella me lleva yo no podré resistirme y daré ese paso.
Miro a mis pies y llevo mi mano a la cabeza mientras suspiro, me pregunta que me pasa, perfecto, todo va sobre ruedas salvo por una cosa, como la anterior vez, no me salen las palabras, igual que un eructo que no sale, las palabras se atascan, se hacen un nudo en mi garganta, como si no encontrasen la posición con la que han de salir, de todas maneras se acerca, ¡bien! Va a cogerme y podré mover este estúpido pie, pero ¿Qué hace? Se ha ido, ha dejado el cuarto, mierda ya la he cagado, seré imbécil, siempre igual, no espabilo nunca.
¿Un vaso? De pronto un vaso con agua interrumpe mi mirada hacía el maldito pie, me esta ofreciendo agua por si me pasa algo, me resulta un gesto tan entrañable. Lo cojo con temblores en la mano, y tanto que temblores, estoy como para preparar un cubata.
Ella me mira y sonríe, lentamente se deja caer sobre la cama mientras me mira y me indica con el dedo que me acerque. No se si beberme el agua o tirármela por la cara, lo que si sé, es que tengo que actuar, ya esta bien pie, tenemos que actuar, no puedes quedarte ahí parado deja de mirarme tío, hasta aquí la broma, doy un trago al agua con valentía, como si fuese un trago de vodka pongo cara de seriedad, a ella le hace gracia el gesto, a mi me va a dar algo.
Lo noto, noto el dedo gordo del pie mientras un calambre recorre todo el pie, pero ese dedo, ese jodido dedo esta ahí. Puedo mover el dedo pero no el pie, se que ella se pone nerviosa ante mi pasividad, pero yo más ante este nuevo descubrimiento, me quedo mirándola y sonrío con la mayor cara de bobo que jamás podré volver a poner. A ella no parece hacerle mucha gracia, se esta empezando a preocupar y eso significa que se incomoda. Pero joder con esa piel que envuelve su cuerpo como no va a molestarse de que un capullo se quede aquí plantado sin hacer nada, sus pechos que antes tanto ansiaba verlos, ahora me resultan inaccesibles a la vista pues en ellos solo puedo ver una manifestación de la pura belleza sexual, ¿pero que coño digo? me lanzaría a ellos como un toro al capote, joder ya no siento ni el dedo gordo, creo que me va a dar algo, pero ya es tarde tengo que actuar o me echara ella misma, parece cabreada y no me extraña, daré un grito de guerra- ¡Sí! Joder que buena idea, me encomendare a los antiguos dioses y entrare en batalla, puedo notar el fulgor recorriendo mi cuerpo, bueno, puede que siga sin sentir el dedo gordo, pero joder que excitación me esta dando, creo que entro en frenesí, va grito por Odin y me lanzo sobre ella, seguro que eso la pone a mil, vale va, allá que voy ¡por O!
Que dolor de cabeza, toda esa luz, ¿es que nadie la puede apagar o que pasa aquí?
De pronto aparece una cabeza de una mujer desconocida, me pregunta mi nombre, que si estoy bien, pues obviamente no, me siento como si me hubiese abducido un ovni y me hubiese metido un palo por el recto y después caer aquí de cabeza.
Lastimosamente digo que sí, que estoy bien, le digo mi nombre y me explica que una chica llamó anoche a la ambulancia, se ve que me desmayé, imagino que aquel frenesí que sentí no era lo que yo esperaba. Ahora jamás podré saber a que sabe el amor de una musa.

Se queda mirándome la enfermera, con esos ojos, esos ojos color caoba, tan profunda siento su mirada que el corazón me late a pestañeos. Me pide que mueva las manos, con esa voz tan dulce, que no podría bailar ante la melodía de su voz, me pide que mueva los dedos de los pies y los pies, me río, me río del mundo ante semejante belleza, ante la fragilidad de la belleza, ante un astro que se acaba de posar en mi cielo y alumbra todos los ¡mierda el pie!





 Naghí Agleskhá

miércoles, 15 de julio de 2015

Un día cualquiera en la América de 1943

La selva resultaba más espesa de lo normal, desde que apareció aquella extraña niebla… solo cubría los pies pero era todo extraño, no sabías nunca donde pisabas, muchos se torcían los pies, otros pisaban insectos que desearían no haberse encontrado… los hombres se ponían nerviosos con cualquier cosa, es un mundo extraño para nosotros y cada día que pasamos aquí aún nos resulta más extraño.
Si Lorenzo no hubiese matado a ese jodido indio… a partir de ahí todo empezó a ir mal, no sabemos que cojones diría antes de morir pero sonaba tan mal como el olor a cadáver que desprende esta niebla, pero claro, que le voy a decir a Lorenzo si hace tres días que le matamos. El loco de Juan lleva su cabeza colgando de la mochila y no para de hablar con ella, “¿porqué tuviste que matar al maldito indio?” “¿Mira en que lío nos has metido capullo”… y así todo el día, creo que cuando estemos durmiendo le cortare la garganta a ver si deja de jodernos a todos con sus conversaciones.
Antes nos encontrábamos todos los días algún extraño animal, pero hace ya tiempo que no vemos más que bichos y más bichos, que asco me da esta selva.
¿El oro?, el oro para su puta madre, yo solo quiero salir de aquí con vida.
Venga a prometerme en la cárcel de Cádiz que aquí podría expiar mis pecados y además conseguir una fortuna, sí, una fortuna de ostias le voy a dar al carcelero que me dijo aquello.
Solo pienso en volver, cada vez me resulta todo más extraño, los colores del paisaje son más y más grises cada vez, parece que algún día esto vaya a ser todo negro como si ya estuvie… ¿Qué ha sido ese ruido? ¿mas indios?

Nuestro capitán pareció entablar conversación con ellos mediante sus ridículas señales, pero ya estamos en esta especie de mini ciudad, nos han dado de comer bien, las mujeres no se nos acercan mucho pero nos miran con una risa muy sugerente y mira, parece que con el idiota de Juan se llevan bien, igual les hizo gracia que llevase una cabeza colgando, joder que raros son por aquí.
Parece que nos llevan a nuestras cabañas, me gustan, esos techos impedirán que nos mojemos cuando llueve, suele caer bastante llovizna últimamente, pero a Juan se lo llevan a parte, que cabrones seguro que se lo llevan a que se acueste con la hija del rey de esta mierda ciudad o algo así, lo que daría por tocar unos pechos firmes después de tanto andar, ¡buf! Recuerdo antes de entrar en la cárcel una noche que ¡Joder Juan! ¡Han matado a Juan, hijos de puta! ¡puta cabaña esto es una celda! La madre que me parió que nos la han jugado los putos indios. Pero mira el capitán, el muy loco con su sable al verlo ha matado a dos… lástima la flecha en la cabeza que le han clavado, era un hombre duro, yo mejor me quedaré aquí quieto, a ver si me da tiempo a cavar un túnel y escapar.


