lunes, 29 de diciembre de 2014

Papel mojado.



No hace mucho, bajo la mesa de aquella taberna me encontré con un papel en el que pude leer lo siguiente:
“Entre los dedos se escapa el poco aire que tiene la esperanza de coger y poder masticar entre los dientes ya cansados de anclarse en un mar de dudas, el mar que nunca esta en calma pretende desbordarse de su limitado horizonte e inundar desiertos regados con soluciones y alegrías, donde las tormentas de interrogantes se alzan hacía un cielo en calma, en calma y pesado, que amenaza con derrumbarse sobre nuestra felicidad. Por encima se alza el Sol condenado por su propia luz a no poder ver las estrellas que le rodean y sobre él un oscuro cosmos envuelve una pequeña flor que acaba de nacer en un basto valle y en su cáliz alberga la esperanza de un mundo más bello, posiblemente para la flor el mundo solo sea ella misma, posiblemente sea el único mundo realmente bello que podríamos imaginar.
Quizás seamos nosotros mismos el aire que se nos escapa de entre los dedos, quizás seamos nosotros mismos un mar de dudas, quizás seamos un desierto de soluciones, quizás seamos un cielo precipitándose con todo su peso sobre la felicidad, quizás nuestra luz nos prive de las estrellas, quizás seamos la oscuridad que nos envuelve, quizás nunca nos hemos parado a pensar que en este basto valle nosotros seamos la flor en la que reside la belleza.
Quizás...”
No supe nunca como seguía, pues el mal estado del resto del papel mojado por cerveza se deshizo entre mis dedos, pero he de reconocer, que no me supo a poco su lectura.



Naghí Agleshká

sábado, 27 de diciembre de 2014

La Taberna del aprendiz



Hoy va a llegar al lugar el famoso Thras Krall, llamado orco de tres cabezas, conocido así no porque posea tres cabezas, sino por su famoso combate en que cortó de un hachazo tres cabezas de sus enemigos. Justo ahora esta entrando en la taberna y parece que se dirige a la barra justo al lado de aquel gran hombre que tiempo atrás combatió junto con el ejercito de las dos mazas.
Thras Krall suele hacer dos cosas cuando está en una taberna, acabarse una cerveza que no es suya y matar a alguien. Las muchas guerras, las grandes penurias por las que ha pasado, el trato con gente peligrosa desde su niñez y su mal carácter acompañado por un don especial para la violencia han hecho de Thras Krall el demonio que hoy en día estas observando joven Palduin.
Apenas puede sentarse en el taburete que se queda pequeño ante tal trasero, ese ex soldado tiene los segundos contados, espero que sepa quien es Thras Krall y no se le ocurra plantarle cara.
Ya le ha quitado la cerveza, rezo a los dioses porque no se suicide reprochando a Thras.
Ves el ex soldado que ha aplastado la cabeza de Thras Krall haciendo de ella un gazpacho, pues bien hijo, ese es el famoso Sir Gazpacho y ya sabes porque tiene ese nombre.


Naghí Agléshka

martes, 23 de diciembre de 2014

La botella enfrente del taburete

Todo empezó cuando abrió aquella pesada puerta.
“Ponme dos, hoy no estaré solo”.
Abrió el congelador y sacó dos cervezas, las abrió y las dejó delante de él.
Sus ojos tristes parecían relucir con el color del brebaje y su sonrisa que permanecía oculta parecía cobrar vida y sentido.
Dejó en un lado una de las cervezas, justo enfrente del taburete vacío que había a su lado. Precipitó sobre su garganta el primer trago de cerveza y miró al frente, un espejo en el que se reflejaba él y lo de detrás, se miraba en el espejo, a los ojos, desafiante a sí mismo, pero con esa sonrisa en todo momento.
El camarero le miraba de reojo de vez en cuando mientras pasaba un trapito por alguna que otra jarra recién lavada.
Quitó la mirada del espejo con un gesto serio y miró al taburete, mantuvo un rato esa mirada hasta que de pronto volvió a sonreír, cogió la cerveza, la miró con esa sonrisa y le dio el último trago que le quedaba.
Que vacías acaban las botellas cuando deben llenar corazones.
Las horas pasaban y los cascos de botellas vacías se amontonaban enfrente de él, la otra botella se mantenía llena, enfrente del taburete, acalorada por la espera la cerveza, frío el taburete en la ausencia en que se encontraba.
De pronto una chica entraba en el local, “perdona, ¿esta ocupada?” le miró y sonrió, sus ojos verdes podían derretir el ártico y su sonrisa inundar el Sol.
“Sí, lo siento” dijo él, al tiempo que le devolvía la sonrisa, el camarero que vio la escena pareció dolerse por su respuesta, pero siguió a lo suyo.
La noche caía, las almas que antes gritaban y bailaban a su alrededor ahora solo eran humo y besos, besos al fin y al cabo que acabarían siendo humo también.
“No queda ni una hora para que tenga que cerrar”, dijo el camarero con voz rota.
“Ponme las dos ultimas” le respondió mientras miraba la cerveza enfrente del taburete.
“A esta invita la casa”
“Después de tantos años ¿a cuantas cervezas me habrás invitado?”
“Bueno, solo espero que algún día no tenga que ser yo quien te invite” respondió mientras dejaba enfrente suyo otras dos cervezas.
“Si ella nunca hubiese abierto aquella puerta seguiría sentada a mi lado día tras día. Amarga realidad es la muerte que se riega con tragos de cebada y más amarga promesa es la que se mantiene incluso tras la partida de una de las personas involucradas en ella”. Con dureza miró la botella y dio un trago.
“Igual, tan solo falta que alguien le tome el relevo para que esa promesa siga teniendo sentido”.
Entonces una voz sonó detrás suya, podía verla en el reflejo del espejo, “perdona, he visto que estas solo todo el tiempo, pero pides las cervezas de dos en dos ¿te gustaría compartir una conmigo?” la chica de ojos verdes había vuelto con su mágica sonrisa.
El camarero boquiabierto les miraba mientras rebosaba la cerveza que caía del grifo al vaso ya lleno que estaba sirviendo.
Él no dejaba de mirarla, sus ojos en los que antes no había parecido fijarse parecía que ahora le atrapaban, apartó la vista como si mirarla fuese algo prohibido y clavó su mirada en el taburete que tantas noches vacío le había acompañado aguantando sobre si el peso de la soledad.
“No, lo siento”, le devolvió la sonrisa y tomó otro amargo trago.



 Naghí Agléshka

viernes, 19 de diciembre de 2014

Crónica de una noche




La noche estaba cerrada, pero les daba igual. El bar estaba abierto, pero les daba igual.
Una vez más el tiempo era suyo, ¿qué más da todo lo demás si podían viajar, sentir, reír y cantar sin importarles nada?
Tiraban frutos secos que les servían con las cervezas a la gente para provocar peleas y reírse un rato, escribían su nombre con navaja en las mesas, puertas y paredes que les parecía y por si fuera poco se cogían de la mano como si no les importase nada.
Él sacó la navaja y en su mano trazó un camino de sangre que siguió por la mano de ella, volvieron a cogerse de las manos, volvieron a unir sus caminos.
Puedo recordar aún el frío sonido que hacían sus jarras al brindar y la cálida visión de sus besos en la barra del bar, como si nada más les importase.
Fijaron su destino de bar en bar, cada vez más torcidos, cada vez más borrachos. No pararon de reír ni pararían de caerse al suelo, a las basuras, a las mesas y sillas de otras personas, en fin, no pararían de caer y levantarse. Cuando sus miradas se cruzaban podían enternecer a cualquier monstruo, cuando te cruzabas en sus miradas ¡ay! Cuando te cruzabas en sus miradas…
Largo tiempo pasaban juntos, corto se les hacía, infinito al fin y al cabo.
La Luna les quería seguir el ritmo, pero no podía, estaba cansada y tenía que irse. Ellos miraban al cielo y en sus ojos quedaban guardados todos los astros, todas las galaxias, en fin, en sus ojos… tenían el universo entero. 

 Naghí Agléshka

sábado, 13 de diciembre de 2014

La Leyenda de Erove



Érase una vez, una sonrisa que vivía en el mundo de las caras tristes, pero ella odiaba el mundo en el que vivía, y se dispuso a emprender un viaje en busca de nuevos amigos.
La primera parada, fue en el mundo de las miradas; allí, podía encontrarse todo tipo de ojos mirando y deambulando de allí para acá como si estuvieran un extraño partido de tenis, algunos vigorosos y otros alegres. Esta sonrisa, subió a la montaña que presidía aquel extraño lugar, llamado por los habitantes del lugar "El Colorado Mesosómico" donde habitaban unos ojos perdidos, una vez llego la sonrisa a la cumbre del Colorado Mesosómico, vislumbro la cabaña en la que habitaba esa mirada. Pocas veces se había visto a la sonrisa pausar su incesante actividad de contentar a quien la veía, pero hasta ella quedó impactada ante aquella visión; dos profundos ojos se alzaban sobre ella como si un eclipse se hubiera cernido sobre aquel lugar, la contemplaba con curiosidad, siempre desde una distancia prudencial y a menudo con tan solo el reojo se la veía observar. La sonrisa y la mirada se fueron conociendo y pronto, emprenderían esta vez juntas de nuevo la aventura. El próximo destino era un peligroso paraje del que según contaban las leyendas, ascendían finas hebras del mas ardiente fuego jamás conocido por el hombre, un territorio salvaje donde algún incauto ya había dejado cicatriz. No tardaron la sonrisa y la mirada en vislumbrar en el cielo aquellos hilos flameantes, empezaron a correr despavoridos como alma que lleva el diablo hasta resguardarse en el Fleco norte. Pero no tendría tanta suerte nuestra extraña pareja, a mitad de la oscura noche, apareció la bruja Erove quien envidiando a aquellos preciosos y extraños seres, los capturo de manera que nunca pudieran huir de aquel mágico lugar, petrificándolos y escondiéndolos bajo unas enredaderas hasta que un fuerte y valeroso caballero fuera capaz de apartarlas y hacerlas despertar.


