Se sentaron junto al fuego, se miraban intensamente, cada
mirada avivaba el fuego.
Se hablaban con ternura, cada palabra avivaba el fuego.
Se acariciaron con suavidad, cada caricia avivaba el fuego.
Se abrazaron desnudos, cada abrazo avivaba más el fuego.
Se besaron húmedamente y el fuego les envolvió y mezcló sus
cenizas.
La diosa del agua observó como el dios del fuego mató a sus
hijos, cuando le preguntó porque lo había hecho este le respondió que por
envidia a que dos seres de agua pudiesen producir un calor más intenso que el
suyo.
La diosa al escuchar esto entró en locura y con toda
su ira condenó al dios del fuego a habitar en el corazón de todos los seres de
agua y cada vez que estos se unan, igual que las cenizas de los primeros se
juntaron hasta ser uno, él ardería más fuerte que nunca haciendoles sentir
vivos.
Naghí Agléshka
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