De todo, todo, todo ¿era mi polla lo que tenían que comerse delante de mí mientras aún puedo respirar? Os pienso destruir a todos hijos de… 

martes, 14 de julio de 2015

La rosa y el martillo.

Ella como un soplo de aire fresco perfumaba con su agradable olor toda estancia, él permanecía impasible.
Ella era risueña y siempre lograba sacar una sonrisa a quien le mirase, él permanecía impasible.
Ella sonreía, todas las mañanas despertaba con una sonrisa, él permanecía impasible.
Ella era tierna, de suave tacto y delicada piel, él permanecía impasible.
Ella prefería colores alegres, él permanecía impasible.

Recuerdo cuando sentados en aquel bar Amanda le regaló una rosa a Miguel quien parecía permanecer impasible mientras le regalaba a su vez un martillo a Amanda, la cual se sorprendió y cabreada ante el poco romanticismo salió corriendo poniendo portazo y final.
La rosa hace ya que se marchito, pero el martillo aún continúa impasible.






 Naghí Agleskhá

miércoles, 1 de julio de 2015

La tumba de Sköll



La fama de Sköll se extendía de punta a punta del reino, la rosa de los vientos marcaba todas las direcciones donde era conocido, los niños jugaban discutiendo quien sería Sköll, los viejos en las tabernas comentaban algunas de sus aventuras o combates y la gente le respetaba, también le criticaban y trataban de sacar todos sus trapos sucios.
Hace un año que Sköll murió y ahora es tan raro todo, pienso mucho en ello, una pared en la que veo escrito su nombre, comentarios de los viejos en los bares recordándole, esa estatua suya en la calle mayor sujetando su gran mandoble y con esa mirada desafiante.
¿Qué es Sköll ahora? Esa es la pregunta que me viene, cuando alguien muere parece que desaparece con el paso del tiempo, pero alguien como Sköll, famoso después de muerto, siguen apareciendo historias suyas que antes no había escuchado, parece que aún este vivo, todas las imágenes que le representan, estatuas que parecen tan reales. ¿Realmente Sköll ha muerto?
Me he sentado hoy aquí, en su tumba, entre estas estatuas, columnas, esta gran lápida y bonitos versos que la decoran y he reflexionado sobre todo esto, pues se que ha muerto, pero no lo parece, su recuerdo esta tan vivo, las historias se están escribiendo para que no se pierdan, los niños siguen luchando entre ellos para ser Sköll, muchos se dejan la barba intentando parecerse a él, otros se alistan en el ejercito con tal de ser soldados y vivir aventuras como él las vivió.
Ha muerto, pero a la vez no. Es curioso y me llama la atención esta no-muerte en la que se mantiene, seguramente él no sepa nada de todo lo que ocurre aquí, seguramente Sköll ha desaparecido y esta inmerso en esa eterna noche que es la muerte, o bueno, quizás como dice la mayoría los dioses le tienen entre ellos. Seguramente si los dioses le tienen entre ellos, le resultará gratificante ver como se le recuerda, pero si no esta entre los dioses ¿Sirve de algo que se te recuerde cuando ya no estas?
Pienso que más que por él, es por las personas que parecen necesitar referentes históricos o ficticios para guiar sus actos y esto me da asco pues yo no quiero ser la copia de nadie ni me gusta ver como unos copian a otros.
Que insignificante ha de ser mi muerte la cual nadie recordará y mucho menos me recordarán a mí, al menos pasada una semana.
¿Será  mi muerte por ello menos digna, o es mi vida la que es menos digna?
Tantas preguntas y tan poquita capacidad para poder resolverlas en mi pobre mente.
Ojala sea igual de digna, pero eso no me preocupa, lo que sigo preguntándome una y otra vez es, ¿Realmente ha muerto Sköll?



 Naghí Agleskhá

miércoles, 13 de mayo de 2015

Buenos Días



[..] Todo está oscuro, no recuerdo como he llegado aquí, me duele la cabeza un horror, ¿dónde estoy? Una punzada de dolor hace que me espabile durante una fracción de segundo, pero el atontamiento vuelve.

 No soy capaz de pensar con claridad. Es como si estuviera drogado o algo, ¿resaca?, no soy capaz de abrir los ojos. Un momento, oigo algo, son como voces lejanas, no identifico qui... espera, si, no le pongo cara, pero sé que esa voz me es familiar. Algo en mi cabeza me dice que tengo que levantarme o algo pasará, pero mi cuerpo no reacciona. Si tan solo pudiera escuchar que dicen, o saber que hacen, podría saber que va a pasar. Intento concentrarme en escuchar... mierda, otra punzada de dolor que me provoca un destello de luz en la cabeza hace que pierda la concentración. Intento calmarme, respiro hondo, parece que funciona, no consigo entender que pasa, pero escucho una risa que se apaga casi al instante...

Recupero la consciencia, más o menos, dado que aún no soy capaz de abrir los ojos, o será que estoy soñando porque no noto el peso de mi cuerpo. Siento como si estuviera flotando, o como si algo me llevase. Por un momento recuerdo los días de infancia en los que mi padre me levantaba de la cama para que no llegara tarde al colegio -Papá no quiero ir al cole-...

Espera, ¿risas? -¡Cabrones!- es lo único que me da tiempo a gritar, mientras que todos los puntos se unen como un puzzle y hacen que lo comprenda todo. Es una sensación fría, como la de estar dentro del agua en un caluroso día de verano. Abro los ojos y todo es de un tono azulado brillante, la luz del Sol rebota en los claros azulejos que hay en la pared de la piscina donde acabo de despertar cegándome durante un breve momento. De fondo, unas risas apagadas por la densidad del agua, llegan a mis oídos y me hacen sonreír. Para cuando he salido a respirar todo el mundo esta en el suelo.

Buenos días mamonaz... digo, ¡amigos!