Daru

viernes, 12 de diciembre de 2014

Los Mundos de Inmundo (1)



Poco podía quedar de ese mundo que se había creado el joven Inmundo, todo comenzó aquel día en que todo lo que podía salir mal, salió mal y todo lo que podía salir bien, salió mal. Ese fatídico 8-N quedaría grabado en su memoria, no por la subida del precio de la cerveza en el bar al que solía acudir, sino por ella. Un chupito, un beso y un portazo, eso fue todo lo necesario para que su corazón parase y se tuviera que sentar, no recuerda que pasó después, pero si que recuerda donde a estado todo ese tiempo, que nada más y nada menos, fue el mismo que el de la creación del universo, su propio universo.
Inmundo calló en la silla y al abrir los ojos estaba en aquella fatídica guerra, cuerpos amputados, sangre salpicando por doquier, chasquidos, gritos y alaridos, todo le confundía y el dolor se aferraba en su mente como si no quedase mas espacio en el mundo para esta trágica sensación, mientras su mano se dirigía hacia su cabeza como si pudiese extirparse ese dolor con un tirón de brazo, pero se dio cuenta que tenía que salir de ese maldito lugar antes de que el dolor de cabeza se lo quitase uno de esos locos armados antes que su propia mano, no sabia muy bien si era de día o de noche pues era extraña la luz que llegaba hasta él. A gatas intentaba escapar pasando por entre las piernas de todas esas cabezas locas y armadas.
“¿Es que nunca voy a poder salir de aquí?” Se preguntaba el joven Inmundo mientras su cabeza de pronto chocaba con algo, un taburete, un cuadrúpedo, amaderado y simple taburete ¿Qué cojones pintaba ese taburete en medio de esa batalla? Daba igual, el caso es que podría ser un eficiente escudo en caso de emergencia así que lo cogió y lo llevo consigo pero pronto volvió a chocar con algo, una mesa, una cuadrúpeda, amaderada y simple mesa ¿Qué demonios pintaban esos objetos ahí? Decidió quedarse bajo la mesa e intentar vislumbrar algo entre los pies de todos esos locos armados pero al girarse quedó estupefacto ya que una larga y gran pared blanca o eso dejaban ver los pocos espacios limpios. Esa pared era la clave, si la seguía podría encontrar una puerta que llevase al otro lado donde seguro que estaría seguro y donde podría entrar para refugiarse.
Cogió aire y salió decidido gateando y restregando desde su hombro hasta la punta de sus pies por la pared, tanto se apegaba a ella que tras él quedaba una blanca estela, de pronto un gran cuerpo se precipita delante de él, la cabeza quedó apoyada en la pared y el cuerpo tendido como si de un peso muerto se tratase, clavó su mirada en el rostro que abruptamente acababa de aparecer ante él, su piel verde le informo del horrible estado en que se encontraba el hombre, su cara parecía tan grande y su mandíbula asustaba, ¿Pero que …? Su casco era una cacerola! Y su ojo, su ojo se estaba abriendo! Inmundo estaba boquiabierto con el corazón en un puño y la boca abierta de par en par.
El extraño y moribundo hombre le miro fijamente y como en un susurro exclamó para si mismo que podía hacer ese extraño muchacho en medio de esa batalla campal, así pues le tendió su mano y exclamó con voz ronca “Groohl”.
El muchacho no le tendió la mano, siguió atónito y miró su gran mano y preguntándose que intentaba decirle en ese idioma, entonces el extraño hombre le dijo “Me llamo Groohl ¿y tú?” mientras le apuntó con su espada que resultó ser una cuchara sopera.
“Me llamo Inmundo” y tendió la mano a Groohl, quien se incorporó como pudo, cogió al joven Inmundo y lo llevó hacia la salida apartando a empujones algún que otro contrincante.
Abrió la puerta y la sorpresa de Inmundo fue que daba al exterior, ¿que extraño salón era ese? Preguntó por ello a Groohl y le contesto que solo era un bar y se había montado una pequeña gresca, un ligero mal entendido.
Anduvieron un poco y Groohl se sentó en el borde del camino, mirando al campo, la luna iluminaba y podían ver con claridad. Groohl levanto su camisa, tenia una buena raja en el costado, del pecho hasta el bajo vientre.
“Menudo capullo”, exclamó conforme miraba la herida.
“No tiene buena pinta” se preocupó Inmundo.
“Mañana será una bonita cicatriz” exclamó despreocupado Groohl.
Se interrogaron mutuamente, Inmundo estaba en un extraño mundo llamado Evenjol y Groohl era un ser cuya raza se denomina orca, como las ballenas asesinas de su tierra.
¿Como podía haber acabado en ese lugar? Todo era tan extraño.
Groohl le sugirió que no se alarmase, que debía ser fuerte y seguir adelante en la nueva circunstancia que le tocaba vivir.
Inmundo se desesperó, pero que locura, ¿Cómo podía haber pasado? ¿Qué será de su anterior vida ahora? ¿y de la nueva?
Groohl se alzó la camisa y le enseñó la sangrante herida a Inmundo. “Hoy duele, mañana curara y pasado seré más fuerte”
Inmundo se calmó, echó sus manos a la cabeza, fue a sentarse al lado de Groohl y conforme su culo chocaba en el suelo una fuerte luz apareció.
¿Qué ha pasado? 



 Naghí Agléshka

jueves, 11 de diciembre de 2014

En el fondo de la jarra

La oscuridad se cierra sobre la ciudad como los malos pensamientos se cierran sobre mi cabeza. El bar esta lleno pero yo estoy solo, mientras ahogo mis penas en alcohol y miro el fondo de la jarra pensando si la solución rápida merece la pena. Pido otra jarra (ya no se cuantas van) suenan los Obús y un documental de osos grizzly en la televisión, sonrío con amargura y me la bebo de un trago.

Todo oscurece, todo se vuelve negro, todo gira. Sí, notó una sensación de movimiento como si todo a mi alrededor girase. Entonces luces, colores intensos brillan alrededor mio pero yo soy incapaz de verme las manos, los colores toman formas supernovas, galaxias y nebulosas aparecen ante mis ojos como si de un expositor de supermercado se tratase. Todo brilla, una luz blanca lo envuelve todo. De nuevo no veo nada, salvo que esta vez es el blanco lo que me rodea. Sigo notando mi cuerpo, cierro y abro mis manos, pataleo pero no ocurre nada. Entonces grito, no oigo nada pero veo mi voz, no se como explicarlo pero una nube grisácea surge por la parte baja de mi campo de visión. Esa nube gris rasga la realidad del blanco y crea un agujero que me succiona, notó la fuerza de la succión y noto como choco contra algo. Palpo una superficie lisa y tibia que se extiende, parece suelo. Abro los ojos la superficie es cristalina, me levanto y miro alrededor, la superficie se extiende como una planicie infinita, solo veo horizonte. Grito por desesperación y mi voz se pierde en el infinito, pero la superficie estalla en miles de millones de fragmentos de cristal que se arremolinan a mi alrededor. Cuando se disipan aparezco en una dimensión oscura pero iluminada por medusas luminiscentes de todos los colores posibles. Me siento liviano como si estuviese flotando, de hecho intento apoyarme y no puedo, estoy flotando. Miro alrededor mio y veo medusas luminiscentes y un elefante pero que de donde debería empezar el cuello tiene un tronco humano con sus dos brazos y cabeza pero de elefante, todo él esta cubierto por la piel gris de los elefantes. Me recuerda a los centauros, mitad hombre mitad caballo, salvo que en este caso es un elefante y sin cabeza humana. Pasa delante mio galopando en el espacio, en su lomo hay un mono y un erizo. El mono me señala y se ríe. Desaparecen de mi vista. Debo haber muerto, creo que es la única solución, sin duda alguna en mi borrachera elegí suicidarme y ahora esto es lo que hay después de la ida. De repente una sensación muy viva. Vértigo, siento como caigo hacia el infinito, el tiempo desaparece solo siento la caída. Ante mi aparece una brecha de luz, cada segundo de caída se hace mas intensa hasta que finalmente llego a ella.

