Grinjol no era precisamente un ser sociable, su mal humor y don para el crimen le hacían un ser solitario, tal y como el quería. Realmente el pueblo de los Felineses, o mal llamados Gatograndes, han sido siempre un poco reacios a relacionarse con otras razas. Apenas recordaba la última conversación que tuvo con alguien a quien después no matase. Las cicatrices en su cuerpo mostraban un ser que había tenido que aguantar el dolor físico hasta llegar a un extremo psicológico, apenas parecía de su raza, su cuerpo había cambiado igual que su mente. Su pasado esta lleno de sufrimiento, traición, sangre y muerte. No quedó lugar para el amor o el afecto, la supervivencia era lo más básico en su instinto y es la supervivencia la que le llevó hasta ese camino en que se encontraba.
Observó al final del camino, una posada y dos grandes seres,
seguramente unos trolls que se alejaban de ella empujándose el uno al otro y
bromeando en voz alta. Grinjol ya había visto a esos dos en anteriores
ocasiones y sabía muy bien que en la posada que dejaban atrás encontraría algo
de valor.
Abrió la puerta y pudo observar el tremendo estado en que se
encontraba la posada, el boquete en el techo, los cuerpos de los soldados
muertos y el tabernero andando de un lado para otro echándose las manos a la
cabeza y sin parar de murmurar para sí mismo.
Grinjol se acercó despacio, hacia los cuerpos caídos hasta
arrodillarse y quitarle a uno de ellos el yelmo que llevaba.
El tabernero entonces pareció darse cuenta que había alguien
más en la sala y se dirigió hacia Grinjol, “¿tu quien eres y que haces aquí?
Grinjol sin dejar de mirar el rostro del soldado contesto al
tabernero “soy quien va a pagar todos los desperfectos” entonces saco una
bolsita y extendió la mano hacia el tabernero, este se acercó sin dejar de
chillar quejándose de que un puñado de oro nunca podría reparar todo lo
ocurrido en su taberna, estiró la mano para coger la bolsita y en ese momento
Grinjol le cogió la mano estiro hacía él y con una sorprendente velocidad sacó
la daga y degolló al tabernero, quien quedo en el suelo chillando y sin cesar
de brotar sangre de su cuello.
“Vamos a ello”, dijo Grinjol. Recogió todos los cuerpos de
la taberna y todos sus pedazos, desnudó a las victimas y formó un círculo con
sus cuerpos. En medio solo la sangre que había abandonado sus cuerpos, en sus
estómagos dibujó con un cuchillo extraños símbolos, echó al centro del círculo
un poco de vino y unos extraños polvos que llevaba consigo. Salió del círculo y
sobre la mesa empezó a pronunciar unas extrañas palabras de otra época o
posiblemente de otro mundo, la sangre empezó a arder, como si de una
endemoniada hoguera se tratase. Cuando acabó la sangre se apagó, hasta el
brillo de la luna pareció apagarse.
Grinjol suspiró y abrió un maletín que llevaba consigo,
lleno de cuchillos, tijeras y otros artilugios.
“Una semana tardaré en confeccionarlo todo”. Efectivamente,
a la semana con la piel de las victimas había fabricado unos pantalones, una
chaqueta y una especie de casco o gorro.
Entraron unos soldados que hacían guardia por el camino y
habían visto que la posada estaba un tanto destrozada por fuera, pero lo que no
esperaban encontrar era el dantesco escenario que encontrarían dentro.
Grinjol que vestía sus nuevas mudas miró sorprendido a los
guardias los cuales no esperaba encontrarse, pero las sorpresas y los
desafortunados encuentros forman parte de su vida, así pues hizo lo que tenía
que hacer.
Los soldados desenvainaron sus espadas y un tercero acudió
al caballo para coger su escudo, los dos que quedaron dentro empezaron a
avanzar poco a poco, intentando acorralar a Grinjol, cuando llevaban
media sala recorrida entro el tercer soldado con el escudo y se situó en medio.
Grinjol sacó dos dagas y se dirigió hacía el centro de la
sala, entonces uno de los soldados atacó con el mandoble, Grinjol lo esquivó,
el otro también atacó con su mandoble pero la daga de Grinjol pudo desviar el
ataque, entonces el tercer soldado apartó el escudo y trato de abrirle el coco
con su maza, el golpe era directo, enérgico y Grinjol no podía esquivarlo,
cuando la maza iba a impactar, Grinjol desapareció, se evaporó.
El soldado que pensó que era inevitable el golpe al fallar
se desequilibró y se fue hacia delante como si la maza arrastrase su cuerpo. De
pronto apareció Grinjol al lado de uno de los soldados y lo degolló inmediatamente,
no le dio tiempo a reaccionar si quiera, los otros dos a pesar de la sorpresa y
la incertidumbre se incorporaron lo más rápido posible al combate, con velocidad
se lanzaron a por Grinjol, no querían que tuviese ninguna oportunidad para
atacarles, pero este volvió a desaparecer y reapareció justo detrás de los dos
soldados quienes murieron automáticamente al recibir las afiladas dagas en las
vértebras de su cuello.
Recogió sus cosas y aprovechó uno de los caballos que
dejaron los soldados para dirigirse a su destino. Sabía que matar al paladín
Tosban no sería fácil, pero la recompensa que le ofrecía el brujo por ello
merecía la pena. Aprender el arte de la nigromancia es algo que ni el dinero
puede pagar.
Naghí Agléshka
Naghí Agléshka
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