martes, 25 de noviembre de 2014

Skype y Stryke: El mensaje

En el recodo de un camino tres sombras conversan. El rechoncho humano sudoroso por el temor que infunden sus interlocutores espera la respuesta de estos. Spyke y Stryke se miran, miran al humano un tapón seboso. Cada segundo que pasa sin que respondan suda más el cerdo. Finalmente sonríen socarronamente y aceptan el trabajo, lo harían gratis a ellos solo les gusta el camorrismo y las cervezas, pero por desgracia las cervezas no se encuentran gratis como una pelea en el callejón de atrás de una tasca. Quieren el dinero porque en el fondo también les gusta.
El humano, un mercader adinerado les explica el plan, su mujer le es infiel y ha descubierto donde se verá esta noche con su amante. Él les conducirá a un posada de cruce de caminos donde deberán darle una lección a su mujer y eliminar al necio que ha tratado mangonearle, es un tipo egoísta y no tolera que nadie toque nada de su propiedad.

Realmente la posada es un sitio idoneo para sus servicios, nunca escamotean en destrucción y salvajismo y la posada esta en el cruce de unos caminos secundarios, lo más cercano son unas aldeas pequeñas así que no habrá nada de guardias, un trabajo rápido y podrán marcharse a otro lugar. Cobran la mitad por adelantado, su fama les precede y aquellos que quieren su servicio apoquinan de buen grado. Según la información del comerciante su mujer aún tardará una hora en llegar, así que deciden prepararse. Entran en la taberna de la posada haciendo su entrada triunfal, un estruendoso portazo y gritos de ¡jarra ya! Los parroquianos pierden el aliento al verlos, imponen y atemorizan, su imagen no da para menos. Imagina dos ogros de mas de dos metros bien pertrechados con armas tan grandes que los débiles humanos no imaginan ni alzar, sus cuerpos están surcados por infinidad de cicatrices ganadas en cientos o quizás miles (a los ogros les cuestan las matemáticas) de pelas, trifulcas y batallas.

Spyke va armado en su brazo izquierdo con un guantelete de combate "decorado" por él mismo por un sinfín de clavos, parece un armadillo de metal y guerra. En la derecha una enorme porra tachonada, si te fijas unos segundos descubres que en realidad no es mas que es un tronco arrancado y reforzado o como ellos dirían "decorado", tosco pero brutal y eficaz.
Stryke maneja una almádena que no cabe derecha por la puerta, no es que sea habilidoso en su manejo ¿pero acoso eso le hace falta? La fuerza de sus golpes es como un terremoto imparable y devastadora.

Los dos se sientan y tragan la bebida sin parar una jarra tras otra, se gastan todo el dinero pero eso no les preocupa al final de la noche volverán a tener otra vez la bolsa llena para seguir gastando. Sus ojos ya están rojos listos para trabajar. Por la puerta de forma más disimulada entra una pareja en la taberna, hacen una señal al posadero y este les entrega una llave, suben al piso de arriba ya tenían la habitación reservada. Spike y Strike sonríen, su diversión ha llegado y menos mal que ya ha llegado la perspectiva de quedarse sin bebida los estaba poniendo tensos.
Suben las escaleras y llegan al corredor, es alargado oscuro y sucio, algo habitual en este tipo de sitios apartados. Escuchan atentamente hasta localizar la puerta correcta. Stryke da una patada a la puerta y la hace volar en astillas, Spyke entra a la carrera es como una estampida pero no hay nadie dentro. Se miran atorados, ¿atorar? De verdad crees que un ogro conocería este verbo, en fin que importa, les han mentido, les han jodido y ahora están cabreados. El resto de puertas se abren a la vez y de cada una de ellas salen dos guerreros bien armados y prestas sus armas, son diez en total les rodean rápidamente. Han caído en la trampa. Ambos hermanos rugen encolerizados, se erizan como fieras salvajes están resueltos a dar una lección. Todo será destruido, todo arderá. Tienen una fama que deben hacerse respetar, deben mandar un mensaje y solo conocen un lenguaje, la brutalidad.
Rugen y cargan al unísono. La sinfonía estalla el choque del acero es la melodía principal, le acompaña el silbar de las saetas y los gritos le hacen el contrapunto. Spyke bloquea una espada con el guantelete, engancha el arma del oponente en los clavos, le baja la guardia y agarra la cabeza de su contrincante, introduce el pulgar en el ojo y aprieta hasta aplastar casco y cráneo, los sesos salpican la pared. Uno menos. Stryke hace un barrido, un guerrero salta el golpe, otro se agacha pero un tercero no reacciona a tiempo y el impacto destroza armadura y costillas, medio tronco se le convierte en pulpa. Spyke lanza un golpe de arriba abajo acertando en el blanco, rompe cráneo, cuello y columna. Un virotazo acierta en el costado de Stryke no siente el dolor sino que se enfurece aún más, carga a por el ballestero apartando a manotazos a los que no consiguen esquivarle. El ballestero se hace consciente de su necedad, estas bestias no pueden ser derrotadas. El miedo se hace presa de los guerreros, los hermanos son los solistas y en unos segundos terminan el primer tiempo.
Spyke y Stryke cogen aliento alzan sus armas y las golpean contra el suelo, abriendo un boquete por el que saltan a la taberna. El segundo tiempo da comienzo, un adagio calmado en la taberna, los parroquianos asustados desconocedores de lo que ocurre intentan esconderse donde pueden. Los hermanos saltan de uno a otro, esta siendo una excelente melodía. Se hace el silencio que anuncia el final de la obra, ya solo queda aquel humano sin honor que los ha llevado a esta trampa. Ambos cargan contra la pared y atraviesan la pared de madera. Aquel gordo traicionero en cuanto oyó el ruido de la pelea supo que iba mal, intenta desesperadamente desatar las correas del caballo que había puesto en el poste, el miedo y los nervios le traicionan, es incapaz de deshacerlos. Cuando los hermanos surgen entre la nube de astillas grita presa del pánico, su grito es agudo y estridente como el de los cerdos. El instinto de supervivencia le otorga una oportunidad, le da la presteza para coger la ballesta que guarda en la alforjas de su caballo, cargada por si acaso se tuercen las cosas. Sin lugar a dudas es un buen momento para probar puntería. Apunta, dispara y erra el tiro, es patético. Los hermanos ríen ante la pésima imagen que ofrece el humano, sus carcajadas suenan como truenos y asustan al caballo, este se encabrita y derriba al hombre. Tranquilamente los hermanos se acercan, Spyke registra en busca del dinero, Stryke acerca su cara y le mira fijamente a los ojos.
-Gracias por la fiesta, hacia tiempo que no nos divertíamos tanto.
Justo después pone sus dos manos en el cuello y tira con las dos en direcciones opuestas hasta arrancarle la cabeza. Saquean la posada y se llevan lo que quieren, luego le dan fuego a todo. Antes de irse en mitad del camino preparan una estaca donde empalan la cabeza del cerdo traicionero.

Eligen a suertes el camino a seguir, no les importa la dirección saben que allá donde van encuentran lo que quieren.

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