miércoles, 26 de noviembre de 2014

Honor y consecuencias

La gravedad del asunto hacía que de sus manos brotase un nervio impulsivo, la forma de coger su pluma, la forma de su escritura, la tenue luz que llegaba a la mesa en la que se encontraba, la cerveza medio vacía, el humo del tabaco trepando por el aire arrastrando consigo su pesar.
 Rasgó el papel como si rasgase su alma y se inclinó para coger otro de su bolsa.Que ojos más cansados, que mirada más triste, que rostro más castigado por los golpes al animo. Miraba el papel y parecía hablar con él, de pronto la pluma violenta contra la pureza del papel, desgarrando en su cuerpo palabras de llanto y dolor, de vana esperanza y plegarias a ninguna parte. La tinta brotaba como la sangre en una herida y su pelo del mismo color que la tinta se rizaba entre sus problemas. Mordía su labio y apretaba su barba, la ironía de la vida y su oscuro humor le habían llevado a un punto de íntima y aguda locura de la cual solo un sentimiento melancólico podía extraer.
Desde la barra le miraba el tabernero, desde las otras mesas nadie parecía prestarle atención, la soledad estaba acompañada por la tristeza y la oscuridad de un mundo ajeno al bien.
Era cruel la forma en que el mundo se relacionaba con él. Era cruel la forma en que su situación estaba desarrollándose. Los suspiros enternecían la tinta del papel.
Que trágico es el deseo que quiere pero no puede ni debe ser deseado.
Mantuvo intacto su honor a costa de su felicidad y negó ceder al arrepentimiento su decisión.
La luz de las velas acompañaba el movimiento de las sombras y el movimiento de los ojos siguiendo la pluma enjaulaba las lágrimas en su alma, pues el dolor quedaba impreso en el papel.
Otra vez rompió la hoja en la que escribía, otra vez sacó otra hoja de su bolso.
Las manos temblorosas parecían querer soltar la pluma, hasta la tinta resultaba ser más firme que su pulso.
La botella vacía fue rellenada con tinta.
“Otra jarra” exclamó.
Apretó con fuerza la pluma en el papel, mantuvo el puño fuerte, se ancló en el papel, el pulso se reafirmó.
Escuchó como la jarra llena golpeaba su mesa. “¿Por qué rompe tantos papeles?” preguntó el tabernero.
“Si encierro mi dolor en estos folios que trágica es la existencia a la que les estoy condenando” murmuró.
Llevó su mano al bolsillo y sacó unas monedas, entonces el tabernero se las negó y le dijo lo siguiente. “Si la vida te ha regalado problemas sin solución, yo te regalo el olvido a esos problemas. Bienvenido a La Taberna de Tinta”.

Naghí Agléshka

martes, 25 de noviembre de 2014

Skype y Stryke: El mensaje

En el recodo de un camino tres sombras conversan. El rechoncho humano sudoroso por el temor que infunden sus interlocutores espera la respuesta de estos. Spyke y Stryke se miran, miran al humano un tapón seboso. Cada segundo que pasa sin que respondan suda más el cerdo. Finalmente sonríen socarronamente y aceptan el trabajo, lo harían gratis a ellos solo les gusta el camorrismo y las cervezas, pero por desgracia las cervezas no se encuentran gratis como una pelea en el callejón de atrás de una tasca. Quieren el dinero porque en el fondo también les gusta.
El humano, un mercader adinerado les explica el plan, su mujer le es infiel y ha descubierto donde se verá esta noche con su amante. Él les conducirá a un posada de cruce de caminos donde deberán darle una lección a su mujer y eliminar al necio que ha tratado mangonearle, es un tipo egoísta y no tolera que nadie toque nada de su propiedad.

Realmente la posada es un sitio idoneo para sus servicios, nunca escamotean en destrucción y salvajismo y la posada esta en el cruce de unos caminos secundarios, lo más cercano son unas aldeas pequeñas así que no habrá nada de guardias, un trabajo rápido y podrán marcharse a otro lugar. Cobran la mitad por adelantado, su fama les precede y aquellos que quieren su servicio apoquinan de buen grado. Según la información del comerciante su mujer aún tardará una hora en llegar, así que deciden prepararse. Entran en la taberna de la posada haciendo su entrada triunfal, un estruendoso portazo y gritos de ¡jarra ya! Los parroquianos pierden el aliento al verlos, imponen y atemorizan, su imagen no da para menos. Imagina dos ogros de mas de dos metros bien pertrechados con armas tan grandes que los débiles humanos no imaginan ni alzar, sus cuerpos están surcados por infinidad de cicatrices ganadas en cientos o quizás miles (a los ogros les cuestan las matemáticas) de pelas, trifulcas y batallas.

