miércoles, 12 de noviembre de 2014

La yegua sedienta




No había más sangre en sus venas que en el filo de su hacha ni mas dolor en su cuerpo que en su alma y aunque el amargo sabor de cerveza aún se refugiaba entre sus encías la sed de combate se refugiaba en su corazón, el mismo corazón que un puto cuchillo acababa de traspasar dejándole más seco que la mojama tirado en ese maldito antro llamado “La yegua sedienta”. Menudo puzzle le habían dejado hecho, con su propia hacha le cortaron un brazo y la pierna le voló de rodilla para abajo en aquel espadazo que le asestó ese jodido enano, al menos cuando yacía medio muerto en el suelo tuvo un privilegio que solo unos pocos han podido experimentar y gozar y que aún muchos menos han podido contar después, el beso más dulce que los labios mas suaves pueden entregarte pese a habitar bajo la custodia de esa jodida mente criminal que se encargaría de regalar semejante beso y a su vez dar muerte  conduciendo su fría daga al vacío corazón. Los amigos de la víctima al ver la escena sencillamente se quedaron sentados con las jarras en la mano y decidieron al unísono, sin ni siquiera mediar palabra, que no intentarían vengar al camorrista de su amigo, “menudo gilipollas” pensó uno de ellos “¿y esto quien lo limpia?” pensó el tabernero, pero en general todos se hacían la misma pregunta “¿de donde coño han salido estos  tres?”.
Las preguntas bien saben llevarnos hasta algún lugar pero no vamos a seguir esta que se hicieron todos esos pobres diablos, pero posiblemente si que despertemos algunas preguntas a lo largo de nuestro camino, camino que algunos como ese pobre infeliz ya han abandonado.

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