miércoles, 22 de julio de 2015

El amor no vale un pie

No podía ya la imaginación desbocarse como un potrillo salvaje, no podía, porque ya la estaba viendo tal cual era, desnuda, en la cama, mirándome y esperando que diese un paso hacia ella y entrase en su juego. Entonces si que iba a cabalgar sobre la imaginación, solo tenía que dar ese paso, estaba todo dispuesto a ello, podía tocarla si me inclinaba un poco, ese mechón de pelo cuyo final descansaba en la almohada, esa sonrisa sobre la que me deslizaba como un chiquillo jugando en un tobogán, esa mirada… esa mirada no la podía soportar más de cinco segundos.
 Me miro a mi mismo, desnudo, delante de Venus, como un desfavorecido y cojo Vulcano intento dar el paso hacía ella. No puedo, ya estoy ahí, todo había ido bien, un sueño que se ha materializado y puedo alcanzar a tocarlo, pero no puedo dar ese paso. No puedo darlo hacía atrás, ¿Qué loco renuncia a sus sueños? Estoy anclado, anclado en un espacio y tiempo que se que no son eternos, tengo que moverme, pero no puedo, hacía ella siento que me devoran los leones, hacía atrás solo hay un barranco. El sudor me entra por los ojos, ella se da cuenta y me pregunta si tengo calor, que si quiero abre las ventanas, pero no alcanzo a decir palabra alguna, un gesto con la cabeza, lo interpreta como un sí, puedo ver un ángel moverse, joder que culo, llegar a besarlo debe ser parecido al beso que le habría dado Da Vinci a su Mona Lisa. Entra el aire, su pelo se mueve y arrastra la brisa las pequeñas partículas de su fragancia hacía mis narices. No puedo dejar de venerar lo que realmente se que no es diferente a mí, pero ¿Qué colma de divinidad su ser?
 No alcanzo a comprender nada, sigo aquí de pie, la brisa me ha venido bien pero tengo que moverme como sea, no puedo joderla ahora, bueno quiero joderla pero no me refiero a ese joderla, madre mía yo solo me estoy haciendo un lío, cabeza céntrate en lo que toca, como cuando leemos dulces pasajes de Homero, o extrañas metáforas de Kafka, ahora tienes que centrarte en dar un paso, solo un paso, que no piense que soy un raro, que no piense nada malo de mí, no ahora. Si doy el paso hacía atrás podré poner alguna excusa, aunque sea una excusa de mierda como que me deje el gas abierto… Señor, ¿pero que estoy diciendo?… bueno o dar un paso hacía delante, da igual que haga el ridículo en la cama con ella, al menos podré intentarlo.
Este maldito pie, parece de plomo, no alcanzo a mover un dedo, ni lo estoy mirando, solo puedo mirarla a ella, estoy hipnotizado por sus curvas, en cualquiera de ellas derrapo y me mato y mi pie mientras descojonándose de mi.
No se si esto es una comedia o un drama, pero seguro que bien no acaba. ¡Ya está! Fingiré que me duele la cabeza, que estoy mareado, seguro que así se acerca ella, si ella me lleva yo no podré resistirme y daré ese paso.
Miro a mis pies y llevo mi mano a la cabeza mientras suspiro, me pregunta que me pasa, perfecto, todo va sobre ruedas salvo por una cosa, como la anterior vez, no me salen las palabras, igual que un eructo que no sale, las palabras se atascan, se hacen un nudo en mi garganta, como si no encontrasen la posición con la que han de salir, de todas maneras se acerca, ¡bien! Va a cogerme y podré mover este estúpido pie, pero ¿Qué hace? Se ha ido, ha dejado el cuarto, mierda ya la he cagado, seré imbécil, siempre igual, no espabilo nunca.
¿Un vaso? De pronto un vaso con agua interrumpe mi mirada hacía el maldito pie, me esta ofreciendo agua por si me pasa algo, me resulta un gesto tan entrañable. Lo cojo con temblores en la mano, y tanto que temblores, estoy como para preparar un cubata.
Ella me mira y sonríe, lentamente se deja caer sobre la cama mientras me mira y me indica con el dedo que me acerque. No se si beberme el agua o tirármela por la cara, lo que si sé, es que tengo que actuar, ya esta bien pie, tenemos que actuar, no puedes quedarte ahí parado deja de mirarme tío, hasta aquí la broma, doy un trago al agua con valentía, como si fuese un trago de vodka pongo cara de seriedad, a ella le hace gracia el gesto, a mi me va a dar algo.
Lo noto, noto el dedo gordo del pie mientras un calambre recorre todo el pie, pero ese dedo, ese jodido dedo esta ahí. Puedo mover el dedo pero no el pie, se que ella se pone nerviosa ante mi pasividad, pero yo más ante este nuevo descubrimiento, me quedo mirándola y sonrío con la mayor cara de bobo que jamás podré volver a poner. A ella no parece hacerle mucha gracia, se esta empezando a preocupar y eso significa que se incomoda. Pero joder con esa piel que envuelve su cuerpo como no va a molestarse de que un capullo se quede aquí plantado sin hacer nada, sus pechos que antes tanto ansiaba verlos, ahora me resultan inaccesibles a la vista pues en ellos solo puedo ver una manifestación de la pura belleza sexual, ¿pero que coño digo? me lanzaría a ellos como un toro al capote, joder ya no siento ni el dedo gordo, creo que me va a dar algo, pero ya es tarde tengo que actuar o me echara ella misma, parece cabreada y no me extraña, daré un grito de guerra- ¡Sí! Joder que buena idea, me encomendare a los antiguos dioses y entrare en batalla, puedo notar el fulgor recorriendo mi cuerpo, bueno, puede que siga sin sentir el dedo gordo, pero joder que excitación me esta dando, creo que entro en frenesí, va grito por Odin y me lanzo sobre ella, seguro que eso la pone a mil, vale va, allá que voy ¡por O!
Que dolor de cabeza, toda esa luz, ¿es que nadie la puede apagar o que pasa aquí?
De pronto aparece una cabeza de una mujer desconocida, me pregunta mi nombre, que si estoy bien, pues obviamente no, me siento como si me hubiese abducido un ovni y me hubiese metido un palo por el recto y después caer aquí de cabeza.
Lastimosamente digo que sí, que estoy bien, le digo mi nombre y me explica que una chica llamó anoche a la ambulancia, se ve que me desmayé, imagino que aquel frenesí que sentí no era lo que yo esperaba. Ahora jamás podré saber a que sabe el amor de una musa.

Se queda mirándome la enfermera, con esos ojos, esos ojos color caoba, tan profunda siento su mirada que el corazón me late a pestañeos. Me pide que mueva las manos, con esa voz tan dulce, que no podría bailar ante la melodía de su voz, me pide que mueva los dedos de los pies y los pies, me río, me río del mundo ante semejante belleza, ante la fragilidad de la belleza, ante un astro que se acaba de posar en mi cielo y alumbra todos los ¡mierda el pie!





 Naghí Agleskhá

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