Vuelvo a estar tumbado, esta vez la superficie es arenosa o rugosa, no sabría concretar. Me incorporo en la superficie y veo charcos espesos de color negro. Miro más lejos y veo una columna blanca que en su punta arde una llama, un edificio cristalino lleno de un liquido negro. Un momento. Estoy en un escritorio, ¡pero es enorme! ¿O yo soy diminuto? Entonces le veo, un gigante sentado al escritorio me mira.
-Eh tú ¿quién eres y qué haces en mi escritorio? Y además ¿porqué eres tan pequeño?
-Soy Adrián, y lo siento mucho señor gigante pero creo que no soy capaz de decirle nada más.
-Yo no soy ningún gigante, tu eres un ser diminuto que ha aparecido en mis papeles mientras escribía mi última obra, no es suficiente tener que lidiar con el calor del verano sino que además tengo que soportar estas distracciones.
-Lo siento mucho no quería molestarle señor gi... ¿cómo puedo dirigirme hacia usted?
-Mi nombre es William. Y bien ¿cómo ha llegado hasta aquí?
-Sinceramente no tengo ni idea señor William, todo me parece un sueño.
-¿Un sueño has dicho? Sí, un sueño suena bien. Me gusta la idea.

martes, 9 de diciembre de 2014

Gato nocturno

Es de noche en la ciudad y una sombra se desliza de esquina en esquina. Evita las patrullas, evita los últimos transeúntes, sabe moverse sin ser visto. Aunque le estuvieses buscando no lo verías. Sabe a donde tiene que dirigirse, lo tiene todo planeado: la ruta, el acceso, los peligros y el objetivo. Se agazapa en un portal y observa, enfrente suyo esta el puente que cruza el canal. Espera unos momentos y ahí esta la patrulla de la guardia como lo tenia calculado. Aguarda a que se marchen y de un salto llega al borde del canal, abajo están las aguas y los correderos cercanos al nivel del agua. Se descuelga al corredor y continua su marcha, cien metros adelante sabe que esta el acceso. 

El acceso es una alcantarilla en la pared del canal con el único inconveniente que esta al lado de una de las puertas secundarias de la cárcel y siempre están vigiladas. Pero esto es un problema solo si no estas preparado, saca un saquillo y aferrando solo el cordel lo lanza. El saquillo se abre en el trayecto y esparce su contenido sobre los dos guardias, un montón de fino polvo de color morado. A los guardias les da tiempo a poco mas que sacudirse el polvo de los ojos antes de caer al suelo dormidos, dormirán durante al menos diez horas ya que el polvo era loto morado, un fuerte somnífero.
Sin nadie mas que le pueda ver entra en la alcantarilla, es sucia y maloliente pero eso ya sabia que seria así. Avanza por la alcantarilla recto, derecha y luego izquierda, sabe perfectamente que camino seguir. La alcantarilla se amplia bruscamente en una gran sala que tiene la función de comunicar los distintos tramos de alcantarilla. Tiene que cruzar al otro lado pero de repente unos ojos en la oscuridad le observan, sonríe, contaba con ellos pero esperaba no tener que encontraselos. Hombres-rata, habitantes de las alcantarillas, carroñeros de las ciudades y peligrosos asaltantes. Nuestra sombra misteriosa desvela su identidad, abre la boca y muestra unos afilados colmillos y sus ojos brillan con un tono anaranjado en la oscuridad. Es un metaformo, de apariencia humana pero con la capacidad de transformarse en animal a voluntad, ya sea de forma total o parcial, este en concreto es de la clase felino. Pero su apariencia felina no amedrenta a sus acechantes que confiados por su numero saltan y corren a por él. El metamorfo gira sobre si mismo lanzando un abanico de cuchillos que acierta en varios hombres-rata, da un pirueta esquivando los primeros ataques y al caer lanza otro par de cuchillos que aciertan en su objetivo. Ambas especies son ágiles y los tajos y las volteretas se combinan en un espectáculo acrobático-sangriento. En apenas unos segundos el gato se ha comido a los ratones, respira profundamente y vuelve a su apariencia humana. El metaformo sigue su camino por las alcantarillas hasta llegar a su destino. En apariencia se ha detenido frente a un simple pared, pero él conoce el truco. De su bolsa saca un saquillo con polvo de plata que esparce por la pared y como le habían dicho aparece ante él la cerradura oculta, en la pared se forma un disco y siguiendo las instrucciones realiza la combinación de giros para abrir la puerta.
Ante el se abre un pasillo que lo llevara a unas estancias hace siglos abandonadas, un nivel oculto de los sótanos de la torre de magia, largo tiempo olvidadas por sus moradores. Al final del pasillo esta vez sí una puerta visible, la examina detenidamente, tiene un encantamiento trampa. De la bolsa saca una piedra gris con surcos grabados, deja la piedra en el suelo cerca de la puerta y pronuncia unas palabras incompresibles. Los surcos de la piedra refulgen en azul iluminando la puerta, de esta empiezan a emanar haces de color rojo que son absorbidos por la luz azul de la piedra. La puerta ya es segura y con unas simples ganzúas se abre. Entra en una habitación donde toda la pared desde el suelo al techo esta cubierta por estanterías repletas de libros, lo que busca no esta aquí así que pasa a la siguiente sala sin miramientos. Un distribuidor en forma pentagonal, tres de las otras puertas son como por la que ha pasado, de madera corriente sin encantamientos pero la quinta es de hierro de doble hoja y detrás esta el objetivo. Sonriendo con la satisfacción del trabajo bien hecho camina hacia a la puerta esquivando unos escombros de mármol verde que hay en el suelo del distribuidor. La puerta es muy sólida parece imposible forzarla, pero de nuevo se saca un truco de la bolsa. Esta vez son cuatro piedras rojas que con otra vez una palabra mágica quedan fijadas en el hierro formando un cuadrado, de las piedras salen cuatro rayos rojos conectándolas y el calor cada vez se hace mas intenso hasta que el cuadrado de luz perfora la puerta creando una apertura. El metamorfo sonríe, solo queda un paso más para el objetivo. De repente un ruido inesperado, parece un desprendimiento de rocas y luego una voz.
-No esta autorizado el paso a esa estancia -la voz suena grave y apagada, como quien habla desde el fondo de una cueva.
El metaformo entra en alerta, tensa los músculos y se concreta, esto no lo tenia previsto. Se gira y en el centro de la estancia hay un gólem de mármol verde que medirá unos dos metros y medio de altura. Esto es malo, muy malo se dice. El gólem le lanza un puñetazo, lo esquiva de un salto gracias a su agilidad felina, sin duda alguna ese golpe le hubiese arrancado la cabeza del sitio. Se maldice por su descuido, su falta de previsión. Pero no esta todo perdido, por algo él es el mejor para estas misiones. Aun le queda el último recurso para situaciones desesperadas y este gólem guardián es una situación desesperada. Saca un frasco de su bolsillo, el líquido del interior es oscuro y brilla como el metal. Lo bebe de un trago y la metamorfosis sucede, el elixir del coloso de acero funciona, aumenta en tamaño y volumen, adopta un forma híbrida de humano y felino, su constitución es humana pero con rasgos felinos, sus garras se vuelven de acero afilado y su fuerza se multiplica por diez. La pelea entre estas dos moles da comienzo, la nueva fuerza del metamorfo equivale a la del gólem, pero este es realmente duro y sus garras no logran causar daño alguno, por suerte sabe como enfrentarse a un gólem. El metamorfo se coloca de un salto detrás del gólem se agacha y prepara su próximo golpe, el gólem gira sobre si mismo y el metamorfo golpea, de una patada voladora lanza hacia atrás al gólem que se estampa contra la pared. La pared se rompe y el gólem queda atrapado en los escombros, permanecerá inmovilizado un tiempo a si que ha de acabar rápido. A la carrera lanza un zarpazo a la boca del gólem, esta salta en varios pedazos y del interior cae un papel. El gólem ya no se mueve más, parece solo una estatua. El encantamiento que da vida al gólem ahora no es más que un trozo de papel con garabatos en el suelo.

Con un grito vuelve a su forma normal, se ajusta sus ropas rasgadas y respira tranquilo. Entra en la habitación de las puertas de hierro, un laboratorio mágico sacado de las pesadillas más tenebrosas. Da verdadero pánico estar dentro pero de una sacudida de cabeza se saca estos pensamientos. Al final sobre un pedestal esta el objetivo. Una urna de cristal que durante siglos a protegido del desgaste a un cráneo que por la forma parece a un ser antropomórfico, pero sus formas son totalmente terroríficas. Guarda la urna en su bolsa y se marcha, sale con facilidad del sótano, de las alcantarillas, se escabulle del canal y vuelve a fundirse con las sombras de la ciudad. Otra noche más y otro trabajo bien hecho.