Spyke va armado en su brazo izquierdo con un guantelete de combate "decorado" por él mismo por un sinfín de clavos, parece un armadillo de metal y guerra. En la derecha una enorme porra tachonada, si te fijas unos segundos descubres que en realidad no es mas que es un tronco arrancado y reforzado o como ellos dirían "decorado", tosco pero brutal y eficaz.
Stryke maneja una almádena que no cabe derecha por la puerta, no es que sea habilidoso en su manejo ¿pero acoso eso le hace falta? La fuerza de sus golpes es como un terremoto imparable y devastadora.

Los dos se sientan y tragan la bebida sin parar una jarra tras otra, se gastan todo el dinero pero eso no les preocupa al final de la noche volverán a tener otra vez la bolsa llena para seguir gastando. Sus ojos ya están rojos listos para trabajar. Por la puerta de forma más disimulada entra una pareja en la taberna, hacen una señal al posadero y este les entrega una llave, suben al piso de arriba ya tenían la habitación reservada. Spike y Strike sonríen, su diversión ha llegado y menos mal que ya ha llegado la perspectiva de quedarse sin bebida los estaba poniendo tensos.
Suben las escaleras y llegan al corredor, es alargado oscuro y sucio, algo habitual en este tipo de sitios apartados. Escuchan atentamente hasta localizar la puerta correcta. Stryke da una patada a la puerta y la hace volar en astillas, Spyke entra a la carrera es como una estampida pero no hay nadie dentro. Se miran atorados, ¿atorar? De verdad crees que un ogro conocería este verbo, en fin que importa, les han mentido, les han jodido y ahora están cabreados. El resto de puertas se abren a la vez y de cada una de ellas salen dos guerreros bien armados y prestas sus armas, son diez en total les rodean rápidamente. Han caído en la trampa. Ambos hermanos rugen encolerizados, se erizan como fieras salvajes están resueltos a dar una lección. Todo será destruido, todo arderá. Tienen una fama que deben hacerse respetar, deben mandar un mensaje y solo conocen un lenguaje, la brutalidad.
Rugen y cargan al unísono. La sinfonía estalla el choque del acero es la melodía principal, le acompaña el silbar de las saetas y los gritos le hacen el contrapunto. Spyke bloquea una espada con el guantelete, engancha el arma del oponente en los clavos, le baja la guardia y agarra la cabeza de su contrincante, introduce el pulgar en el ojo y aprieta hasta aplastar casco y cráneo, los sesos salpican la pared. Uno menos. Stryke hace un barrido, un guerrero salta el golpe, otro se agacha pero un tercero no reacciona a tiempo y el impacto destroza armadura y costillas, medio tronco se le convierte en pulpa. Spyke lanza un golpe de arriba abajo acertando en el blanco, rompe cráneo, cuello y columna. Un virotazo acierta en el costado de Stryke no siente el dolor sino que se enfurece aún más, carga a por el ballestero apartando a manotazos a los que no consiguen esquivarle. El ballestero se hace consciente de su necedad, estas bestias no pueden ser derrotadas. El miedo se hace presa de los guerreros, los hermanos son los solistas y en unos segundos terminan el primer tiempo.
Spyke y Stryke cogen aliento alzan sus armas y las golpean contra el suelo, abriendo un boquete por el que saltan a la taberna. El segundo tiempo da comienzo, un adagio calmado en la taberna, los parroquianos asustados desconocedores de lo que ocurre intentan esconderse donde pueden. Los hermanos saltan de uno a otro, esta siendo una excelente melodía. Se hace el silencio que anuncia el final de la obra, ya solo queda aquel humano sin honor que los ha llevado a esta trampa. Ambos cargan contra la pared y atraviesan la pared de madera. Aquel gordo traicionero en cuanto oyó el ruido de la pelea supo que iba mal, intenta desesperadamente desatar las correas del caballo que había puesto en el poste, el miedo y los nervios le traicionan, es incapaz de deshacerlos. Cuando los hermanos surgen entre la nube de astillas grita presa del pánico, su grito es agudo y estridente como el de los cerdos. El instinto de supervivencia le otorga una oportunidad, le da la presteza para coger la ballesta que guarda en la alforjas de su caballo, cargada por si acaso se tuercen las cosas. Sin lugar a dudas es un buen momento para probar puntería. Apunta, dispara y erra el tiro, es patético. Los hermanos ríen ante la pésima imagen que ofrece el humano, sus carcajadas suenan como truenos y asustan al caballo, este se encabrita y derriba al hombre. Tranquilamente los hermanos se acercan, Spyke registra en busca del dinero, Stryke acerca su cara y le mira fijamente a los ojos.
-Gracias por la fiesta, hacia tiempo que no nos divertíamos tanto.
Justo después pone sus dos manos en el cuello y tira con las dos en direcciones opuestas hasta arrancarle la cabeza. Saquean la posada y se llevan lo que quieren, luego le dan fuego a todo. Antes de irse en mitad del camino preparan una estaca donde empalan la cabeza del cerdo traicionero.