Pedro T

sábado, 9 de mayo de 2015

Miradas



Abría los libros con el corazón, pasando por sus suaves dedos cada hoja, pasando por sus ojos de negro tinta cada palabra memorizándola en su cabeza. Todas aquellas novelas, todos aquellos ensayos, esos poemas extensos sobre el amor verdadero, todo ejercía una influencia sobre su mirada al mundo, una mirada incomprendida por una sociedad que tiene su propia mirada ajena a la suya, una mirada que juzga y no concibe que pueda haber otro tipo de mirada. Un duelo verbal entre los dos mundos, cada uno con su idioma, cada uno tras su muralla.
Hace tiempo que miro en la misma dirección y de la misma manera que el resto, el mundo parece estar resuelto, solo tienes que mirar, pero ya no hay nada que pararse a observar, ya no hay nada sobre lo que pararse a pensar. Aún así, al ver su mirada al mundo no puedo evitar sentir una angustia interior, una angustia que nunca he sabido de donde procede, ni que tripa se me ha roto para sentirme mal al ver una mirada libre, una mirada diferente al resto, una mirada valiente y alegre, una mirada feliz.
No puedo sentirme indiferente ante esa mirada, rompe mi indiferencia y me molesta abandonar mi comodidad, necesito sentir que a mi también me mira, pero temo que lo haga. No soy capaz de descifrar sus ojos y tengo que ponerles el color de los míos para poder verlos y entender su mirada desde la mía, pero ya no soy capaz de mirar de la misma manera, me siento como si tuviese que recorrer un infinito laberinto para poder llegar a su mundo.
¿Y si le ocurriese algo horrible por no mirar al mundo como lo hacemos todos? ¿Y si me esta ocurriendo algo horrible por mirar como el resto?
Me despierta las dudas que no quería que saliesen de su baúl, me despierta el miedo al saber, me despierta una atracción fatal al como debería vivir y no al como vivo.
Pero mi mirada es como la del resto, no esta sola y la suya sí.
Reconozco que echaré de menos su manera de abrir los libros, pero no puede ser diferente.





Naghí Agleskhá

martes, 5 de mayo de 2015

La taberna en el bosque



Bajo la lluvia una semilla lanzaba sus primeros brotes, sagrados para unos, malditos para otros.
Justo encima un pie surcaba con forma de huella la tierra sobre la que crecía, húmeda y blanda por la lluvia pronto se enfangó, pero no cedían los pasos ni frenaban su marcha, el destino estaba claro, el objetivo también y la huella fue ahondándose más y más en la tierra ya enfangada con cada pie que se apoyaba en ella.
Muchos eran los hombres que viajaban en la misma dirección, una extraña procesión de oscuros mantos y tenues antorchas, en dos filas se dirigían hacia el norte con una asombrosa sincronización en cada uno de sus pasos, tal era que parecía al ver las huellas que solo dos hombres muy corpulentos habían pasado por ahí.
El silencio de los hombres contrarrestaba con el sonido del agua chocando contra ellos y el extraño ataúd que llevaban consigo.
Las ramas de los árboles parecían evitar tener contacto con tal procesión, o tal vez fuese que el viento las apartaba, los búhos no ululaban ni las luciérnagas se iluminaban cuando sentían la presencia de tal compañía. El bosque parecía temer la luz que la luna desprendía sobre él, el bosque parecía temer el silencio que provocaba, el bosque temía la oscura marcha.
Una cabaña situada en la falda de la montaña que rodeaba el bosque se iluminaba con una la luz del relámpago y dejando entrever un cartel en su entrada de lo que parece ser el único edificio de un poblado maldito.
El silencio rodeó la extraña cabaña, las alimañas salían de ella como si esta de pronto hubiese sido incendiada y frente a ella un extraño viento chocó contra su puerta, tras el viento apareció tan extraña comparsa tras el viento la lluvia se congeló y un suave granizo de muerte cayó al suelo.
La formación de la procesión se rompió, una figura con una antorcha en una mano y un extraño libro encuadernado en extraño cuero se adelantó, abrió la gran puerta de la cabaña y se adentró en la oscuridad de esta. Tras él fueron el resto.
Dentro solo la luz de sus antorchas iluminaba la sala, solo una gran mesa en medio de la sala sobre la cual apoyaron el ataúd y el extraño grupo rodeándola podía verse.
El extraño que abrió la puerta levantó un brazo con el libro y cedió su antorcha a otro. Automáticamente dos de ellos quitaron la tapa del ataúd pero no podía verse su interior aún.
El portador del libro se alzó sobre el ataúd, abrió el libro y leyendo unos versos de este, enfocó las paginas hacía el interior del ataúd y clavó en el libro un extraño cuchillo, el libro comenzó a derramar sangre, sangre que caía sobre el interior del ataúd, sangre maldita, la lluvia y el relámpago parecían querer evitar el acontecimiento con toda su furia, pero ya nada podía parar un ritual en el seno de tan extraña y oscura magia, la luna reía al verlo y el bosque lloraba sintiéndolo.
Bajo la sangre una semilla lanzaba sus primeros brotes, sagrados para unos, malditos para otros.




 Naghí Agleskhá

lunes, 20 de abril de 2015

Tras el chaparrón



Cuando cesó de llover abrió la puerta y una fría corriente de aire entró en su casa sin pedir permiso alguno y con la misma audacia dio el primer paso al exterior, sus pies desnudos apenas tocaban el encharcado y embarrado suelo, el fresco césped acariciaba la planta de sus pies, el barro pintaba los más naturales zapatos de danza y entre el aire y su pelo jugaban pequeños remolinos despreocupados.
Corrió mientras danzaba por el campo, por el bosque, por los pueblos, dejando una idílica estela dibujada por el vuelo de su falda que a todos embelesaba, niños, ancianos, animales, plantas, parecían todos olvidar sus problemas y seguir con su mirada a la despreocupada figura danzante, la tranquilidad inundaba los corazones de quien la veía, los girasoles volvían su rostro hacía la muchacha y los ríos cambiaban su curso para poder seguirla.
Parecía poseer la más poderosa magia que pudiese existir. Altiva y vivaz trasportaba el último suspiro que alivia al condenado antes que el filo traspase su cuello, llevaba la idea que atraviesa la cabeza del soldado al decidir dejar las armas, traficaba la droga que deja de resaca el amor, cargaba con la verdad que nos ayuda a lidiar con la mentira, guiaba las palabras del buen profeta que nos trae el paraíso al mundo.
Al final todos deseaban volver a encontrarse con ella, volver a respirar el dulce aroma que deja tras de sí.
Bebía de los mares y los ríos, de la hoja de agave y los cocos, y llenaba los corazones como si jarras de barro vacías fuesen.
Ese don otorgado por los dioses para poder estar con tantas personas a la vez, esa maldición que llevan consigo quienes no desean su compañía y este vano esfuerzo por poder llegar a conocerla mientras habló de ella como una leal compañera que siempre me socorre cuando la vida se transforma en guerra, como si conociese de toda la vida esta bella estrella fugaz y me siento inevitablemente como el ciego que no puede ver el rostro del lazarillo que le conduce hasta su último destino.
Y ahora, en mi último momento, con las últimas fuerzas que sostienen mi pluma firme contra el papel invoco su presencia mientras observo por la ventana el primer rayo de luz que dejan pasar las oscuras nubes y siento que esta tan cercana, como gobierna cada parte de mi cuerpo que no puedo esperar para cerrar los ojos y encontrarme cara a cara con ella.
Paz





