No podía ya la imaginación
desbocarse como un potrillo salvaje, no podía, porque ya la estaba viendo tal
cual era, desnuda, en la cama, mirándome y esperando que diese un paso hacia
ella y entrase en su juego. Entonces si que iba a cabalgar sobre la
imaginación, solo tenía que dar ese paso, estaba todo dispuesto a ello, podía
tocarla si me inclinaba un poco, ese mechón de pelo cuyo final descansaba
en la almohada, esa sonrisa sobre la que me deslizaba como un chiquillo jugando
en un tobogán, esa mirada… esa mirada no la podía soportar más de cinco
segundos.
Me miro a mi mismo, desnudo, delante de Venus,
como un desfavorecido y cojo Vulcano intento dar el paso hacía ella. No puedo,
ya estoy ahí, todo había ido bien, un sueño que se ha materializado y puedo
alcanzar a tocarlo, pero no puedo dar ese paso. No puedo darlo hacía atrás,
¿Qué loco renuncia a sus sueños? Estoy anclado, anclado en un espacio y tiempo
que se que no son eternos, tengo que moverme, pero no puedo, hacía ella siento
que me devoran los leones, hacía atrás solo hay un barranco. El sudor me entra
por los ojos, ella se da cuenta y me pregunta si tengo calor, que si quiero
abre las ventanas, pero no alcanzo a decir palabra alguna, un gesto con la
cabeza, lo interpreta como un sí, puedo ver un ángel moverse, joder que culo,
llegar a besarlo debe ser parecido al beso que le habría dado Da Vinci a su
Mona Lisa. Entra el aire, su pelo se mueve y arrastra la brisa las pequeñas
partículas de su fragancia hacía mis narices. No puedo dejar de venerar lo que
realmente se que no es diferente a mí, pero ¿Qué colma de divinidad su ser?
No alcanzo a comprender nada, sigo aquí de
pie, la brisa me ha venido bien pero tengo que moverme como sea, no puedo
joderla ahora, bueno quiero joderla pero no me refiero a ese joderla, madre mía
yo solo me estoy haciendo un lío, cabeza céntrate en lo que toca, como cuando
leemos dulces pasajes de Homero, o extrañas metáforas de Kafka, ahora tienes
que centrarte en dar un paso, solo un paso, que no piense que soy un raro, que
no piense nada malo de mí, no ahora. Si doy el paso hacía atrás podré poner
alguna excusa, aunque sea una excusa de mierda como que me deje el gas abierto…
Señor, ¿pero que estoy diciendo?… bueno o dar un paso hacía delante, da igual que
haga el ridículo en la cama con ella, al menos podré intentarlo.
Este maldito pie, parece de
plomo, no alcanzo a mover un dedo, ni lo estoy mirando, solo puedo mirarla a
ella, estoy hipnotizado por sus curvas, en cualquiera de ellas derrapo y me
mato y mi pie mientras descojonándose de mi.
No se si esto es una comedia
o un drama, pero seguro que bien no acaba. ¡Ya está! Fingiré que me duele la
cabeza, que estoy mareado, seguro que así se acerca ella, si ella me lleva yo
no podré resistirme y daré ese paso.
Miro a mis pies y llevo mi
mano a la cabeza mientras suspiro, me pregunta que me pasa, perfecto, todo va
sobre ruedas salvo por una cosa, como la anterior vez, no me salen las
palabras, igual que un eructo que no sale, las palabras se atascan, se hacen un
nudo en mi garganta, como si no encontrasen la posición con la que han de
salir, de todas maneras se acerca, ¡bien! Va a cogerme y podré mover este
estúpido pie, pero ¿Qué hace? Se ha ido, ha dejado el cuarto, mierda ya la he
cagado, seré imbécil, siempre igual, no espabilo nunca.
¿Un vaso? De pronto un vaso
con agua interrumpe mi mirada hacía el maldito pie, me esta ofreciendo agua por
si me pasa algo, me resulta un gesto tan entrañable. Lo cojo con temblores en
la mano, y tanto que temblores, estoy como para preparar un cubata.
Ella me mira y sonríe,
lentamente se deja caer sobre la cama mientras me mira y me indica con el dedo
que me acerque. No se si beberme el agua o tirármela por la cara, lo que si sé,
es que tengo que actuar, ya esta bien pie, tenemos que actuar, no puedes
quedarte ahí parado deja de mirarme tío, hasta aquí la broma, doy un trago al
agua con valentía, como si fuese un trago de vodka pongo cara de seriedad, a
ella le hace gracia el gesto, a mi me va a dar algo.
Lo noto, noto el dedo gordo
del pie mientras un calambre recorre todo el pie, pero ese dedo, ese jodido
dedo esta ahí. Puedo mover el dedo pero no el pie, se que ella se pone nerviosa
ante mi pasividad, pero yo más ante este nuevo descubrimiento, me quedo
mirándola y sonrío con la mayor cara de bobo que jamás podré volver a poner. A
ella no parece hacerle mucha gracia, se esta empezando a preocupar y eso
significa que se incomoda. Pero joder con esa piel que envuelve su cuerpo como
no va a molestarse de que un capullo se quede aquí plantado sin hacer nada, sus
pechos que antes tanto ansiaba verlos, ahora me resultan inaccesibles a la
vista pues en ellos solo puedo ver una manifestación de la pura belleza sexual, ¿pero que coño digo? me lanzaría a ellos como un toro al capote, joder ya no siento ni el dedo
gordo, creo que me va a dar algo, pero ya es tarde tengo que actuar o me echara
ella misma, parece cabreada y no me extraña, daré un grito de guerra- ¡Sí!
Joder que buena idea, me encomendare a los antiguos dioses y entrare en
batalla, puedo notar el fulgor recorriendo mi cuerpo, bueno, puede que siga sin
sentir el dedo gordo, pero joder que excitación me esta dando, creo que entro
en frenesí, va grito por Odin y me lanzo sobre ella, seguro que eso la pone a
mil, vale va, allá que voy ¡por O!
Que dolor de cabeza, toda esa
luz, ¿es que nadie la puede apagar o que pasa aquí?
De pronto aparece una cabeza
de una mujer desconocida, me pregunta mi nombre, que si estoy bien, pues
obviamente no, me siento como si me hubiese abducido un ovni y me hubiese metido
un palo por el recto y después caer aquí de cabeza.
Lastimosamente digo que sí,
que estoy bien, le digo mi nombre y me explica que una chica llamó anoche a la
ambulancia, se ve que me desmayé, imagino que aquel frenesí que sentí no era lo
que yo esperaba. Ahora jamás podré saber a que sabe el amor de una musa.
Se queda mirándome la
enfermera, con esos ojos, esos ojos color caoba, tan profunda siento su mirada
que el corazón me late a pestañeos. Me pide que mueva las manos, con esa voz
tan dulce, que no podría bailar ante la melodía de su voz, me pide que mueva
los dedos de los pies y los pies, me río, me río del mundo ante semejante
belleza, ante la fragilidad de la belleza, ante un astro que se acaba de posar
en mi cielo y alumbra todos los ¡mierda el pie!
Naghí Agleskhá
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