Una noche orca y un humano remilgado



El Melón es un bar muy concurrido entre seres de extraña índole y gustos peligrosos.
Algunos parecen intentar honrar al nombre del bar dedicándose a abrirle el melón a alguno que otro.
Un grupo de jóvenes orcos solía pasar a tomar alguna que otra copa, posiblemente eran los más balas perdidas esa noche en “El Melón”, además, había algún elfo pijo y humano remilgado.
Los jóvenes orcos reían y bebían sin parar, bromeaban y hablaban con la gente del lugar, concretamente se pusieron ha hablar con un remilgado humano quien no se creía que estos jóvenes orcos hubiesen peleado en el escuadrón Grut Hark, hacía poco tiempo atrás, contra la dorada legión elfa, en el pantano de Sombras Muertas.
Uno de ellos estaba apartado del grupo pidiendo un cuerno de Musgow, extraña y ardiente bebida que gusta a los orcos. Este al verlos hablar con el humano sobre el escuadrón Grut Hark, decidió sumarse a la conversación, dijo algo a uno de sus amigos, miró al humano y se lanzó hacía él. Un placaje en toda regla, humano y orco recorrieron una importante distancia, los orcos miraban el suceso completamente congelados en el tiempo ante el asombro y espontaneidad del suceso.
El humano mantuvo en vertical su hidromiel, su cuerpo en horizontal se precipitaba entre las sillas y mesas, la gente se tuvo que apartar apresuradamente para no ser embestida también. Al fin tocan suelo, el orco contemplaba como el humano había intentado proteger valerosamente su hidromiel de la caída, pero en el último momento al intentar dejarla en una silla, este chocó con el suelo y no pudo controlar el movimiento desparramando la mayor parte de hidromiel. El cuerpo del humano sonó como algo roto, el joven orco observó una mueca de dolor, pero una mirada inexpresiva hacía él.
Los amigos del humano miraron la escena como si se tratase de una actuación de teatro que no les gustaba nada, todas esas sillas por los aires, toda esa gente asombrada, el cuerpo tendido de su amigo bajo ese salvaje orco, seguramente eso, que su amigo estubiese en el suelo bajo el orco era lo que menos les gustaba a los humanos remilgados. 
El joven orco observó el cuerpo del humano tendido en el suelo y pensó “pobre humano… se ha quedado sin su preciada hidromiel”.
Se incorporó y tendió una mano para levantar al pobre humano quien seguía mirándole inexpresivamente. El joven orco se disculpó por haberle derramado la hidromiel y le invitó a otra, pero sus amigos seguían mirando mal al joven orco y el humano placado seguía con esa mirada inexpresiva en su rostro.
Los amigos del orco le preguntaron que por qué había hecho algo así. El joven orco no supo encontrar las palabras ni el que pasó por su cabeza, sencillamente lo hizo, creía que lo harían todos, era divertido suponía.
Los jóvenes orcos siguieron toda la noche de fiesta, bebiendo y destruyendo a partes iguales. Dicen que un joven orco estuvo tonteando con una elfa pero que esta decidió acabar con un troll, que otros se dedicaron ha hacer obscenas apuestas con vasos y alguno se dedicó a saquear las bebidas de otros clientes y cuentan que uno de ellos logró el don de desaparecer y aparecer a su antojo hasta que finalmente una fuerza superior le hizo no volver ha aparecer.
No es de extrañar, que cuando una noche se les va de las manos a los humanos, estos digan que ha sido una “noche orca”.

jueves, 4 de diciembre de 2014

La vaca en el vacío (cosmogonía)



Aquel tabernero nunca imaginó que podría tener semejante criatura  en su ganado. Sus quesos de vaca eran famosos en toda la comarca, quizás su éxito cabreó a algún dios, sino no se lo explicaba, pero ahí estaba, en el campo, pastando como siempre. Sus dientes no llegaban a tocar ni una fina brizna de hierba, como a veces le ocurría.
Sus ojos inexpresivos parecían estar vacíos, sin alma tras de ellos. No respondía a las llamadas de su dueño, ni se relacionaba con otras vacas.
 “Esa vaca boba me desespera”.
Y tanto que le desesperaba al tabernero, hasta el punto de querer matarla, pero temía que algún dios se enfadase con su acto. Así pues, decidió recurrir a los dioses para encontrar la respuesta a que hacer con esa maldita vaca.
Ya que no quería a la vaca cerca de él, decidió acudir al dios del espacio Motre.
Con el tiempo el dios Motre decidió encargarse de la vaca, ya que el tabernero parecía no ser mas espabilado que su bovina criatura. Había intentado dejarle mensajes para que sacrificase a la vaca, pero el tabernero no parecía captar las indirectas, por ejemplo, escribir con sangre en un espejo “Mata a la vaca, JODER” y el tabernero enojarse con la muchacha por lo sucio que estaba el cristal.
Así pues, decidió llevarse la vaca al espacio, donde no molestaría a nadie. Delante del tabernero quien con un cuchillo en la mano dispuesto a matar, acribillar y destruir con su filo a la vaca ante la desesperación de no recibir respuesta de la deidad, esta comenzó a flotar y elevarse, la vaca ni se inmutaba, seguía pastando el aire, después pasó a pastar la nada.
Y ahí estuvo, sin molestar a nadie, flotando en el espacio.
Motre observó que la vaca de vez en cuando pastaba en la nada y a la nada. Ahí estaba ella, la nada nadeando y la vaca vaqueando. Sabía que su decisión podría alterar el mundo conocido, un mundo de metafísica sin física, pura droga sin cortar...
Empezó a pensar sobre ello y meditar seriamente, ¿y si la vaca se iba a tragar la nada y que ello llevase a que ese espacio vacío se llenase de materia y redujese el universo a una gran bola de materia que nos aplastaría a todos?
Decidió avisar a Ruppet, el dios del vacío, intimo amigo suyo.
Ruppet no pareció preocuparse, pero al ver a la vaca, descrito por él como un ser desalmado pastando el vacío, entonces se preocupó.
“¿Pero que hace una vaca en el espacio? ¿EN LA NADA?” Preguntó Ruppet a Motre.
“¡Pues la nada nadear y la vaca vaquear!”, como si esta respuesta aclarase algo.
Después expusieron diferentes opciones de que hacer con la vaca que vaqueaba en el espacio. Ruppet creó un envase donde podrían guardar al vacío a la vaca y ahí la guardaron.
La vaca no pareció inmutarse mucho y continuó rumiando y pastando vacío.
Los dioses empezaron a preocuparse, ¿Podría su jaula detenerla?
Decidieron preguntar a Bullgan, dios de los seres bovinos, si esta criatura era obra suya.
Bullgan la examinó y exclamó que dudaba que fuese una vaca o cualquier tipo de criatura terrenal, incluso dudaba de que pudiese poseer un alma.
Debatieron los tres sobre la vaca y concluyeron que quizás podía haberse creado a sí misma, quizás era uno de los cuatro oscuros dioses primigenios. De pronto temían a la vaca, ese ser desconocido. ¿Y si estamos molestando a un ser capaz de destruir el universo entero? ¿Y si se cabrea con nosotros por el trato que le estamos dando?
Decidieron, por temor, liberar al todopoderoso ser y regalarle una eterna, relajada estancia, con todos los gastos pagados, a los infinitos campos de Enden, un paraíso entre el mundo de los vivos y de los muertos, con unos duendes que se encargarían de ofrecerle todos los cuidados necesarios.
La vaca tras todo lo vivido y al verse en esa idílica situación, comenzó a reír, toda la locura acumulada en su viaje, todo lo visto, se manifestó en una eterna carcajada.
Los duendes al verla tan contenta pensaron que la vaca daba felicidad y se la otorgaría a quien probase su leche. De su creencia nació la verdad, hicieron unos quesos llamados “La vaca que se descojona” y cuenta la leyenda que además de ser el mejor queso del mundo, proporciona una porción de esa gran felicidad a quien lo toma.