Naghí Agleskhá

domingo, 22 de marzo de 2015

Reflexiones de azucarillo



El cáñamo se parte con la mano y el machete cuando la espesura nos invade.
La vida es sencilla hasta que el dinero la complica y complica más al rico.
Tres onzas no son mucho ni poco, son solo tres onzas ni más ni menos.
Mirar un bosque no es mirar un árbol, mirar un mar no es mirar un océano.
Beber agua puede parecer de sedientos, vaciar el vaso solo de borrachos.
Dar la vuelta al mundo es libertad, para todo lo demás Mastercard.
Mirar y no ver, ver sin mirar, reír y no llorar, llorar sin reír.
La ballena puede tragarte, bien, ballena gratis.
Del Sol a la Luna solo hay un rayo de luz, de la Tierra al Sol la NASA.
La cosa se pone complicada, da igual porque esta la pago yo.
Una flor se abre cara al Sol y la pisan por franquista.
La nota do me gusta porque dos juntas reviven un pájaro extinto.
La tinta es más cara que el oro, pero los poemas no mueven el mundo.
La verdad siempre da miedo y la mentira es una bonita droga que nos destruye.
La guitarra se toca con los dedos, los sentimientos nos tocan con púa dura.
De un extremo de tú sonrisa al otro solo hay una curva infinita.
El sexo si no es duro hace que la cosa se ponga blanda.
De pesado a muy pesado solo hay una palabra de            .




Naghí Agleskhá

lunes, 16 de marzo de 2015

Fantasma



Despertó en la cama, su cuerpo resultaba muy pesado, los parpados como hormigón se negaban a abrirse por completo. Algo apareció en la puerta, una figura de un encapuchado, como alguien muy delgado tapándose con una manta de un extraño color naranja oscuro.
Pensó que era fruto del cansancio, su imaginación y sueño. Se sentía incomodo, temía un poco a la figura pero el cansancio le mantenía relajado e inmóvil. Cerró los ojos y al volver a abrirlos ahí  seguía, se movía de forma extraña casi como por espasmos, pero el seguía tumbado, solo miraba y pensaba que no podía ser real, pero algo de realidad había en ello, ahora sentía curiosidad. Volvía a cerrar los ojos como derrota ante el cansancio, pero rápidamente se pudo recomponer y allí estaba, ahora podía ver su rostro, una mujer de ojos azules, pelo rubio, tez blanquecina y expresión temerosa, rondaría los cuarenta y estaba ahí, realmente estaba ahí.
Tumbado en la cama solo podía mirarla, ahora no sabía si realmente estaba ahí, parecía tan obvio, tan real. Otra vez cerraría los ojos para volver a abrirlos y observar que ocurriría.
Abrió los ojos y estaba ahí, en la puerta, desnuda, encogida, abrazada a sí misma rascándose la espalda, tan delgadita ella que podía ver como se le marcaban las costillas. Agudizó la vista como pudo, su cuerpo estaba invadido por pequeñas heridas o erupciones, parecía que tenía una especie de viruela, estaba enferma su triste mirada se le clavaba en el corazón, había algo familiar en su enfermedad, seguía debatiéndose si era real o fruto de su perturbada mente, igualmente en ninguno de los dos casos sabía como podría ayudarla, finalmente muy a su pesar expresó que se fuese “vete fantasma”. Le exigió con lástima y volvió a cerrar los ojos.
Abrió los ojos y estaba ahí, a su lado, acurrucada tan cerca que podía tocarla, la mirada de lástima se clavaba en su alma como los clavos a la madera.
“Vete fantasma”. Suplicaba en voz baja, “Yo no puedo ayudarte”. Se excusaba ante tal mirada. Seguía ahí, no se iba a ninguna parte, seguía frotándose, con esa mirada desesperada de ayuda. Extendió el brazo para intentar tocarla, le pesaba tanto que ni siquiera parecía suyo, pero podía notar un extraño hormigueo recorriéndole su cansado brazo.
“Yo no puedo ayudarte” le repetía lastimosamente, entonces la cara de la mujer comenzó a variar, movía su cabeza tan rápidamente de un lado a otro que apenas podía apreciar ya su rostro, parecía que se deformaba.
“¡Vete fantasma!”. Exclamó cabreado y ella desapareció, se desvaneció como un rayo de Luna se desvanece al aparecer la luz del Sol, su brazo seguía extendido con ese hormigueo que no cesaba y se preguntaba a sí mismo si la había tocado realmente o no.
Volvió a cerrar los ojos y se preguntó si él también estaba enfermo, si él también necesitaba ayuda y nadie podía ofrecérsela. 



 Naghí Agleshká

lunes, 2 de marzo de 2015

La Fina



La cantina de La fina era famosa en todo el este por su delicado vino, aún no te habías acabado la primera copa y ya pedías la siguiente. Las señoras más adineradas acudían de siete de la tarde a ocho y media, los grupos de hombres adinerados lo visitaban de nueve a once, dando media hora de margen entre ellos y las señoras, las cuales algunas eran sus esposas, para… digamos… en fin, evitar situaciones incomodas entre quien sale alegre y entra sereno, o bien para no coincidir con tu pareja conyugal en el lugar en que ninguno de los dos dirá al otro que anduvo alguna vez. Pero aún falta un grupo por nombrar, el de once y media hasta el cierre, el de los bohemios, mal llamados por la zona como “almas de lágrimas”, este grupo era de lo más variopinto, sombreros algunos de copa otros bowler, unos boinas otros gorra, corbata o pajarita, chaqueta y etiqueta o chaqueta y pelea, zapatos de tacón o zapatos con cordón, de afeitado o de barba. Todos piden de primera copa un vino y de segunda un suspiro, la tercera es la más especial, el preparado de la absenta verde con todo detalle en su vaso Pontarlier, su azúcar y su agua, lleva un tiempo servir adecuadamente el brebaje, pero merece la pena la espera. 
Recuerdo una noche sentado en aquella barra como se preparaba a un parroquiano de La Fina un trago de absenta, la camarera que ya le conocía vertía unas gotitas menos de agua que a otros parroquianos, mientras que a otros les variaba  la azúcar o cantidad de absenta. Desde luego no era por descuidos de quien les servía, sino porque ya conocían sus gustos y como preparar a cada uno de ellos su absenta ideal, al menos eso me decía la sonrisa que puso tras el primer trago aquel pobre diablo. A partir de la primera de la tercera copa, todos comenzaban a adquirir en su rostro la expresividad que mantendrían toda la noche, la melancolía solía abundar sobre la alegría y la alegría sobre la serenidad. Realmente tan poca alegría solo era fruto de su humor cínico en el que resultaba más adecuado derramar una lágrima que desemboque en una sonrisa que no una carcajada que exilie del ojo una o muchas lágrimas al finalizar el chascarrillo.
Que curiosa la cantina La Fina, no tenía relojes pues la clientela ya marcaba las horas, tras las vísperas llegaban las mujeres, que para ahorrar de atascos se cambiaba en los baños el letrero poniendo los dos para mujeres, tras las completas ponían los dos para hombres y para quienes ya no se preocupaban de orar directamente quitaban los letreros.
La cantina en sí, era una obra de arte tan exquisita que requeriría varios volúmenes para poder describirla con el adecuado detalle que merece, cada parte de su mobiliario tenía una historia, un detalle físico, un recuerdo, en definitiva, un color único. Cuantas leyendas se habrán escrito sobre esa cantina, de cuantas noticias de prensa ha sido portada, cuantas novelas hablan de la cantina y cuantas otras nacieron allí. Todo en ella tiene un gran valor, todo resulta mágico y poético, la disposición de las mesas podría evocarnos una Odisea de Homero o un Robinson Crusoe de Daniel Defoe, leer los principios matemáticos mediante los cuales se ordenaban las botellas tras la barra o los salmos que indican como disponerlas en su correcto lugar, pero siempre me pregunto, ¿Quién será el maestro que dedique su merecido poema al pomo de la puerta?
Tampoco podemos hablar de la cantina sin hablar de su legítima dueña, la Fina, pero eso lo dejaré para otro día, tanto hablar de la cantina me despertó la nostalgia que produce el olor de su vino, así pues, permítanme que abandone mi educación en el valle de la serenidad para recoger mi descortesía del valle de los vicios.


