miércoles, 19 de noviembre de 2014

El goblin en la ventana

En un bosque tranquilo un goblin descansa mientras devora un conejo. Disfruta de la comida es una especialidad goblin, la receta es conejo crudo. Con el último bocado arranca los últimos retazos de carne del muslo del animal, bebe un trago de licor negro y eructa saciado.
Pero este feliz goblin no es el que nos interesa, en una parte remota del mismo bosque otro goblin esta al acecho. A lo lejos ha visto una cabaña y esta resuelto a saquearla y acabar con quien sea. Se acerca cauteloso, moviéndose de matorral en matorral. Cachiporra en mano cada vez mas cerca, ya ve claramente la cabaña. La cabaña tiene una ventana por la que decide otear. ¡Pero alto! ¿Qué es ese ruido? Suena como una cascada pero no ha visto ningún riachuelo, pero no le importa, la cabaña ya esta a su alcance.
Se asoma por la ventana y lo que le sorprende no es lo que ve si no lo que oye. La cascada esta dentro de la cabaña, pero qué loco construiría una cabaña con una cascada dentro. Bah que mas dará que tenga o no cascada lo que importa es que tenga cosas de valor para rapiñar. Como por ejemplo la enorme amatista que reposaba sobre una estantería, conocía cierto comprador en la ciudad de los lagos que estaría encantado de hacerle un buen precio por semejante piedra.
Pero eso no era la más precioso que había en la cabaña. El ruido de la cascada cesa y lo que parecía una pared adornada con hojas se mueve, las hojas se deslizaron a un lado y entre el bao del agua caliente apareció una elfa de cabello cobrizo y ojos como amatistas. La elfa era hermosa entre las hermosas, voluptuosa sus caderas se sacuden al andar como un péndulo, apenas cubierta por toalla llega al centro de la habitación dando la espalda a la venta. La toalla se desliza como el manto estrellado en el crepúsculo dejando a la vista la espalda aun perlada por el agua. La elfa se acomoda en la cama encarándose a la ventana, le agradaba la brisa de la mañana sobre su piel, abre las piernas para que la brisa penetrase más en ella.
El goblin no lo duda, como hipnotizado deja caer la cachiporra y agarra su miembro tan duro como el arma que acaba de soltar. Al mismo tiempo la elfa acerca sus dedos a los labios, los besa para humedecerlos y posteriormente los acerca a sus labios mas íntimos. El goblin no para de sacudir su miembro, en su regodeo levanta la cabeza para disfrutar del momento final. Pero en un rápido movimiento imperceptible una cerbatana aparece en la mano de la elfa y en menos de un segundo el aguijón mortal vuela a la garganta del goblin. Un súbito golpe en el cuello lo hace detenerse, intenta decir algo pero solo logra balbucear un estertor mientras se desploma.
El último pensamiento del goblin fue el más común de entre su raza "nunca te fíes de un elfo".
La elfa otra vez tapada se acerca a la ventana y observa el cuerpo inerte del repulsivo goblin, lo que ese desgraciado no sabia es que por muy sigiloso que se moviese su pestazo se huele a cientos de metros.

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