 Naghí Agléshka

GRINJOL


Grinjol no era precisamente un ser sociable, su mal humor y don para el crimen le hacían un ser solitario, tal y como el quería. Realmente el pueblo de los Felineses, o mal llamados Gatograndes, han sido siempre un poco reacios a relacionarse con otras razas.  Apenas recordaba la última conversación que tuvo con alguien a quien después no matase. Las cicatrices en su cuerpo mostraban un ser que había tenido que aguantar el dolor físico hasta llegar a un extremo psicológico, apenas parecía de su raza, su cuerpo había cambiado igual que su mente. Su pasado esta lleno de sufrimiento, traición, sangre y muerte. No quedó lugar para el amor o el afecto, la supervivencia era lo más básico en su instinto y es la supervivencia la que le llevó hasta ese camino en que se encontraba.
Observó al final del camino, una posada y dos grandes seres, seguramente unos trolls que se alejaban de ella empujándose el uno al otro y bromeando en voz alta. Grinjol ya había visto a esos dos en anteriores ocasiones y sabía muy bien que en la posada que dejaban atrás encontraría algo de valor.
Abrió la puerta y pudo observar el tremendo estado en que se encontraba la posada, el boquete en el techo, los cuerpos de los soldados muertos y el tabernero andando de un lado para otro echándose las manos a la cabeza y sin parar de murmurar para sí mismo.
Grinjol se acercó despacio, hacia los cuerpos caídos hasta arrodillarse y quitarle a uno de ellos el yelmo que llevaba.
El tabernero entonces pareció darse cuenta que había alguien más en la sala y se dirigió hacia Grinjol, “¿tu quien eres y que haces aquí?
Grinjol sin dejar de mirar el rostro del soldado contesto al tabernero “soy quien va a pagar todos los desperfectos” entonces saco una bolsita y extendió la mano hacia el tabernero, este se acercó sin dejar de chillar quejándose de que un puñado de oro nunca podría reparar todo lo ocurrido en su taberna, estiró la mano para coger la bolsita y en ese momento Grinjol le cogió la mano estiro hacía él y con una sorprendente velocidad sacó la daga y degolló al tabernero, quien quedo en el suelo chillando y sin cesar de brotar sangre de su cuello.
“Vamos a ello”, dijo Grinjol. Recogió todos los cuerpos de la taberna y todos sus pedazos, desnudó a las victimas y formó un círculo con sus cuerpos. En medio solo la sangre que había abandonado sus cuerpos, en sus estómagos dibujó con un cuchillo extraños símbolos, echó al centro del círculo un poco de vino y unos extraños polvos que llevaba consigo. Salió del círculo y sobre la mesa empezó a pronunciar unas extrañas palabras de otra época o posiblemente de otro mundo, la sangre empezó a arder, como si de una endemoniada hoguera se tratase. Cuando acabó la sangre se apagó, hasta el brillo de la luna pareció apagarse.
Grinjol suspiró y abrió un maletín que llevaba consigo, lleno de cuchillos, tijeras y otros artilugios.
“Una semana tardaré en confeccionarlo todo”. Efectivamente, a la semana con la piel de las victimas había fabricado unos pantalones, una chaqueta y una especie de casco o gorro.
Entraron unos soldados que hacían guardia por el camino y habían visto que la posada estaba un tanto destrozada por fuera, pero lo que no esperaban encontrar era el dantesco escenario que encontrarían dentro.
Grinjol que vestía sus nuevas mudas miró sorprendido a los guardias los cuales no esperaba encontrarse, pero las sorpresas y los desafortunados encuentros forman parte de su vida, así pues hizo lo que tenía que hacer.
Los soldados desenvainaron sus espadas y un tercero acudió al caballo para coger su escudo, los dos que quedaron dentro empezaron a avanzar poco a poco, intentando acorralar a Grinjol,  cuando llevaban media sala recorrida entro el tercer soldado con el escudo y se situó en medio.
Grinjol sacó dos dagas y se dirigió hacía el centro de la sala, entonces uno de los soldados atacó con el mandoble, Grinjol lo esquivó, el otro también atacó con su mandoble pero la daga de Grinjol pudo desviar el ataque, entonces el tercer soldado apartó el escudo y trato de abrirle el coco con su maza, el golpe era directo, enérgico y Grinjol no podía esquivarlo, cuando la maza iba a impactar, Grinjol desapareció, se evaporó.
El soldado que pensó que era inevitable el golpe al fallar se desequilibró y se fue hacia delante como si la maza arrastrase su cuerpo. De pronto apareció Grinjol al lado de uno de los soldados y lo degolló inmediatamente, no le dio tiempo a reaccionar si quiera, los otros dos a pesar de la sorpresa y la incertidumbre se incorporaron lo más rápido posible al combate, con velocidad se lanzaron a por Grinjol, no querían que tuviese ninguna oportunidad para atacarles, pero este volvió a desaparecer y reapareció justo detrás de los dos soldados quienes murieron automáticamente al recibir las afiladas dagas en las vértebras de su cuello.
Recogió sus cosas y aprovechó uno de los caballos que dejaron los soldados para dirigirse a su destino. Sabía que matar al paladín Tosban no sería fácil, pero la recompensa que le ofrecía el brujo por ello merecía la pena. Aprender el arte de la nigromancia es algo que ni el dinero puede pagar.



Naghí Agléshka

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cuando el mundo se partio

Un mono le dice a un puercoespín: - Se quien eres.
El puercoespín contesta que él en cambio no tiene ni idea de quien es,
y que estaría interesado en ser informado.
- ¡Eres un mamífero roedor de orden histriocomorfo! – Grita el primate
con los ojos absolutamente desorbitados y dos pequeños regueros de
saliva espumosa precipitándose por la comisura de sus labios.
- ¡Esa información es de la wikipedia! – contesta el mamífero roedor de
orden histriocomorfo con enfado, abalanzándose a continuación sobre el
mono, olvidándose absolutamente de que aquella parte de su cuerpo que
le hubiese capacitado para un combate digno era su espalda y no su
blando torso. El mono toma conciencia del error de su compañero de
disputa y le propina un fuerte golpe en la barriga que le destroza
algún órgano interno que no sabríamos nombrar.
Entonces el cosmos se da cuenta: La época en la que esta
disputa/combate está teniendo lugar es muy anterior a la invención de
la wikipedia, ha habido un error, el colapso es inevitable:
Se abre una inmensa fisura bajo los pies de ambos mamíferos. El
puercoespín salva la vida debido a la hecatombe, sin embargo, ambos
quedan condenados a vagar un tiempo indefinible en un limbo
espaciotemporal de castigo.
Adiós. Un fuerte adiós a los dos.



Albert Vietnam

lunes, 1 de diciembre de 2014

Un mal presagio

El dragón llegó hace tres días, desde más allá del mar trajo fuego y destrucción. La aldea portuaria de Arsez fue la primera donde atacó. Los supervivientes cuentan que al principio vieron como un nubarrón oscuro en el cielo, pero era demasiado pequeño para ser una tormenta y pronto se dieron cuenta que se movía demasiado rápido, en unos segundos ya estaba encima suyo demasiado tarde para reaccionar. El dragón rugió como un trueno y se abalanzó como si de un tempestad se tratase. Los supervivientes cuentan con horror como el dragón cogía las barcas y las lanzaba contra las casas, cuando intentaban huir los sobrevolaba y empujaba de nuevo a la aldea. Era como un gato jugando con un ratón hasta que se cansó y asoló todo con su aliento de fuego, una bocanada y decenas de almas marcharon al cielo.

Los habitantes de Arsez acudieron aquí, a la ciudad de Sangtum buscando auxilio. El gobernante rápidamente mandó a la guardia para alertar al resto de aldeas del condado. En algunas la ayuda llegó a tiempo, en otras tarde y los que peor suerte tuvieron se toparon directamente con la bestia. Pese a su adiestramiento en combate, su valor y la voluntad para ayudar a las gentes de la aldea de Pletegs murieron bajo las garras y colmillos del dragón.
En el tercer día cuando la ruina amenazaba con llegarnos apareció él. Un elegido, un protector de débiles, un paladín de la orden del Sol Blanco. Apareció con la primera luz del alba a lomos de un pegaso con su armadura lustrada arrojando luz sobre la ciudad como un manto de esperanza, brillaba tanto que hacía envidiar al mismo sol. Dio varias vueltas a la ciudad saludando hasta que se acerco al campanario donde colgó un estandarte con el símbolo de su orden, para dejar claro que la ciudad estaba bajo su protección. Se marchó de la ciudad hacia el mar, voló y voló cada vez más alto para llamar la atención de la bestia.
Pasados un minutos la provocación surtió efecto y el dragón apareció en el cielo, el paladín cambio de trayectoria y apremio a su corcel alado dirigiéndose a la playa, lejos de cualquier población para evitar que la lucha causase más daño. El dragón batía con ansia sus alas aumentando a cada golpe su velocidad, cuando ya estaba encima del pegaso el paladín tiro de las riendas para que su montura hiciese un picado justo mientras el dragón daba una dentellada donde un segundo antes se encontraban ellos. Esquivado el primer embate del dragón remontó el vuelo para posteriormente lanzarse a por él con la lanza por delante. El dragón estaba ofuscado, pues era la primera vez que una presa le plantaba cara, lanzó un zarpazo para contraatacar la carga del paladín, pero este viró en el último momento y clavó su lanza en el hombro del dragón. El dragón aulló por primera vez en su vida de dolor, sin darle tiempo a respirar el paladín volvió a arremeter pero el dragón aprendía rápido y plegó sus aladas dejándose caer esquivando así la carga y volviendo a abrir las alas a pocos metros del suelo. El paladín no se amedrento y se tiro en picado a por él, el dragón que se volvía más astuto con forme avanzaba el combate batió frenéticamente sus alas cerca del suelo hasta levantar una nube de arena que lo cubriese. El paladín freno su caída antes de llegar a la nube, se quedó unos segundos suspendidos en el aire y derrepente un látigo colosal lo golpeó mandándolo al mar. El paladín se maldijo, había dejado que el dragón lo sorprendiese y había pagado las consecuencias, un coletazo que lo había desmontado. Aferrado a su lanza caía al mar, el golpe contra el mar lo dejó sin aliento creía que ya se ahogaba cuando volvió a ver el cielo, por fortuna el oleaje era muy fuerte y ola lo empujo hacia fuera. La ola rompió y el paladín chocó contra la orilla, se encontraba en una zona en la que por suerte apenas cubría por la cintura. Había perdido la lanza con la ola y no veía a su pegaso, pero aún no estaba derrotado, le quedaba su espada y escudo. El dragón otra vez en el cielo diviso a su rival, harto ya de él decidió sobrevolar al paladín para exhalar su aliento de fuego pero el paladín contaba con un encantamiento en su escudo que lo protegería del aliento de la bestia, así que se cubrió debajo del escudo mientras la llamarada pasaba sobre él.
El dragón creyéndose vencedor aterrizo en la playa pero el paladín salia del mar a la carrera, el dragón se quedo quieto por la sorpresa y no reaccionó cuando el paladín llegó a su altura y de un salto le atacó. El paladín volvió a golpear donde había acertado con la lanza y esta vez gracias a las dos heridas consiguió dejarle inútil una de las alas. No estaba lesionada permanentemente pero al menos no podría volver a volar en lo que quedaba de duelo. Ambos contendientes privados de su capacidad de vuelo lucharon en tierra alzando la arena con cada arremetida. El dragón intercambiaba zarpazo con dentelladas, pero el paladín era ágil y esquivaba cada ataque y de vez en cuando acertaba a darle a su oponente. Apenas eran rasguños para el dragón pero después de recibir unos cuantos notaba las magulladuras. El dragón volvió a probar su aliento otra vez pero el escudo encantado protegía al paladín. El paladín aprovecho que el dragón para escupir su fuego estaba quieto para avanzar, protegiéndose el frente con el escudo salió a la carrera y de entre las llamas del dragón surgió sin que lo hubiese visto venir. El paladín lanzó su ataque y cortó la garganta del dragón, un golpe certero y la bestia cayó finalmente abatida.