Naghí Agleshká

miércoles, 25 de febrero de 2015

La despedida



Sabía que no volvería a verla, que no había vuelta atrás. Las manos se separaban mientras las miradas se clavaban en el otro con acuosos clavos y salinos remaches.
Una fracción de segundo separaba dos momentos, el momento en que aún se mantenía la mirada y el momento en que se separaban arrancando clavos y remaches.
En esa fracción de segundo un profundo sentimiento desde lo mas hondo de su ser viajaba a sus pulmones donde en un acto mágico de materialización el sentimiento era arrastrado por la expiración, manifestándose en el mundo en forma de sonido. Emergieron abruptamente las dos palabras más temidas y más hermosas que una cultura puede poseer.
Las fuerzas desaparecieron tras esa fracción de segundo, la materialización de su sentimiento le dejó exhausto y abatido retrocedió buscando un punto sobre el que poder ver toda la situación, un punto que se mantuviese firme, un punto en el que poder encontrarse a sí mismo.
Ella no podía volver la mirada otra vez, las palabras impactaron en su rostro quebrantando su corazón. Clavos y remaches volaban unidos, desmontando así el marco de un lienzo de años de esfuerzo y dedicación, una pintura viva que ahora pasaba a formar parte de la galería de los bellos recuerdos.
El mar en calma parecía querer acunar el viaje de su amada, enjaulada, sin entender porqué ni adonde iba, tan solo entendía que era un viaje de ida sin posibilidad de vuelta. La selva parecía querer abrazarle pero únicamente conseguía perderlo entre ramas, raíces y hojas ahora desconocidas para él.
El nuevo ser humano permanecía ajeno al momento pese a estar envuelto en él, pese a ser la causa del momento que se vivía y a la vez desvivía. El mal llamado Nuevo Mundo nacía con la destrucción de si mismo y los cuerpos de sus legítimos pobladores ahora se cubrían con la tierra que con tanto amor recorrieron.
Sabía que al igual que el antiguo ser humano ahora solo esperaba el momento de su final y él sintiéndose identificado con el dolor y la pérdida que sufrían los antiguos seres humanos a manos de los nuevos seres humanos, pensó en cubrir su cuerpo también con la tierra que una vez recorrió en armonía y felicidad con su amada.
Se tumbó y mientras esperaba la llegada del astuto jaguar, observaba el cielo que en otra época les observó unidos, miraba los árboles que trepó junto a ella y ya ninguno daba frutos.
Una sombra se movió, la que se encargaría de convertirse en el oscuro telón que bajaría para jamás volver a alzarse.



Naghí Agleshká

sábado, 21 de febrero de 2015

Cabras Parte 2

Vale peñita, que va la segunda parte de las cabras, igual ya no hablo tanto de ellas, porque hay asuntos o temas más importantes…
Sabía usted… que el episodio más popular del catecismo católico, ADAN Y EVA, (no pongo acentos xq lo veo prescindible, es más complejo de lo que parece, y no plagio a EDUARNO Galeano, simplemente lo leo y he cogido algunas frases y las he masticado en mi boca o cerebro y escupido aquí)… Bueno sabíais que ese episodio no figura/aparece en la BIBLIA?! Eh… pero no flipéis, Lilith tampoco… y fue la PRIMERA mujer, antes que Eva… Es que Lilith era muy rebelde y no quiso obedecer a un tío que se creía un PUTO DIOS imponiendo normas absurdas como no comerse una puta manzana… y ella se largó o la echaron por querer tener y mantener sexo placentero y no con otros fines, como la maternidad, requisitos que Eva acepto sin más, ser una sumisa mujer obediente.
Bueno que me vuelvo a desviar del tema, voy a hacer una breve pausa y luego sigo, me mola porque tengo tiempo de hacer autocrítica y metametameta COGNICIÓN.
Hola de nuevo, y perdonadme por última vez esta larga “pausita”, sé que vosotros, los que leéis, no notáis la pausa, no estoy loca… pero mi cerebro y yo sí, así que os cuento lo que he hecho mientras tanto: he bajado a la cocina, he saludado a mis abus, que acababan de llegar, me han traído 3 regalos (dos cajas de bombones donde ponía “MERCI” y un cuento escrito a mano por mi abuelito). Ese cuento se lo pedí porque me encanta y nunca lo he oído de otra persona que no sea él y quería conservarlo para mí y para siempre. He subido al cuarto de mi hermano, el que está lejos... de Erasmus, no está sufriendo tranquilos, pero al entrar ahí lo he echado de menos, pero he sonreído porque sé que él también lo hace, he cogido fundas para guardar el cuento de mi abuelo y he encontrado papeles míos de colores, que me encantan y los he cogido, le he dejado un par, y por último me puesto a escribir en un papel verde, notitas de amor a mi familia…
Vale, ahora ya puedo seguir con total normalidad… o eso espero.
¿Sabíais que Aristóteles escribió sobre la mujer y dijo: es un hombre incompleto? O un semen defectuoso, ¿un gen mal formado? ¡¿A que duele?! , de un gran personaje como este leer o escuchar cosas así… Pues en fin… Seguiré rompiendo mitos o esquemas a la peña.
Hasta 1990 la homosexualidad fue ¿!¿!¿!¿¿!una enfermedad mental?!?!?! O sea… ¡¿HOLA?! Que fuerte ¿verdad? Eh pero tranquilas o tranquilos muchachos, lo decía la OMS. La OMS sabe mucho de estos temas… JA! Me río…
Por cierto, al entierro de Marx acudieron sólo 11 personas, contando al enterrador y Nelson Mandela fue encerrado por intentar liberar al pueblo de los opresores… Fue tachado de peligroso y TERRORRISTA.

