jueves, 11 de diciembre de 2014

En el fondo de la jarra

La oscuridad se cierra sobre la ciudad como los malos pensamientos se cierran sobre mi cabeza. El bar esta lleno pero yo estoy solo, mientras ahogo mis penas en alcohol y miro el fondo de la jarra pensando si la solución rápida merece la pena. Pido otra jarra (ya no se cuantas van) suenan los Obús y un documental de osos grizzly en la televisión, sonrío con amargura y me la bebo de un trago.

Todo oscurece, todo se vuelve negro, todo gira. Sí, notó una sensación de movimiento como si todo a mi alrededor girase. Entonces luces, colores intensos brillan alrededor mio pero yo soy incapaz de verme las manos, los colores toman formas supernovas, galaxias y nebulosas aparecen ante mis ojos como si de un expositor de supermercado se tratase. Todo brilla, una luz blanca lo envuelve todo. De nuevo no veo nada, salvo que esta vez es el blanco lo que me rodea. Sigo notando mi cuerpo, cierro y abro mis manos, pataleo pero no ocurre nada. Entonces grito, no oigo nada pero veo mi voz, no se como explicarlo pero una nube grisácea surge por la parte baja de mi campo de visión. Esa nube gris rasga la realidad del blanco y crea un agujero que me succiona, notó la fuerza de la succión y noto como choco contra algo. Palpo una superficie lisa y tibia que se extiende, parece suelo. Abro los ojos la superficie es cristalina, me levanto y miro alrededor, la superficie se extiende como una planicie infinita, solo veo horizonte. Grito por desesperación y mi voz se pierde en el infinito, pero la superficie estalla en miles de millones de fragmentos de cristal que se arremolinan a mi alrededor. Cuando se disipan aparezco en una dimensión oscura pero iluminada por medusas luminiscentes de todos los colores posibles. Me siento liviano como si estuviese flotando, de hecho intento apoyarme y no puedo, estoy flotando. Miro alrededor mio y veo medusas luminiscentes y un elefante pero que de donde debería empezar el cuello tiene un tronco humano con sus dos brazos y cabeza pero de elefante, todo él esta cubierto por la piel gris de los elefantes. Me recuerda a los centauros, mitad hombre mitad caballo, salvo que en este caso es un elefante y sin cabeza humana. Pasa delante mio galopando en el espacio, en su lomo hay un mono y un erizo. El mono me señala y se ríe. Desaparecen de mi vista. Debo haber muerto, creo que es la única solución, sin duda alguna en mi borrachera elegí suicidarme y ahora esto es lo que hay después de la ida. De repente una sensación muy viva. Vértigo, siento como caigo hacia el infinito, el tiempo desaparece solo siento la caída. Ante mi aparece una brecha de luz, cada segundo de caída se hace mas intensa hasta que finalmente llego a ella.

Vuelvo a estar tumbado, esta vez la superficie es arenosa o rugosa, no sabría concretar. Me incorporo en la superficie y veo charcos espesos de color negro. Miro más lejos y veo una columna blanca que en su punta arde una llama, un edificio cristalino lleno de un liquido negro. Un momento. Estoy en un escritorio, ¡pero es enorme! ¿O yo soy diminuto? Entonces le veo, un gigante sentado al escritorio me mira.
-Eh tú ¿quién eres y qué haces en mi escritorio? Y además ¿porqué eres tan pequeño?
-Soy Adrián, y lo siento mucho señor gigante pero creo que no soy capaz de decirle nada más.
-Yo no soy ningún gigante, tu eres un ser diminuto que ha aparecido en mis papeles mientras escribía mi última obra, no es suficiente tener que lidiar con el calor del verano sino que además tengo que soportar estas distracciones.
-Lo siento mucho no quería molestarle señor gi... ¿cómo puedo dirigirme hacia usted?
-Mi nombre es William. Y bien ¿cómo ha llegado hasta aquí?
-Sinceramente no tengo ni idea señor William, todo me parece un sueño.
-¿Un sueño has dicho? Sí, un sueño suena bien. Me gusta la idea.

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