Inara se desprendió de su casco y su cabellera ondeo mecida por la brisa marina, empezó a desprenderse de la armadura mojada cuando algo la estremeció, un presagio. Miró detenidamente al dragón era pequeño, de hecho demasiado pequeño. Miró al mar y recordó los mapas de esta costa, no había nada cercano de donde pudiese provenir y el dragón era demasiado pequeño como para haber hecho un vuelo demasiado largo. Inara escrutó el mar preguntándose que podría estar ocurriendo y de donde podría haber surgido aquel dragón.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Honor y consecuencias

La gravedad del asunto hacía que de sus manos brotase un nervio impulsivo, la forma de coger su pluma, la forma de su escritura, la tenue luz que llegaba a la mesa en la que se encontraba, la cerveza medio vacía, el humo del tabaco trepando por el aire arrastrando consigo su pesar.
 Rasgó el papel como si rasgase su alma y se inclinó para coger otro de su bolsa.Que ojos más cansados, que mirada más triste, que rostro más castigado por los golpes al animo. Miraba el papel y parecía hablar con él, de pronto la pluma violenta contra la pureza del papel, desgarrando en su cuerpo palabras de llanto y dolor, de vana esperanza y plegarias a ninguna parte. La tinta brotaba como la sangre en una herida y su pelo del mismo color que la tinta se rizaba entre sus problemas. Mordía su labio y apretaba su barba, la ironía de la vida y su oscuro humor le habían llevado a un punto de íntima y aguda locura de la cual solo un sentimiento melancólico podía extraer.
Desde la barra le miraba el tabernero, desde las otras mesas nadie parecía prestarle atención, la soledad estaba acompañada por la tristeza y la oscuridad de un mundo ajeno al bien.
Era cruel la forma en que el mundo se relacionaba con él. Era cruel la forma en que su situación estaba desarrollándose. Los suspiros enternecían la tinta del papel.
Que trágico es el deseo que quiere pero no puede ni debe ser deseado.
Mantuvo intacto su honor a costa de su felicidad y negó ceder al arrepentimiento su decisión.
La luz de las velas acompañaba el movimiento de las sombras y el movimiento de los ojos siguiendo la pluma enjaulaba las lágrimas en su alma, pues el dolor quedaba impreso en el papel.
Otra vez rompió la hoja en la que escribía, otra vez sacó otra hoja de su bolso.
Las manos temblorosas parecían querer soltar la pluma, hasta la tinta resultaba ser más firme que su pulso.
La botella vacía fue rellenada con tinta.
“Otra jarra” exclamó.
Apretó con fuerza la pluma en el papel, mantuvo el puño fuerte, se ancló en el papel, el pulso se reafirmó.
Escuchó como la jarra llena golpeaba su mesa. “¿Por qué rompe tantos papeles?” preguntó el tabernero.
“Si encierro mi dolor en estos folios que trágica es la existencia a la que les estoy condenando” murmuró.
Llevó su mano al bolsillo y sacó unas monedas, entonces el tabernero se las negó y le dijo lo siguiente. “Si la vida te ha regalado problemas sin solución, yo te regalo el olvido a esos problemas. Bienvenido a La Taberna de Tinta”.

Naghí Agléshka

martes, 25 de noviembre de 2014

Skype y Stryke: El mensaje

En el recodo de un camino tres sombras conversan. El rechoncho humano sudoroso por el temor que infunden sus interlocutores espera la respuesta de estos. Spyke y Stryke se miran, miran al humano un tapón seboso. Cada segundo que pasa sin que respondan suda más el cerdo. Finalmente sonríen socarronamente y aceptan el trabajo, lo harían gratis a ellos solo les gusta el camorrismo y las cervezas, pero por desgracia las cervezas no se encuentran gratis como una pelea en el callejón de atrás de una tasca. Quieren el dinero porque en el fondo también les gusta.
El humano, un mercader adinerado les explica el plan, su mujer le es infiel y ha descubierto donde se verá esta noche con su amante. Él les conducirá a un posada de cruce de caminos donde deberán darle una lección a su mujer y eliminar al necio que ha tratado mangonearle, es un tipo egoísta y no tolera que nadie toque nada de su propiedad.

Realmente la posada es un sitio idoneo para sus servicios, nunca escamotean en destrucción y salvajismo y la posada esta en el cruce de unos caminos secundarios, lo más cercano son unas aldeas pequeñas así que no habrá nada de guardias, un trabajo rápido y podrán marcharse a otro lugar. Cobran la mitad por adelantado, su fama les precede y aquellos que quieren su servicio apoquinan de buen grado. Según la información del comerciante su mujer aún tardará una hora en llegar, así que deciden prepararse. Entran en la taberna de la posada haciendo su entrada triunfal, un estruendoso portazo y gritos de ¡jarra ya! Los parroquianos pierden el aliento al verlos, imponen y atemorizan, su imagen no da para menos. Imagina dos ogros de mas de dos metros bien pertrechados con armas tan grandes que los débiles humanos no imaginan ni alzar, sus cuerpos están surcados por infinidad de cicatrices ganadas en cientos o quizás miles (a los ogros les cuestan las matemáticas) de pelas, trifulcas y batallas.

Spyke va armado en su brazo izquierdo con un guantelete de combate "decorado" por él mismo por un sinfín de clavos, parece un armadillo de metal y guerra. En la derecha una enorme porra tachonada, si te fijas unos segundos descubres que en realidad no es mas que es un tronco arrancado y reforzado o como ellos dirían "decorado", tosco pero brutal y eficaz.
Stryke maneja una almádena que no cabe derecha por la puerta, no es que sea habilidoso en su manejo ¿pero acoso eso le hace falta? La fuerza de sus golpes es como un terremoto imparable y devastadora.

Los dos se sientan y tragan la bebida sin parar una jarra tras otra, se gastan todo el dinero pero eso no les preocupa al final de la noche volverán a tener otra vez la bolsa llena para seguir gastando. Sus ojos ya están rojos listos para trabajar. Por la puerta de forma más disimulada entra una pareja en la taberna, hacen una señal al posadero y este les entrega una llave, suben al piso de arriba ya tenían la habitación reservada. Spike y Strike sonríen, su diversión ha llegado y menos mal que ya ha llegado la perspectiva de quedarse sin bebida los estaba poniendo tensos.
Suben las escaleras y llegan al corredor, es alargado oscuro y sucio, algo habitual en este tipo de sitios apartados. Escuchan atentamente hasta localizar la puerta correcta. Stryke da una patada a la puerta y la hace volar en astillas, Spyke entra a la carrera es como una estampida pero no hay nadie dentro. Se miran atorados, ¿atorar? De verdad crees que un ogro conocería este verbo, en fin que importa, les han mentido, les han jodido y ahora están cabreados. El resto de puertas se abren a la vez y de cada una de ellas salen dos guerreros bien armados y prestas sus armas, son diez en total les rodean rápidamente. Han caído en la trampa. Ambos hermanos rugen encolerizados, se erizan como fieras salvajes están resueltos a dar una lección. Todo será destruido, todo arderá. Tienen una fama que deben hacerse respetar, deben mandar un mensaje y solo conocen un lenguaje, la brutalidad.
Rugen y cargan al unísono. La sinfonía estalla el choque del acero es la melodía principal, le acompaña el silbar de las saetas y los gritos le hacen el contrapunto. Spyke bloquea una espada con el guantelete, engancha el arma del oponente en los clavos, le baja la guardia y agarra la cabeza de su contrincante, introduce el pulgar en el ojo y aprieta hasta aplastar casco y cráneo, los sesos salpican la pared. Uno menos. Stryke hace un barrido, un guerrero salta el golpe, otro se agacha pero un tercero no reacciona a tiempo y el impacto destroza armadura y costillas, medio tronco se le convierte en pulpa. Spyke lanza un golpe de arriba abajo acertando en el blanco, rompe cráneo, cuello y columna. Un virotazo acierta en el costado de Stryke no siente el dolor sino que se enfurece aún más, carga a por el ballestero apartando a manotazos a los que no consiguen esquivarle. El ballestero se hace consciente de su necedad, estas bestias no pueden ser derrotadas. El miedo se hace presa de los guerreros, los hermanos son los solistas y en unos segundos terminan el primer tiempo.
Spyke y Stryke cogen aliento alzan sus armas y las golpean contra el suelo, abriendo un boquete por el que saltan a la taberna. El segundo tiempo da comienzo, un adagio calmado en la taberna, los parroquianos asustados desconocedores de lo que ocurre intentan esconderse donde pueden. Los hermanos saltan de uno a otro, esta siendo una excelente melodía. Se hace el silencio que anuncia el final de la obra, ya solo queda aquel humano sin honor que los ha llevado a esta trampa. Ambos cargan contra la pared y atraviesan la pared de madera. Aquel gordo traicionero en cuanto oyó el ruido de la pelea supo que iba mal, intenta desesperadamente desatar las correas del caballo que había puesto en el poste, el miedo y los nervios le traicionan, es incapaz de deshacerlos. Cuando los hermanos surgen entre la nube de astillas grita presa del pánico, su grito es agudo y estridente como el de los cerdos. El instinto de supervivencia le otorga una oportunidad, le da la presteza para coger la ballesta que guarda en la alforjas de su caballo, cargada por si acaso se tuercen las cosas. Sin lugar a dudas es un buen momento para probar puntería. Apunta, dispara y erra el tiro, es patético. Los hermanos ríen ante la pésima imagen que ofrece el humano, sus carcajadas suenan como truenos y asustan al caballo, este se encabrita y derriba al hombre. Tranquilamente los hermanos se acercan, Spyke registra en busca del dinero, Stryke acerca su cara y le mira fijamente a los ojos.
-Gracias por la fiesta, hacia tiempo que no nos divertíamos tanto.
Justo después pone sus dos manos en el cuello y tira con las dos en direcciones opuestas hasta arrancarle la cabeza. Saquean la posada y se llevan lo que quieren, luego le dan fuego a todo. Antes de irse en mitad del camino preparan una estaca donde empalan la cabeza del cerdo traicionero.