Eligen a suertes el camino a seguir, no les importa la dirección saben que allá donde van encuentran lo que quieren.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Botellas llenas y vacías



Sus ojos hundidos en aquella botella de ron añejo eran lo más húmedo que podía encontrarse en la oscuridad del final de la barra, no era una cliente habitual pero los acontecimientos que nublaron su presente y futuro mientras partían en dos su pasado y su corazón dejaron una grata propina para el tabernero, quien por no rellenar más vasos directamente, le dejó la botella a su alcance. “Autoservicio”, exclamo él. Pocos frecuentaban ese bar y muchos menos eran clientes habituales pero todos allí se preguntaban como tal rostro podía aguardar tal sufrimiento, la sensibilidad parece ser más intensa en el género femenino pero no, ella no era así, nunca lo fue y nunca lo sería, la firmeza de su mano al sujetar la botella nos lo podía confirmar a todos los que fuimos presentes de su angustia, quienes pese no conocer su nombre, su origen ni los sucesos acontecidos anteriormente parecíamos sentir que la conocíamos de toda la vida y la imaginación se desbocaba como la tinta cae sobre el papel extendiendo la mancha que da forma a la letra, los argumentos más comunes entre los que nos encontrábamos allí eran que probablemente sufría por la perdida de un amor que tan sólo podía estar a su medida, otros que era la perdida de un familiar, pero yo no se que pensar, esa mujer podía inspirar muchas cosas pero para nada sentimentalismo extremo, aunque sus ojos vidriosos se fundan con el cristal de la botella. Ahora bien, con total seguridad expresaré que su corazón hacía honor al nombre del local “La Botella Vacía”.

Naghí Agléshka

domingo, 23 de noviembre de 2014

La Pasión




Se sentaron junto al fuego, se miraban intensamente, cada mirada avivaba el fuego.
Se hablaban con ternura, cada palabra avivaba el fuego.
Se acariciaron con suavidad, cada caricia avivaba el fuego.
Se abrazaron desnudos, cada abrazo avivaba más el fuego.
Se besaron húmedamente y el fuego les envolvió y mezcló sus cenizas.
La diosa del agua observó como el dios del fuego mató a sus hijos, cuando le preguntó porque lo había hecho este le respondió que por envidia a que dos seres de agua pudiesen producir un calor más intenso que el suyo.
La diosa al escuchar esto entró en locura y con toda su ira condenó al dios del fuego a habitar en el corazón de todos los seres de agua y cada vez que estos se unan, igual que las cenizas de los primeros se juntaron hasta ser uno, él ardería más fuerte que nunca haciendoles sentir vivos.

