martes, 14 de julio de 2015

La rosa y el martillo.

Ella como un soplo de aire fresco perfumaba con su agradable olor toda estancia, él permanecía impasible.
Ella era risueña y siempre lograba sacar una sonrisa a quien le mirase, él permanecía impasible.
Ella sonreía, todas las mañanas despertaba con una sonrisa, él permanecía impasible.
Ella era tierna, de suave tacto y delicada piel, él permanecía impasible.
Ella prefería colores alegres, él permanecía impasible.

Recuerdo cuando sentados en aquel bar Amanda le regaló una rosa a Miguel quien parecía permanecer impasible mientras le regalaba a su vez un martillo a Amanda, la cual se sorprendió y cabreada ante el poco romanticismo salió corriendo poniendo portazo y final.
La rosa hace ya que se marchito, pero el martillo aún continúa impasible.






 Naghí Agleskhá

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