Eligen a suertes el camino a seguir, no les importa la dirección saben que allá donde van encuentran lo que quieren.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Botellas llenas y vacías



Sus ojos hundidos en aquella botella de ron añejo eran lo más húmedo que podía encontrarse en la oscuridad del final de la barra, no era una cliente habitual pero los acontecimientos que nublaron su presente y futuro mientras partían en dos su pasado y su corazón dejaron una grata propina para el tabernero, quien por no rellenar más vasos directamente, le dejó la botella a su alcance. “Autoservicio”, exclamo él. Pocos frecuentaban ese bar y muchos menos eran clientes habituales pero todos allí se preguntaban como tal rostro podía aguardar tal sufrimiento, la sensibilidad parece ser más intensa en el género femenino pero no, ella no era así, nunca lo fue y nunca lo sería, la firmeza de su mano al sujetar la botella nos lo podía confirmar a todos los que fuimos presentes de su angustia, quienes pese no conocer su nombre, su origen ni los sucesos acontecidos anteriormente parecíamos sentir que la conocíamos de toda la vida y la imaginación se desbocaba como la tinta cae sobre el papel extendiendo la mancha que da forma a la letra, los argumentos más comunes entre los que nos encontrábamos allí eran que probablemente sufría por la perdida de un amor que tan sólo podía estar a su medida, otros que era la perdida de un familiar, pero yo no se que pensar, esa mujer podía inspirar muchas cosas pero para nada sentimentalismo extremo, aunque sus ojos vidriosos se fundan con el cristal de la botella. Ahora bien, con total seguridad expresaré que su corazón hacía honor al nombre del local “La Botella Vacía”.

Naghí Agléshka

domingo, 23 de noviembre de 2014

La Pasión




Se sentaron junto al fuego, se miraban intensamente, cada mirada avivaba el fuego.
Se hablaban con ternura, cada palabra avivaba el fuego.
Se acariciaron con suavidad, cada caricia avivaba el fuego.
Se abrazaron desnudos, cada abrazo avivaba más el fuego.
Se besaron húmedamente y el fuego les envolvió y mezcló sus cenizas.
La diosa del agua observó como el dios del fuego mató a sus hijos, cuando le preguntó porque lo había hecho este le respondió que por envidia a que dos seres de agua pudiesen producir un calor más intenso que el suyo.
La diosa al escuchar esto entró en locura y con toda su ira condenó al dios del fuego a habitar en el corazón de todos los seres de agua y cada vez que estos se unan, igual que las cenizas de los primeros se juntaron hasta ser uno, él ardería más fuerte que nunca haciendoles sentir vivos.

Naghí Agléshka

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El goblin en la ventana

En un bosque tranquilo un goblin descansa mientras devora un conejo. Disfruta de la comida es una especialidad goblin, la receta es conejo crudo. Con el último bocado arranca los últimos retazos de carne del muslo del animal, bebe un trago de licor negro y eructa saciado.
Pero este feliz goblin no es el que nos interesa, en una parte remota del mismo bosque otro goblin esta al acecho. A lo lejos ha visto una cabaña y esta resuelto a saquearla y acabar con quien sea. Se acerca cauteloso, moviéndose de matorral en matorral. Cachiporra en mano cada vez mas cerca, ya ve claramente la cabaña. La cabaña tiene una ventana por la que decide otear. ¡Pero alto! ¿Qué es ese ruido? Suena como una cascada pero no ha visto ningún riachuelo, pero no le importa, la cabaña ya esta a su alcance.
Se asoma por la ventana y lo que le sorprende no es lo que ve si no lo que oye. La cascada esta dentro de la cabaña, pero qué loco construiría una cabaña con una cascada dentro. Bah que mas dará que tenga o no cascada lo que importa es que tenga cosas de valor para rapiñar. Como por ejemplo la enorme amatista que reposaba sobre una estantería, conocía cierto comprador en la ciudad de los lagos que estaría encantado de hacerle un buen precio por semejante piedra.
Pero eso no era la más precioso que había en la cabaña. El ruido de la cascada cesa y lo que parecía una pared adornada con hojas se mueve, las hojas se deslizaron a un lado y entre el bao del agua caliente apareció una elfa de cabello cobrizo y ojos como amatistas. La elfa era hermosa entre las hermosas, voluptuosa sus caderas se sacuden al andar como un péndulo, apenas cubierta por toalla llega al centro de la habitación dando la espalda a la venta. La toalla se desliza como el manto estrellado en el crepúsculo dejando a la vista la espalda aun perlada por el agua. La elfa se acomoda en la cama encarándose a la ventana, le agradaba la brisa de la mañana sobre su piel, abre las piernas para que la brisa penetrase más en ella.
El goblin no lo duda, como hipnotizado deja caer la cachiporra y agarra su miembro tan duro como el arma que acaba de soltar. Al mismo tiempo la elfa acerca sus dedos a los labios, los besa para humedecerlos y posteriormente los acerca a sus labios mas íntimos. El goblin no para de sacudir su miembro, en su regodeo levanta la cabeza para disfrutar del momento final. Pero en un rápido movimiento imperceptible una cerbatana aparece en la mano de la elfa y en menos de un segundo el aguijón mortal vuela a la garganta del goblin. Un súbito golpe en el cuello lo hace detenerse, intenta decir algo pero solo logra balbucear un estertor mientras se desploma.
El último pensamiento del goblin fue el más común de entre su raza "nunca te fíes de un elfo".
La elfa otra vez tapada se acerca a la ventana y observa el cuerpo inerte del repulsivo goblin, lo que ese desgraciado no sabia es que por muy sigiloso que se moviese su pestazo se huele a cientos de metros.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La Sorpresa del Gnomo


Solo las palabras que resonaban en su mente podían dar sentido a los actos que realizaba Jimber, estaba medio trastornado desde la última vez que habló con Sinsi, la falta de expresividad en su rostro la mayor parte del tiempo solo se rompía con la malvada mueca de un cínico y sádico criminal. Puede que asustar a los enanos o los goblins sea gracioso, pero esas tremendas palizas y esa forma de humillarles solo podía acabar de una manera.
 Las noches en la ciudad de Tolder suelen ser bastante cerradas excepto por las pocas farolas que alumbran las calles, unas pocas ventanas iluminadas y como  no, la luz de los bares nocturnos. No creo que se requiera hacer saber que unas calles son más oscuras que otras y cuanto más oscuras son las calles más le gustan a Jimber. Cae la noche y acude al oscuro rincón esperando con una botella de zumo de mandrágora y uva fermentada en tonel de Ricoporte en una mano y la otra manteniéndola calida en su bolsillo.
Fulhër, 34 años, paladín de los lejanos reinos, 1,90 de altura y pesada armadura llega por primera vez a la ciudad, busca un sitio donde poder tomar una pinta y un lecho donde pasar la noche, su cuerpo curtido en la guerra y largas marchas agradece un sitio cómodo donde poder descansar.
La posada “La Sorpresa del Gnomo” es la que le recomiendan dos lugareños a los que les pregunta, así pues, pregunta su dirección y se dirige hacía ella. Finalmente llega a la última calle por la que tiene que cruzar, al otro lado la posada, oscura y fría es la callejuela, pero que calido y agradable parece su destino.
Jimber observa una gran sombra entrar en su callejón, “es más grande que un enano, “deberá ser extranjero”, piensa mientras observa a que velocidad camina la que será su próxima victima. Esta noche quiere algo duro, esta noche no quiere robar o juguetear con cuchillos, va a matarle y lo va a disfrutar.
La sombra se sitúa a su misma altura, pero la oscuridad de la zona protege a Jimber, casi puede notar el aliento de la victima a la altura de su rostro, su cuchillo le susurra que mate. Llega el momento, lanza la botella a la cabeza de su victima, estalla en mil pedazos y empapa la cara de la victima, se abalanza Jimber con cuchillo en mano y realiza dos cortes a la altura del talón de Aquiles de su victima, esta cae al suelo de rodillas, un grito de dolor afila aún más el cuchillo de Jimber, le da una patada en el culo a ese pobre desgraciado, conforme se dirige hacía delante de la victima le asesta un tajo a la altura del codo en el brazo en que se apoya. Mira fijamente a los ojos de su victima, su mueca parece alimentarse con el rostro desconcertado y asustado de ese pobre diablo, sujeta por el pelo la cabeza del hombre y deja al descubierto el cuello al que puede ver sus venas hinchadas mientras grita “NO”, desliza su cuchillo por el trágico final de la victima, ya no están hinchadas sus venas.
Se queda observando el cuerpo, tiene un collar que se ha manchado de sangre, un mineral común y barato forma la insignia de los Sacerdotes de Verde Rama, clérigos pacíficos y dados al arte de la sanación y bienestar del prójimo, pero eso no parece importarle.

