Aquel tabernero nunca imaginó que podría tener semejante
criatura en su ganado. Sus quesos de
vaca eran famosos en toda la comarca, quizás su éxito cabreó a algún dios, sino
no se lo explicaba, pero ahí estaba, en el campo, pastando como siempre. Sus dientes no llegaban a tocar ni una fina brizna de hierba, como a veces le
ocurría.
Sus ojos inexpresivos parecían estar vacíos, sin alma tras
de ellos. No respondía a las llamadas de su dueño, ni se relacionaba con otras
vacas.
“Esa vaca boba me desespera”.
Y tanto que le desesperaba al tabernero, hasta el punto de
querer matarla, pero temía que algún dios se enfadase con su acto. Así pues,
decidió recurrir a los dioses para encontrar la respuesta a que hacer con esa
maldita vaca.
Ya que no quería a la vaca cerca de él, decidió acudir al
dios del espacio Motre.
Con el tiempo el dios Motre decidió encargarse de la vaca,
ya que el tabernero parecía no ser mas espabilado que su bovina criatura. Había intentado dejarle mensajes para que sacrificase a la vaca, pero el
tabernero no parecía captar las indirectas, por ejemplo, escribir con sangre en un espejo “Mata
a la vaca, JODER” y el tabernero enojarse con la muchacha por lo sucio que
estaba el cristal.
Así pues, decidió llevarse la vaca al espacio, donde no
molestaría a nadie. Delante del tabernero quien con un cuchillo en la mano
dispuesto a matar, acribillar y destruir con su filo a la vaca ante la
desesperación de no recibir respuesta de la deidad, esta comenzó a flotar y
elevarse, la vaca ni se inmutaba, seguía pastando el aire, después pasó a
pastar la nada.
Y ahí estuvo, sin molestar a nadie, flotando en el espacio.
Motre observó que la vaca de vez en cuando pastaba en la
nada y a la nada. Ahí estaba ella, la nada nadeando y la vaca vaqueando. Sabía que su decisión podría alterar el mundo conocido, un mundo de metafísica sin física, pura droga sin cortar...
Empezó a pensar sobre ello y meditar seriamente, ¿y si la
vaca se iba a tragar la nada y que ello llevase a que ese espacio vacío se
llenase de materia y redujese el universo a una gran bola de materia que nos
aplastaría a todos?
Decidió avisar a Ruppet, el dios del vacío, intimo amigo
suyo.
Ruppet no pareció preocuparse, pero al ver a la vaca,
descrito por él como un ser desalmado pastando el vacío, entonces se preocupó.
“¿Pero que hace una vaca en el espacio? ¿EN LA NADA?” Preguntó
Ruppet a Motre.
“¡Pues la nada nadear y la vaca vaquear!”, como si esta
respuesta aclarase algo.
Después expusieron diferentes opciones de que hacer con la
vaca que vaqueaba en el espacio. Ruppet creó un envase donde podrían guardar al
vacío a la vaca y ahí la guardaron.
La vaca no pareció inmutarse mucho y continuó rumiando y
pastando vacío.
Los dioses empezaron a preocuparse, ¿Podría su jaula
detenerla?
Decidieron preguntar a Bullgan, dios de los seres bovinos,
si esta criatura era obra suya.
Bullgan la examinó y exclamó que dudaba que fuese una vaca o
cualquier tipo de criatura terrenal, incluso dudaba de que pudiese poseer un
alma.
Debatieron los tres sobre la vaca y concluyeron que quizás
podía haberse creado a sí misma, quizás era uno de los cuatro oscuros dioses
primigenios. De pronto temían a la vaca, ese ser desconocido. ¿Y si estamos
molestando a un ser capaz de destruir el universo entero? ¿Y si se cabrea con
nosotros por el trato que le estamos dando?
Decidieron, por temor, liberar al todopoderoso ser y
regalarle una eterna, relajada estancia, con todos los gastos pagados, a los
infinitos campos de Enden, un paraíso entre el mundo de los vivos y de los
muertos, con unos duendes que se encargarían de ofrecerle todos los cuidados
necesarios.
La vaca tras todo lo vivido y al verse en esa idílica
situación, comenzó a reír, toda la locura acumulada en su viaje, todo lo visto,
se manifestó en una eterna carcajada.
Los duendes al verla tan contenta pensaron que la vaca daba
felicidad y se la otorgaría a quien probase su leche. De su creencia nació la
verdad, hicieron unos quesos llamados “La vaca que se descojona” y cuenta la
leyenda que además de ser el mejor queso del mundo, proporciona una porción de esa
gran felicidad a quien lo toma.
Naghí Agléshka