Creo que es suficiente por hoy... Me voy quedando más “agustito” pero aun quiero seguir despotricando. GRACIAS A TODOS, y a mis pekeños grandes vikingos por dejadme y darme libertad de expresión en su espacio preciado, precioso y preciso!!!!!

Lau Ra 

miércoles, 18 de febrero de 2015

La prisión



Suspiraba aliviado en mitad de aquel torbellino de problemas, solo tenía que dejar deslizar su cuerpo por el agujero que llevaba cavando semana tras semana, si esperaba un solo día más le acabarían pillando, no había vuelta atrás.
“A la mierda todo”, se dejó caer por el angosto espacio y cayó en un oscuro cuarto, pero parecía conocerlo como conocía su celda. Se arrimó rápidamente a una pared, palpó una puerta y con un rápido gesto la abrió, conforme entraba la luz del otro lado él ya estaba fuera corriendo como alma que lleva el diablo. No le dio tiempo al guarda que había de reaccionar, conforme le vio corriendo hacía él ya tenía un puño en la cara, ¡Crack! Y nariz rota. Aquel pasillo parecía infinito a pesar de la velocidad con la que corría y aun tenía que salir de él para llegar al patio y salir definitivamente de su prisión.
Allí estaba, la gran puerta que daba al patio, “¿ahora qué?”, se preguntaba ante la facilidad con la que estaba transcurriendo su fuga.
Abrió la gran puerta con todas sus fuerzas y pudo ver aquel gran patio en el que le habían dejado deambular todos los días de la semana cuando el Sol está en el punto más alto del día. Eran unos de los jardines más bellos que podía imaginar, lo cruzaría cerca de los setos más altos para evitar ser visto y llegar con más dificultad, pero mayor seguridad hasta el final de su destino. Todas esas rosas que decoraban el patio, sus fuentes y árboles frutales que tan bellos resultaban, no volverían a ser su consuelo pues ya no lo necesitaría. Ahí estaba, el gran muro de piedra y bajo él, en el césped, la alcantarilla que daba al conducto de salida de aguas residuales. Tenía la llave de la tapa y podría seguir el curso de conducto hasta dar con la salida. Allá que iba, el fétido olor que subía le pareció el aroma de la libertad, corriendo con los pies empapados en ese casi fango, tanta basura tenía el agua que parecía fango de lo espesa que estaba. Apenas podía ver que tenía delante, la luz tan tenue le ayudaba a no ver que era lo que realmente pisaba y tocaba, solo esperaba ver una luz al final del conducto y por fin ahí estaba, la luz, una gran boca al final del túnel completamente iluminada solo tenía que pasarla y dejaría su prisión de una vez por todas encerrada en su memoria.
Por fin, ya pasó todo, conforme daba aquel paso traspasaba la luz. Una sonrisa de alivio iluminaba su rostro, pero que poco duro al traspasar aquel manto de luz la oscuridad se apoderó de todo. Miró atrás, no había luz, ni arriba, ni abajo, ni allá donde mirase. El pánico se apoderó de él, palpaba con las manos para poder guiarse, pero siempre chocaban con una pared conforme estiraba los brazos. Preso del momento tan solo dijo:
“Me escapé de la prisión de la vida para entrar en una celda más pequeña”.



 Naghí Agleskhá

domingo, 15 de febrero de 2015

Cabras Parte 1

Hay tantos temas de los cuales molaría hablar… Comunicar gestos y señales de alerta, alegría o tristeza (Soy Laura, la “Maldo” para algunos, o Maldonetti, o Maldomambo, en fin, no soy el Coelho ese ni Albert Espinosa, a quien admiro y sigo como referente en la escritura y lectura sana).
Los búhos son animales solemnes, que ocultan algo raro, o están demasiado despiertos por la noche y dan miedito, son tétricos, oscuros… ¿Os he dicho ya que hoy solamente quería hablaros de cabras? Ahhh!! No… lo siento. Estaba hablando de búhos porque me dan miedo por su pausado y silencioso vuelo… observan de noche y dan yuyu joder!
Vale iba a hablar de otra movida, las cabras. CABRAS, CABRAS LAURA, céntrate, quiero y me apetece escribir sobre ellas (las putas y jodidas cabras) porque ya que retomo el “vicio” o “ejercicio” de escribir quiero que sea primero en el blog de mis colegas, en una taberna que derrocha tinta sin parar… y me gusta, ME ENCANTA, J’adore leur travaille.
Bueno, las cabras me molan mucho, se pegan entre ellas, o se dan cabezazos contra la pared o donde pillen, porque están “loquillas”, simbolizan mi animal o signo zodiaco, no creo en el horóscopo, pero me entretiene y divierte descifrarlo, así como interpretar sueños raros que tengo o los de mi familia, es un: “llámalo don”, llámalo HOBBY o JOVI… pero me encanta jugar a eso, soy una joven con sus pequeñas manías o costumbres desde la infancia.
Digamos que me divierte leerlo, y reflexionar sobre cosas absurdas como un horóscopo o en fin, cosas. Sabéis que quería hablar de cabras. Me encanta la expresión “estás como una puta cabra”, incluso la canción esa que no me acuerdo pero contiene palabras similares. (la cabra la cabra la puta de la cabra..)
Hoy, tras propiciar un buen clima en casa de mi querida suegra… un ambiente distendido y de relax (y no es peloteo, mi suegra es la puta ostia, rompemos un gran topicazo o burlamos la barrera de los estereotipos). También mola mucho la madre que me parió, donde va a parar. Bueno que sigo con las malditas cabras coño… me cuesta no evadirme y centrarme en la faena. Bueno, eso cabras, he leído cosas de Galeano esta mañana y he hecho una lista de palabras:
  • EXILIO, IDEOLOGIA, VIVIR, CAMINAR o camino (que no comino, aunque me gusta también la comida con cominos)… Las dos últimas palabras eran: ESCRITURA/escribir y “ME GUSTA”. (Estoy enganchada al face, como todos…)
Y ahora ya dejo de hablar de búhos y cabras por hoy… Voy a intentar seguir diciendo cosas de persona normal, despierta y más o menos “CUERDA”.
Vale perdonad, he hecho una breve pausa mientras escribía para pintarme las uñas, es normal, estoy desidiosa y juguetona y activa (Y RIXI sabes que mí y, y, y.. es mi seña de identidad al escribir y que os adoro, porque no decirlo también).
Sé que he dicho que solo hablaría de cabras pero lo siento, sonrío y me imagino a mis seres más preciados con sus gatitos, perros, periquitos, erizos, tortus, loros y loras, serpientes, etc.

Me mola expresarme, y aquí más todavía porque es un orgullo para mí… Y lo dejo aquí (ES UNA PRIMERA PARTE del escrito, ya que me esperan pa’ comeeeer y,muero de hambre) Por cierto, ya se me han secado las uñas.