Fulhër abre la puerta de la posada y escucha un grito en la calle de al lado. Un Gnomo sale corriendo de ella, se asoma a la calle con la mano en la espada y observa el cuerpo aun cálido mientras el charco de sangre llega al alcantarillado donde acabará mezclandose con el sucio barro, el olor a heces le llega hasta las narices, malditas costumbres del cuerpo humano…
Algunos que estaban en la posada se asoman también a la calle, empiezan los murmullos, las sospechas, 20 años han pasado desde el último trágico crimen en Tolder, los gnomos acusan a los goblins y los goblins maldicen a los gnomos por sus acusaciones. Pero Fulhër apacigua rápidamente las sospechas contando lo que vio, todos parecen saber quien es el autor. “Esta vez se a pasado”, “no habrá perdón”, “se veía venir”, eran los comentarios más frecuentes esa noche, Fulhër decidió ayudar a los guardias a buscar durante un tiempo a Jimber y colaborar con su merecido castigo.
Solo tres noches pasaron hasta que Jimber decidió salir de su escondrijo y volver a la oscuridad de un callejón. La noche parecía más cerrada que nunca y la niebla que como un espeso manto cubría las calles de la ciudad invitaba aún más a Jimber a hacer lo que mejor sabe, joder a los demás.
Fulhër vigilaba solo las calles a diferencia del resto de guardas, pretendía que al entregar al gnomo ante la autoridad esta le recompensase gratamente, quizás sea una actitud más propia de un mercenario que de un paladín, pero al fin y al cabo tanto uno como otro pelean por su dios, llámese Alcar (el dios de la luz) o Dinero (el dios más codicioso).
De pronto ve a un joven gnomo que se dirige a una callejuela estrecha y apagada, Fulhër avisa al individuo que es mejor que no se acerque a esas calles, un criminal muy peligroso podría estar merodeando. El gnomo agradece el aviso y decide cambiar de ruta, Fulhër se acerca a la callejuela, la mira detenidamente, la niebla inunda cada rincón, cada hueco, una presencia parece esconderse entre dos columnas situadas en una de las paredes donde se acumulan unos pocos sacos de basura, no hay más lugar que la propia niebla y esas columnas donde alguien pueda esconderse en esa callejuela, coge con fuerza su espada y se dirige hacía las columnas con su mirada fija en ellas, con cada paso incrementa su decisión de partir en dos al gnomo en cuanto aparezca. Esta a un paso de los sacos de basura, el olor a pescado podrido rezuma por esos sacos, no parece haber nada entre ellos, pero Jimber ya tiene en mano su carnívoro cuchillo. Fulhër nota algo pues acaba de escuchar una profunda respiración justo detrás, no tiene tiempo a desenvainar y proteger su retaguardia, así pues se gira dando una patada a lo que sería la altura del pecho de un gnomo. Jimber cae y la espada queda libre de su vaina.
El gnomo se ha perdido entre la niebla, pero de todas maneras si quiere herirle deberá llegar hasta la altura de su rostro pues duda que ese cuchillo pueda traspasar su armadura. Un movimiento entre la basura le alerta, dirige su mirada y su espada hacía los sacos, justo en ese momento Jimber aparece de un salto a la altura de cabeza, sus dientes parecen brillar de forma propia dibujando una macabra sonrisa entre la oscuridad, esta muy cerca como para asestar su final con la espada, pero justo a la altura para que su codo le lleve de visita al dentista.
Jimber cae al suelo con la boca ensangrentada y dos dientes colgando, el dolor es similar a cuando de niño su hermano le lanzo aquel martillo de carpintería, sus ojos pueden ver como por encima de la niebla la espada se alza para preparar el siguiente golpe, un ruido en la basura y la espada cambia de orientación, un grito se escucha, tras el grito un movimiento de espada corta el aire, la niebla y algo más. Se incorpora rápidamente y observa el cuerpo de Sinsi, mutilado, sin brazo por la altura del hombro en el suelo, el dolor le impide gritar o respirar. Automáticamente su cuerpo se abalanza contra el cuello del guerrero que esta inclinado observando el cuerpo mutilado, su cuchillo llega a clavarse entre la columna entrando por el cuello, el guerrero cae con el cuchillo incrustado en su cuerpo.
Jimber mira al paladín con su macabra mueca, arranca el cuchillo y se dirige a Sinsi. Cuantos cuentos hablan de muertes, de golpes fatídicos, todos ellos matan al instante, pero esto era la realidad, la gente no muere al instante, él lo sabe, sabe que Sinsi esta condenada a la muerte, su cuchillo le susurra que mate, se inclina, la coge por la cabeza, la mira a los ojos, tiene los ojos mas hermosos que una goblin pueda llegar a tener nunca, acerca su rostro como esperando poder inhalar su último aliento y pronuncia las más bellas palabras que una mente enferma puede llegar a decir, las pronuncia tan bajito que solo el alma de Sinsi tuvo acceso a ellas, ni siquiera yo.  La hoja del cuchillo se interpone entre los dos ventrículos del corazón de Sinsi.
Sabe que no puede seguir ahí, deja el cuchillo clavado en ella mientras le sigue susurrando que mate, observa el escenario, la niebla se disipa y sabe que el ruido de la espada al caer puede haber alertado algún guarda, piensa con velocidad y recuerda que la posada “La Sorpresa del Gnomo” tiene un desván en el que puede refugiarse y tan solo esta a dos calles de ahí. Se apresura a salir corriendo, sale de la callejuela gira a la izquierda y un reflejo silbante se dirige hacia él, la sangre cae cubriendo su rostro, fatal telón cae por su mirada, su cerebro parece quedarse atrapado en el nombre de la posada.
Se acercan los dos enanos guardas que estaban en el lugar, cae hacía atrás el cuerpo de Jimber quien aún no parecía haber entendido que él, si había tenido una muerte rápida, tanto como para no haberse dado cuenta que estaba muerto.
Ancla el enano el pie en el pecho de Jimber, mira los otros dos cuerpos en el callejón y exclama a su compañero mientras extrae el hacha, "Puto gnomo".
Naghí Agléshka.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La yegua sedienta




No había más sangre en sus venas que en el filo de su hacha ni mas dolor en su cuerpo que en su alma y aunque el amargo sabor de cerveza aún se refugiaba entre sus encías la sed de combate se refugiaba en su corazón, el mismo corazón que un puto cuchillo acababa de traspasar dejándole más seco que la mojama tirado en ese maldito antro llamado “La yegua sedienta”. Menudo puzzle le habían dejado hecho, con su propia hacha le cortaron un brazo y la pierna le voló de rodilla para abajo en aquel espadazo que le asestó ese jodido enano, al menos cuando yacía medio muerto en el suelo tuvo un privilegio que solo unos pocos han podido experimentar y gozar y que aún muchos menos han podido contar después, el beso más dulce que los labios mas suaves pueden entregarte pese a habitar bajo la custodia de esa jodida mente criminal que se encargaría de regalar semejante beso y a su vez dar muerte  conduciendo su fría daga al vacío corazón. Los amigos de la víctima al ver la escena sencillamente se quedaron sentados con las jarras en la mano y decidieron al unísono, sin ni siquiera mediar palabra, que no intentarían vengar al camorrista de su amigo, “menudo gilipollas” pensó uno de ellos “¿y esto quien lo limpia?” pensó el tabernero, pero en general todos se hacían la misma pregunta “¿de donde coño han salido estos  tres?”.
Las preguntas bien saben llevarnos hasta algún lugar pero no vamos a seguir esta que se hicieron todos esos pobres diablos, pero posiblemente si que despertemos algunas preguntas a lo largo de nuestro camino, camino que algunos como ese pobre infeliz ya han abandonado.