martes, 9 de diciembre de 2014

Una noche orca y un humano remilgado



El Melón es un bar muy concurrido entre seres de extraña índole y gustos peligrosos.
Algunos parecen intentar honrar al nombre del bar dedicándose a abrirle el melón a alguno que otro.
Un grupo de jóvenes orcos solía pasar a tomar alguna que otra copa, posiblemente eran los más balas perdidas esa noche en “El Melón”, además, había algún elfo pijo y humano remilgado.
Los jóvenes orcos reían y bebían sin parar, bromeaban y hablaban con la gente del lugar, concretamente se pusieron ha hablar con un remilgado humano quien no se creía que estos jóvenes orcos hubiesen peleado en el escuadrón Grut Hark, hacía poco tiempo atrás, contra la dorada legión elfa, en el pantano de Sombras Muertas.
Uno de ellos estaba apartado del grupo pidiendo un cuerno de Musgow, extraña y ardiente bebida que gusta a los orcos. Este al verlos hablar con el humano sobre el escuadrón Grut Hark, decidió sumarse a la conversación, dijo algo a uno de sus amigos, miró al humano y se lanzó hacía él. Un placaje en toda regla, humano y orco recorrieron una importante distancia, los orcos miraban el suceso completamente congelados en el tiempo ante el asombro y espontaneidad del suceso.
El humano mantuvo en vertical su hidromiel, su cuerpo en horizontal se precipitaba entre las sillas y mesas, la gente se tuvo que apartar apresuradamente para no ser embestida también. Al fin tocan suelo, el orco contemplaba como el humano había intentado proteger valerosamente su hidromiel de la caída, pero en el último momento al intentar dejarla en una silla, este chocó con el suelo y no pudo controlar el movimiento desparramando la mayor parte de hidromiel. El cuerpo del humano sonó como algo roto, el joven orco observó una mueca de dolor, pero una mirada inexpresiva hacía él.
Los amigos del humano miraron la escena como si se tratase de una actuación de teatro que no les gustaba nada, todas esas sillas por los aires, toda esa gente asombrada, el cuerpo tendido de su amigo bajo ese salvaje orco, seguramente eso, que su amigo estubiese en el suelo bajo el orco era lo que menos les gustaba a los humanos remilgados. 
El joven orco observó el cuerpo del humano tendido en el suelo y pensó “pobre humano… se ha quedado sin su preciada hidromiel”.
Se incorporó y tendió una mano para levantar al pobre humano quien seguía mirándole inexpresivamente. El joven orco se disculpó por haberle derramado la hidromiel y le invitó a otra, pero sus amigos seguían mirando mal al joven orco y el humano placado seguía con esa mirada inexpresiva en su rostro.
Los amigos del orco le preguntaron que por qué había hecho algo así. El joven orco no supo encontrar las palabras ni el que pasó por su cabeza, sencillamente lo hizo, creía que lo harían todos, era divertido suponía.
Los jóvenes orcos siguieron toda la noche de fiesta, bebiendo y destruyendo a partes iguales. Dicen que un joven orco estuvo tonteando con una elfa pero que esta decidió acabar con un troll, que otros se dedicaron ha hacer obscenas apuestas con vasos y alguno se dedicó a saquear las bebidas de otros clientes y cuentan que uno de ellos logró el don de desaparecer y aparecer a su antojo hasta que finalmente una fuerza superior le hizo no volver ha aparecer.
No es de extrañar, que cuando una noche se les va de las manos a los humanos, estos digan que ha sido una “noche orca”.

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