Naghí Agléshka

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El goblin en la ventana

En un bosque tranquilo un goblin descansa mientras devora un conejo. Disfruta de la comida es una especialidad goblin, la receta es conejo crudo. Con el último bocado arranca los últimos retazos de carne del muslo del animal, bebe un trago de licor negro y eructa saciado.
Pero este feliz goblin no es el que nos interesa, en una parte remota del mismo bosque otro goblin esta al acecho. A lo lejos ha visto una cabaña y esta resuelto a saquearla y acabar con quien sea. Se acerca cauteloso, moviéndose de matorral en matorral. Cachiporra en mano cada vez mas cerca, ya ve claramente la cabaña. La cabaña tiene una ventana por la que decide otear. ¡Pero alto! ¿Qué es ese ruido? Suena como una cascada pero no ha visto ningún riachuelo, pero no le importa, la cabaña ya esta a su alcance.
Se asoma por la ventana y lo que le sorprende no es lo que ve si no lo que oye. La cascada esta dentro de la cabaña, pero qué loco construiría una cabaña con una cascada dentro. Bah que mas dará que tenga o no cascada lo que importa es que tenga cosas de valor para rapiñar. Como por ejemplo la enorme amatista que reposaba sobre una estantería, conocía cierto comprador en la ciudad de los lagos que estaría encantado de hacerle un buen precio por semejante piedra.
Pero eso no era la más precioso que había en la cabaña. El ruido de la cascada cesa y lo que parecía una pared adornada con hojas se mueve, las hojas se deslizaron a un lado y entre el bao del agua caliente apareció una elfa de cabello cobrizo y ojos como amatistas. La elfa era hermosa entre las hermosas, voluptuosa sus caderas se sacuden al andar como un péndulo, apenas cubierta por toalla llega al centro de la habitación dando la espalda a la venta. La toalla se desliza como el manto estrellado en el crepúsculo dejando a la vista la espalda aun perlada por el agua. La elfa se acomoda en la cama encarándose a la ventana, le agradaba la brisa de la mañana sobre su piel, abre las piernas para que la brisa penetrase más en ella.
El goblin no lo duda, como hipnotizado deja caer la cachiporra y agarra su miembro tan duro como el arma que acaba de soltar. Al mismo tiempo la elfa acerca sus dedos a los labios, los besa para humedecerlos y posteriormente los acerca a sus labios mas íntimos. El goblin no para de sacudir su miembro, en su regodeo levanta la cabeza para disfrutar del momento final. Pero en un rápido movimiento imperceptible una cerbatana aparece en la mano de la elfa y en menos de un segundo el aguijón mortal vuela a la garganta del goblin. Un súbito golpe en el cuello lo hace detenerse, intenta decir algo pero solo logra balbucear un estertor mientras se desploma.
El último pensamiento del goblin fue el más común de entre su raza "nunca te fíes de un elfo".
La elfa otra vez tapada se acerca a la ventana y observa el cuerpo inerte del repulsivo goblin, lo que ese desgraciado no sabia es que por muy sigiloso que se moviese su pestazo se huele a cientos de metros.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La Sorpresa del Gnomo


Solo las palabras que resonaban en su mente podían dar sentido a los actos que realizaba Jimber, estaba medio trastornado desde la última vez que habló con Sinsi, la falta de expresividad en su rostro la mayor parte del tiempo solo se rompía con la malvada mueca de un cínico y sádico criminal. Puede que asustar a los enanos o los goblins sea gracioso, pero esas tremendas palizas y esa forma de humillarles solo podía acabar de una manera.
 Las noches en la ciudad de Tolder suelen ser bastante cerradas excepto por las pocas farolas que alumbran las calles, unas pocas ventanas iluminadas y como  no, la luz de los bares nocturnos. No creo que se requiera hacer saber que unas calles son más oscuras que otras y cuanto más oscuras son las calles más le gustan a Jimber. Cae la noche y acude al oscuro rincón esperando con una botella de zumo de mandrágora y uva fermentada en tonel de Ricoporte en una mano y la otra manteniéndola calida en su bolsillo.
Fulhër, 34 años, paladín de los lejanos reinos, 1,90 de altura y pesada armadura llega por primera vez a la ciudad, busca un sitio donde poder tomar una pinta y un lecho donde pasar la noche, su cuerpo curtido en la guerra y largas marchas agradece un sitio cómodo donde poder descansar.
La posada “La Sorpresa del Gnomo” es la que le recomiendan dos lugareños a los que les pregunta, así pues, pregunta su dirección y se dirige hacía ella. Finalmente llega a la última calle por la que tiene que cruzar, al otro lado la posada, oscura y fría es la callejuela, pero que calido y agradable parece su destino.
Jimber observa una gran sombra entrar en su callejón, “es más grande que un enano, “deberá ser extranjero”, piensa mientras observa a que velocidad camina la que será su próxima victima. Esta noche quiere algo duro, esta noche no quiere robar o juguetear con cuchillos, va a matarle y lo va a disfrutar.
La sombra se sitúa a su misma altura, pero la oscuridad de la zona protege a Jimber, casi puede notar el aliento de la victima a la altura de su rostro, su cuchillo le susurra que mate. Llega el momento, lanza la botella a la cabeza de su victima, estalla en mil pedazos y empapa la cara de la victima, se abalanza Jimber con cuchillo en mano y realiza dos cortes a la altura del talón de Aquiles de su victima, esta cae al suelo de rodillas, un grito de dolor afila aún más el cuchillo de Jimber, le da una patada en el culo a ese pobre desgraciado, conforme se dirige hacía delante de la victima le asesta un tajo a la altura del codo en el brazo en que se apoya. Mira fijamente a los ojos de su victima, su mueca parece alimentarse con el rostro desconcertado y asustado de ese pobre diablo, sujeta por el pelo la cabeza del hombre y deja al descubierto el cuello al que puede ver sus venas hinchadas mientras grita “NO”, desliza su cuchillo por el trágico final de la victima, ya no están hinchadas sus venas.
Se queda observando el cuerpo, tiene un collar que se ha manchado de sangre, un mineral común y barato forma la insignia de los Sacerdotes de Verde Rama, clérigos pacíficos y dados al arte de la sanación y bienestar del prójimo, pero eso no parece importarle.