Lau Ra

viernes, 13 de febrero de 2015

Oda Vikinga




El día que le cielo caiga, lo sostendremos con nuestros brazos.
El día que la tierra se parta, la uniremos con nuestras piernas.
El día que el Sol deje de alumbrar, alumbraremos con nuestras antorchas.
El día que la Luna nos ciegue, la apagaremos con nuestras hachas.
El día que la herida nos desangre, beberemos de ella.
El día que las fuerzas nos fallen, nos repondremos con agua y miel.
No hemos elegido nuestro destino, pero nos preparamos para moldearlo.
Esta es la tierra donde nací y aquella la que voy a conquistar.
Esta es mi cultura y no la diferencio de la vida o la muerte.
Si el Valhalla nos espera, acudamos al Ragnarok.


Naghí Agléskha

lunes, 9 de febrero de 2015

John Deckard y los Olvidados



Otra noche de lluvia, otra noche fría y oscura, mecida en esta jungla de hierro, donde la gente omite el hedor. Ese hedor hediondo de muerte y putrefacción, de polvo y sangre. Pero la lluvia achacaba el eco de los llamados pecados.
Pero a John Deckard no le importaba,acababa de cobrar otro cheque. John era un tipo sin escrúpulos, pero en su interior la lluvia no cesaba, se veía corrompido por las emociones. Otro cheque por otra muerte, por esa persona, a la que nadie importa, que desaparece y nadie se pregunte que fue de el. Otro olvidado, un invisible, otro vagabundo u otra puta cosida a balazos en algún callejón húmedo y oscuro de esta lujuriosa y podrida ciudad.
Pero a John no le importaba lo mas mínimo, otra noche, otra muerte, otro cheque. La lluvia conseguía aclarar su mente, tranquilizarle, pero sabia que al final caería. Caería en lo mas profundo de su ser e iría a verla.
Sabia que al final iría con ella, junto a sus brazos, a sus fríos y oscuros brazos, pues, despues de todo, ella era la que le daba de comer. Otro vagabundo u otra puta, otro Olvidado.
Un cigarro en sus labios lo cubrían de gloria, mientras que su oscura y raída gabardina lo protegían de la redención.
A John Deckard no le asustaba nada, el era la imagen del miedo, el portador de pesadillas. Tenia que serlo, no podría vivir sin su amor.
Necesitaba cobijarse en sus fríos y oscuros brazos. Sabia que desde que la perdió se había enamorado por completo. La muerte era su vida, sin ella no conseguía descanso.
Otra vagabundo u otra puta y estaría junto a sus fríos y oscuros brazos.
Otra noche de lluvia, otra noche fría y oscura junto a los Olvidados.











 Uinseann Lennox.

lunes, 2 de febrero de 2015

El códice



Olía a cerrado aún el luminoso rincón donde se sentó a leer aquel viejo códice que  guardaba su padre antes de morir. Ahora le tocaba a él leerlo, la curiosidad desde niño por ver que ponía en aquellas hojas por fin se apaciguaría. Comenzó a leerlo, su mirada fija se clavaba cual flecha entre las palabras grabadas en tinta, sus tragos a la cerveza eran firmes y contundentes como el pasar de página. De pronto cerró el códice como quien da un portazo, sacó un extraño cuchillo de mango y hoja realmente fino, no creó que hubiese otro igual en la zona, y salió de la taberna. Al rato volvió, pidió otra jarra, se sentó en el mismo sitio y continuó la lectura. La misma mirada fija, la misma firmeza al beber y al pasar de página, el frío sudor comenzaba a resbalar por su frente pero se apresuraba a sacar un pañuelo antes de que la gota se precipitase al vacío.
Volvió a cerrar el códice, sacó el cuchillo y lo clavó con firmeza en la mesa al lado del libro, recogió todo y apresuradamente salió de la taberna.
Pasado unos minutos volvió a entrar, casi jadeando pidió otra jarra, se sentó en el mismo sitio y continuó la lectura. Su mirada seguía sin apartarse del códice, ya no mantenía esa dureza al mirar las páginas ni las pasaba tan firmemente, un extraño cansancio se apoderaba de su cuerpo, sus manos visitaban más la jarra que las páginas y el pañuelo con el que se secaba el sudor ahora era la manga de su camisa.
Volvió a cerrar el libro, dio el último trago de cerveza, suspiró y se alzó mirando fijamente la tapa del libro, acarició el húmedo cuchillo que guardaba y salió mientras dejaba unas monedas al tabernero.
Al día siguiente volvió a la taberna, parecía no haber dormido en toda la noche, su pálido rostro posó su mirada sobre el mismo asiento de ayer, ahora ocupado por un joven muchacho. Se acercó a la barra y pidió una jarra, después se acercó al joven y sin mediar palabra le quitó del asiento como quien aparta un cachorro, el joven al ver el rostro del hombre prefirió no meterse en problemas.
Se sentó, sacó el códice, olfateo el cargado ambiente que aún olía a cerrado, dio un trago y comenzó la lectura. Otra vez al rato volvió a cerrar el códice y salió de la taberna.
La misma rutina que el día anterior, llegaba, cogía su cerveza y continuaba la lectura, desaparecía y volvía al rato.
Ya casi cuando el Sol se despedía realizó algo diferente, sacó una pluma y escribió en el códice, casi con la misma pasión que el poeta finaliza un soneto, su rostro se iluminó, su pulso se reafirmó y le volvió la vida a la mirada.
Puso el cuchillo entre las páginas en las que escribió y cerró finalmente el códice con una picara sonrisa. Mientras lo guardaba en la bolsa se abrió la puerta de par en par, un guardia con la mirada fija puesta donde él estaba sentado aparecía y con un ceño tan fruncido que si se hubiese puesto en el momento justo una nuez en este la habría partido. Exclamó sin parpadear toda una lista de nombres, nombres de ilustres cargos e importantes empresarios. Todos y cada uno de ellos habían muerto entre el día anterior y ese mismo día, de todas y cada una de las muertes fue acusado nuestro protagonista, al cual se le exigió la deposición del cuchillo empleado en los crímenes y el códice que le acompañaba a manos de la justicia.
Apartó la jarra de la mesa y puso la bolsa. El guarda se acercó y miró en su interior, para su sorpresa estaba vacía, pero más se asombró el joven que pudo ver como guardaba en su interior el códice. El guarda pensó que se trataba de una broma y le exigió con voz alta y firme que se los entregase, pero este solo pudo que encogerse de hombros y dedicarle una sonrisa de complicidad al guarda.
Ahora salgo de su entierro y tras todos estos años nunca he dejado de preguntarme que pondría en aquel códice y donde fue a parar junto con el cuchillo, pero algo me dice que la bolsa que lleva su hija ahora mismo, es la misma que vi de joven en aquella taberna.



