En el recodo de un camino
tres sombras conversan. El rechoncho humano sudoroso por el temor que
infunden sus interlocutores espera la respuesta de estos. Spyke y
Stryke se miran, miran al humano un tapón seboso. Cada segundo que
pasa sin que respondan suda más el cerdo. Finalmente sonríen
socarronamente y aceptan el trabajo, lo harían gratis a ellos solo
les gusta el camorrismo y las cervezas, pero por desgracia las
cervezas no se encuentran gratis como una pelea en el callejón de
atrás de una tasca. Quieren el dinero porque en el fondo también
les gusta.
El humano, un mercader adinerado les explica el plan,
su mujer le es infiel y ha descubierto donde se verá esta noche con
su amante. Él les conducirá a un posada de cruce de caminos donde
deberán darle una lección a su mujer y eliminar al necio que ha
tratado mangonearle, es un tipo egoísta y no tolera que nadie toque
nada de su propiedad.
Realmente la posada es un
sitio idoneo para sus servicios, nunca escamotean en destrucción y
salvajismo y la posada esta en el cruce de unos caminos secundarios,
lo más cercano son unas aldeas pequeñas así que no habrá nada de
guardias, un trabajo rápido y podrán marcharse a otro lugar. Cobran
la mitad por adelantado, su fama les precede y aquellos que quieren
su servicio apoquinan de buen grado. Según la información del
comerciante su mujer aún tardará una hora en llegar, así que
deciden prepararse. Entran en la taberna de la posada haciendo su
entrada triunfal, un estruendoso portazo y gritos de ¡jarra ya! Los
parroquianos pierden el aliento al verlos, imponen y atemorizan, su
imagen no da para menos. Imagina dos ogros de mas de dos metros bien
pertrechados con armas tan grandes que los débiles humanos no
imaginan ni alzar, sus cuerpos están surcados por infinidad de
cicatrices ganadas en cientos o quizás miles (a los ogros les
cuestan las matemáticas) de pelas, trifulcas y batallas.
Spyke va armado en su
brazo izquierdo con un guantelete de combate "decorado" por
él mismo por un sinfín de clavos, parece un armadillo de metal y
guerra. En la derecha una enorme porra tachonada, si te fijas unos
segundos descubres que en realidad no es mas que es un tronco
arrancado y reforzado o como ellos dirían "decorado",
tosco pero brutal y eficaz.
Stryke maneja una almádena
que no cabe derecha por la puerta, no es que sea habilidoso en su
manejo ¿pero acoso eso le hace falta? La fuerza de sus golpes es
como un terremoto imparable y devastadora.
Los dos se sientan y
tragan la bebida sin parar una jarra tras otra, se gastan todo el
dinero pero eso no les preocupa al final de la noche volverán a
tener otra vez la bolsa llena para seguir gastando. Sus ojos ya están
rojos listos para trabajar. Por la puerta de forma más disimulada
entra una pareja en la taberna, hacen una señal al posadero y este
les entrega una llave, suben al piso de arriba ya tenían la
habitación reservada. Spike y Strike sonríen, su diversión ha
llegado y menos mal que ya ha llegado la perspectiva de quedarse sin
bebida los estaba poniendo tensos.
Suben las escaleras y
llegan al corredor, es alargado oscuro y sucio, algo habitual en este
tipo de sitios apartados. Escuchan atentamente hasta localizar la
puerta correcta. Stryke da una patada a la puerta y la hace volar en
astillas, Spyke entra a la carrera es como una estampida pero no hay
nadie dentro. Se miran atorados, ¿atorar? De verdad crees que un
ogro conocería este verbo, en fin que importa, les han mentido, les
han jodido y ahora están cabreados. El resto de puertas se abren a
la vez y de cada una de ellas salen dos guerreros bien armados y
prestas sus armas, son diez en total les rodean rápidamente. Han
caído en la trampa. Ambos hermanos rugen encolerizados, se erizan
como fieras salvajes están resueltos a dar una lección. Todo será
destruido, todo arderá. Tienen una fama que deben hacerse respetar,
deben mandar un mensaje y solo conocen un lenguaje, la brutalidad.
Rugen y cargan al unísono.
La sinfonía estalla el choque del acero es la melodía principal, le
acompaña el silbar de las saetas y los gritos le hacen el
contrapunto. Spyke bloquea una espada con el guantelete, engancha el
arma del oponente en los clavos, le baja la guardia y agarra la
cabeza de su contrincante, introduce el pulgar en el ojo y aprieta
hasta aplastar casco y cráneo, los sesos salpican la pared. Uno
menos. Stryke hace un barrido, un guerrero salta el golpe, otro se
agacha pero un tercero no reacciona a tiempo y el impacto destroza
armadura y costillas, medio tronco se le convierte en pulpa. Spyke
lanza un golpe de arriba abajo acertando en el blanco, rompe cráneo,
cuello y columna. Un virotazo acierta en el costado de Stryke no
siente el dolor sino que se enfurece aún más, carga a por el
ballestero apartando a manotazos a los que no consiguen esquivarle.
El ballestero se hace consciente de su necedad, estas bestias no
pueden ser derrotadas. El miedo se hace presa de los guerreros, los
hermanos son los solistas y en unos segundos terminan el primer
tiempo.
Spyke y Stryke cogen
aliento alzan sus armas y las golpean contra el suelo, abriendo un
boquete por el que saltan a la taberna. El segundo tiempo da
comienzo, un adagio calmado en la taberna, los parroquianos asustados
desconocedores de lo que ocurre intentan esconderse donde pueden. Los
hermanos saltan de uno a otro, esta siendo una excelente melodía. Se
hace el silencio que anuncia el final de la obra, ya solo queda aquel
humano sin honor que los ha llevado a esta trampa. Ambos cargan
contra la pared y atraviesan la pared de madera. Aquel gordo
traicionero en cuanto oyó el ruido de la pelea supo que iba mal,
intenta desesperadamente desatar las correas del caballo que había
puesto en el poste, el miedo y los nervios le traicionan, es incapaz
de deshacerlos. Cuando los hermanos surgen entre la nube de astillas
grita presa del pánico, su grito es agudo y estridente como el de
los cerdos. El instinto de supervivencia le otorga una oportunidad,
le da la presteza para coger la ballesta que guarda en la alforjas de
su caballo, cargada por si acaso se tuercen las cosas. Sin lugar a
dudas es un buen momento para probar puntería. Apunta, dispara y
erra el tiro, es patético. Los hermanos ríen ante la pésima imagen
que ofrece el humano, sus carcajadas suenan como truenos y asustan al
caballo, este se encabrita y derriba al hombre. Tranquilamente los
hermanos se acercan, Spyke registra en busca del dinero, Stryke
acerca su cara y le mira fijamente a los ojos.
-Gracias por la fiesta,
hacia tiempo que no nos divertíamos tanto.
Justo después pone sus
dos manos en el cuello y tira con las dos en direcciones opuestas
hasta arrancarle la cabeza. Saquean la posada y se llevan lo que
quieren, luego le dan fuego a todo. Antes de irse en mitad del camino
preparan una estaca donde empalan la cabeza del cerdo traicionero.
Eligen a suertes el camino
a seguir, no les importa la dirección saben que allá donde van
encuentran lo que quieren.
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