Fulhër abre la puerta de la posada y escucha un grito en la calle de al lado. Un Gnomo sale corriendo de ella, se asoma a la calle con la mano en la espada y observa el cuerpo aun cálido mientras el charco de sangre llega al alcantarillado donde acabará mezclandose con el sucio barro, el olor a heces le llega hasta las narices, malditas costumbres del cuerpo humano…
Algunos que estaban en la posada se asoman también a la calle, empiezan los murmullos, las sospechas, 20 años han pasado desde el último trágico crimen en Tolder, los gnomos acusan a los goblins y los goblins maldicen a los gnomos por sus acusaciones. Pero Fulhër apacigua rápidamente las sospechas contando lo que vio, todos parecen saber quien es el autor. “Esta vez se a pasado”, “no habrá perdón”, “se veía venir”, eran los comentarios más frecuentes esa noche, Fulhër decidió ayudar a los guardias a buscar durante un tiempo a Jimber y colaborar con su merecido castigo.
Solo tres noches pasaron hasta que Jimber decidió salir de su escondrijo y volver a la oscuridad de un callejón. La noche parecía más cerrada que nunca y la niebla que como un espeso manto cubría las calles de la ciudad invitaba aún más a Jimber a hacer lo que mejor sabe, joder a los demás.
Fulhër vigilaba solo las calles a diferencia del resto de guardas, pretendía que al entregar al gnomo ante la autoridad esta le recompensase gratamente, quizás sea una actitud más propia de un mercenario que de un paladín, pero al fin y al cabo tanto uno como otro pelean por su dios, llámese Alcar (el dios de la luz) o Dinero (el dios más codicioso).
De pronto ve a un joven gnomo que se dirige a una callejuela estrecha y apagada, Fulhër avisa al individuo que es mejor que no se acerque a esas calles, un criminal muy peligroso podría estar merodeando. El gnomo agradece el aviso y decide cambiar de ruta, Fulhër se acerca a la callejuela, la mira detenidamente, la niebla inunda cada rincón, cada hueco, una presencia parece esconderse entre dos columnas situadas en una de las paredes donde se acumulan unos pocos sacos de basura, no hay más lugar que la propia niebla y esas columnas donde alguien pueda esconderse en esa callejuela, coge con fuerza su espada y se dirige hacía las columnas con su mirada fija en ellas, con cada paso incrementa su decisión de partir en dos al gnomo en cuanto aparezca. Esta a un paso de los sacos de basura, el olor a pescado podrido rezuma por esos sacos, no parece haber nada entre ellos, pero Jimber ya tiene en mano su carnívoro cuchillo. Fulhër nota algo pues acaba de escuchar una profunda respiración justo detrás, no tiene tiempo a desenvainar y proteger su retaguardia, así pues se gira dando una patada a lo que sería la altura del pecho de un gnomo. Jimber cae y la espada queda libre de su vaina.
El gnomo se ha perdido entre la niebla, pero de todas maneras si quiere herirle deberá llegar hasta la altura de su rostro pues duda que ese cuchillo pueda traspasar su armadura. Un movimiento entre la basura le alerta, dirige su mirada y su espada hacía los sacos, justo en ese momento Jimber aparece de un salto a la altura de cabeza, sus dientes parecen brillar de forma propia dibujando una macabra sonrisa entre la oscuridad, esta muy cerca como para asestar su final con la espada, pero justo a la altura para que su codo le lleve de visita al dentista.
Jimber cae al suelo con la boca ensangrentada y dos dientes colgando, el dolor es similar a cuando de niño su hermano le lanzo aquel martillo de carpintería, sus ojos pueden ver como por encima de la niebla la espada se alza para preparar el siguiente golpe, un ruido en la basura y la espada cambia de orientación, un grito se escucha, tras el grito un movimiento de espada corta el aire, la niebla y algo más. Se incorpora rápidamente y observa el cuerpo de Sinsi, mutilado, sin brazo por la altura del hombro en el suelo, el dolor le impide gritar o respirar. Automáticamente su cuerpo se abalanza contra el cuello del guerrero que esta inclinado observando el cuerpo mutilado, su cuchillo llega a clavarse entre la columna entrando por el cuello, el guerrero cae con el cuchillo incrustado en su cuerpo.
Jimber mira al paladín con su macabra mueca, arranca el cuchillo y se dirige a Sinsi. Cuantos cuentos hablan de muertes, de golpes fatídicos, todos ellos matan al instante, pero esto era la realidad, la gente no muere al instante, él lo sabe, sabe que Sinsi esta condenada a la muerte, su cuchillo le susurra que mate, se inclina, la coge por la cabeza, la mira a los ojos, tiene los ojos mas hermosos que una goblin pueda llegar a tener nunca, acerca su rostro como esperando poder inhalar su último aliento y pronuncia las más bellas palabras que una mente enferma puede llegar a decir, las pronuncia tan bajito que solo el alma de Sinsi tuvo acceso a ellas, ni siquiera yo.  La hoja del cuchillo se interpone entre los dos ventrículos del corazón de Sinsi.
Sabe que no puede seguir ahí, deja el cuchillo clavado en ella mientras le sigue susurrando que mate, observa el escenario, la niebla se disipa y sabe que el ruido de la espada al caer puede haber alertado algún guarda, piensa con velocidad y recuerda que la posada “La Sorpresa del Gnomo” tiene un desván en el que puede refugiarse y tan solo esta a dos calles de ahí. Se apresura a salir corriendo, sale de la callejuela gira a la izquierda y un reflejo silbante se dirige hacia él, la sangre cae cubriendo su rostro, fatal telón cae por su mirada, su cerebro parece quedarse atrapado en el nombre de la posada.
Se acercan los dos enanos guardas que estaban en el lugar, cae hacía atrás el cuerpo de Jimber quien aún no parecía haber entendido que él, si había tenido una muerte rápida, tanto como para no haberse dado cuenta que estaba muerto.
Ancla el enano el pie en el pecho de Jimber, mira los otros dos cuerpos en el callejón y exclama a su compañero mientras extrae el hacha, "Puto gnomo".
Naghí Agléshka.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La yegua sedienta