 Naghí Agleshká

domingo, 1 de febrero de 2015

VINCENT



-Le dije “no pienso pagarte por esta chapuza”.¡¡¡Y de un mordisco le arranqué la tráquea!!! ¡JAJAJA!-. Dijo Vincent. Tenía esa horrible y aguda risa típica de los goblins. No me caía bien, pero he de reconocer que el cabrón era listo. Llevaba un par de años trabajando para él, pero hasta hace unos meses no le había visto nunca, y a pesar de haber llegado a ser uno de sus hombres de confianza, seguía sin saber su verdadero nombre. El pequeño ser, a diferencia de otros de su especie, que se conforman con saqueos y robos, él aspiraba más alto. Quería comerciar, pero claro, nadie estaba dispuesto a hacer negocios con un goblin, pues es sabida su volatilidad y repentinos cambios de humor y sobretodo de lealtad. Lo intentó por un tiempo, pero por muchas ciudades y pueblos que visitara, ni los de su propia especie se fiaban de un contrabandista goblin, así que un día, creó a Vincent. Su plan era sencillo, pero efectivo. De sus años de matón, conocía los contactos y como moverse, lo único que necesitaba era alguien que contactara y cerrara los acuerdos por él, así que reclutó unos cuantos humanos, los vistió y arregló, y los usó como peones en su juego para enriquecerse. Para unos, Vincent era un hombre fornido y barbudo de mediana edad, para otros, un pálido y delgaducho hombrecillo de aspecto siniestro. De este modo, en caso de intento de asesinato o robo, ellos perecían pero la maquinaria no se paraba.
Éramos un pequeño grupo para no levantar sospechas, como si fuésemos meros viajeros de paso. Estábamos en el gran salón de una taberna, a las afueras de un pueblecito costero donde un falso Vincent había ido a cerrar un trato, y mientras esperábamos que volviera con los beneficios, bebíamos, cantábamos y escuchábamos historias. Todos menos Xhu’nkzu, el segundo al mando de Vincent, el cual llevaba casi desde que el goblin empezara en el negocio, y que ya conocía de memoria cualquier anécdota que el retaco pudiera narrar inducido por el alcohol. Era un tipo grotescamente grande como casi todos los orcos, y su negra y sucia armadura infundía miedo a cualquiera que osara cruzar la mirada con él.
Yo en cambio por aquel entonces solo era un adolescente que Vincent usaba para recabar información y como ratero. Era un buen escalador y muy sigiloso, por lo que podía entrar en lugares sin ser visto y obtener documentos y mercancía que luego el jefe usaría en sus negociaciones.
Así trascurrían las horas y caían las jarras de cerveza, cuando de pronto se hizo el silencio. La flecha clavada en mi pecho, cogió a todos por sorpresa. Lentamente fui cayendo hacia atrás mientras mi vista se nublaba. Vi a unos hombres armados correr hacia nuestra mesa, y a mis compañeros, desprevenidos y alcoholizados, desenfundar sus armas, y así, entre alaridos, destellos de lucha y sangre brotando, cerré los ojos.
Desperté con los gritos de la mujer del posadero que acababa de entrar en el salón y había encontrado la cruenta escena. Ya todo había acabado. Vi los cuerpos exánimes de mis compañeros y de algunos de los atacantes. Entre los caídos estaba el falso Vincent, cuya garganta aún emanaba sangre. Habían torturado al pobre bastardo para sonsacarle nuestra ubicación y esta era su recompensa. Me acerqué al cuerpo despedazado de Xhu’nkzu, parecía mentira que alguien pudiera haber derribado a semejante mole. Justo a su lado estaba Vincent, cerré sus ojos, que ya no parecían tan crueles pues tenían esa expresión vacía y de temor que deja la muerte en los cobardes, y busqué en sus bolsillos. Encontré una pequeña libreta arrugada con datos sobre sus transacciones y contactos. Con dificultad, logré ponerme en pie y caminar hasta poder llegar a mi caballo y huir de allí sin más percances,  antes de que autoridades o curioso empezaran a hacer preguntas. Ya en lugar seguro, con la herida curada y la panza llena, volví a hojear la libreta en mi poder. Una idea pasó por mi cabeza. Era hora de ascender en la empresa.





Mambí du Champ

viernes, 30 de enero de 2015

Requiem por los Jinetes



Hubo un tiempo en que los hombres vivían sin miedo
se despertaban con el Sol y recogían con él.
Tiempo hace ya de aquella época que fue perturbada
por el sonido de los cascos de caballos al trotar
y cabalgar hacía un aciago destino colmado de
cerveza, lujuria y violencia.
El hombre se hizo enemigo del hombre y del conflicto
nacieron los primeros jinetes, quienes amanecían con la Luna
y recogían con la Luna.
Las almas de los bares y las lágrimas de las mujeres
eran su dulce néctar, bendita la sangre de sus enemigos
mezclada con vomito y esputos, pues no conoció
un destino calmado y sosegado.
Hoy ya no veo a esos jinetes, no recuerdo sus rostros,
sus yelmos cristalinos, sus armas por las asas
ya no se levantan…
¿Donde esta mi trágico final?¿Donde están los jinetes
que un día cabalgaron a mi lado?
No recuerdo sus rostros, no recuerdo el aroma del dolor,
no recuerdo el suave tacto de las riendas que me
otorga la noche.
Fría es la hidromiel que la bendición de Odín
otorgó a la sangre de los hijos de Caín, tan fría que
ya no parece poder correr y ha helado sus
corazones.
Si aún queda un jinete en estas tierras, no temas,
no estas solo y allá donde vayas alza un grito,
un grito que resuene en el alma de los desvalidos,
que retumbe en el coraje de los bravos y avise,
avise de que mientras quede un jinete el mundo
de los hombres, debe temblar.



Naghí Agleshká

lunes, 19 de enero de 2015

El don de la maldición



No conocía algo que no fuese la noche, desde que nació esa noche infinita sin luna ni estrellas, sin un cielo al que poder colorear o sobrevolar. Atrapado en un túnel sin salida ni entrada, en el fondo de un oscuro pozo sin boca.
No había un suelo que poder pisar firmemente, sin miedo, perseguido por un vacío acechante, bordeando un eterno precipicio a cada paso.
Podía sentir el mundo entero, pues con su suave tacto lo pincelaba en su oscuro lienzo.
Podía captar la esencia de las cosas pues nunca contempló su apariencia.
Tampoco juzgó erróneamente a nadie, ni les discriminó, pues a todos les dio una oportunidad sin achacarles prejuicios.
Sonreía cada mañana con la sensación que le transmitía el lavar la ropa, al cantar mientras frotaba con sus manos la tela mojada, al oler el suave aroma a jabón que invadía el ambiente.
Ese sueño sin imagen, ese telón que nunca sube, esa eterna noche que pretendía maldecirle nunca imaginó el don que le otorgaba, ya que al privarle de la luz de la vista aprendió a guiarse por la luz del corazón.
Se que nunca leerá estas líneas, pero también se que las lleva impresas en el alma.



 Naghí Agleshká