No había más sangre en sus venas que en el filo de su hacha ni mas dolor en su cuerpo que en su alma y aunque el amargo sabor de cerveza aún se refugiaba entre sus encías la sed de combate se refugiaba en su corazón, el mismo corazón que un puto cuchillo acababa de traspasar dejándole más seco que la mojama tirado en ese maldito antro llamado “La yegua sedienta”. Menudo puzzle le habían dejado hecho, con su propia hacha le cortaron un brazo y la pierna le voló de rodilla para abajo en aquel espadazo que le asestó ese jodido enano, al menos cuando yacía medio muerto en el suelo tuvo un privilegio que solo unos pocos han podido experimentar y gozar y que aún muchos menos han podido contar después, el beso más dulce que los labios mas suaves pueden entregarte pese a habitar bajo la custodia de esa jodida mente criminal que se encargaría de regalar semejante beso y a su vez dar muerte  conduciendo su fría daga al vacío corazón. Los amigos de la víctima al ver la escena sencillamente se quedaron sentados con las jarras en la mano y decidieron al unísono, sin ni siquiera mediar palabra, que no intentarían vengar al camorrista de su amigo, “menudo gilipollas” pensó uno de ellos “¿y esto quien lo limpia?” pensó el tabernero, pero en general todos se hacían la misma pregunta “¿de donde coño han salido estos  tres?”.
Las preguntas bien saben llevarnos hasta algún lugar pero no vamos a seguir esta que se hicieron todos esos pobres diablos, pero posiblemente si que despertemos algunas preguntas a lo largo de nuestro camino, camino que algunos como ese pobre infeliz ya han abandonado.