lunes, 1 de diciembre de 2014

Un mal presagio

El dragón llegó hace tres días, desde más allá del mar trajo fuego y destrucción. La aldea portuaria de Arsez fue la primera donde atacó. Los supervivientes cuentan que al principio vieron como un nubarrón oscuro en el cielo, pero era demasiado pequeño para ser una tormenta y pronto se dieron cuenta que se movía demasiado rápido, en unos segundos ya estaba encima suyo demasiado tarde para reaccionar. El dragón rugió como un trueno y se abalanzó como si de un tempestad se tratase. Los supervivientes cuentan con horror como el dragón cogía las barcas y las lanzaba contra las casas, cuando intentaban huir los sobrevolaba y empujaba de nuevo a la aldea. Era como un gato jugando con un ratón hasta que se cansó y asoló todo con su aliento de fuego, una bocanada y decenas de almas marcharon al cielo.

Los habitantes de Arsez acudieron aquí, a la ciudad de Sangtum buscando auxilio. El gobernante rápidamente mandó a la guardia para alertar al resto de aldeas del condado. En algunas la ayuda llegó a tiempo, en otras tarde y los que peor suerte tuvieron se toparon directamente con la bestia. Pese a su adiestramiento en combate, su valor y la voluntad para ayudar a las gentes de la aldea de Pletegs murieron bajo las garras y colmillos del dragón.
En el tercer día cuando la ruina amenazaba con llegarnos apareció él. Un elegido, un protector de débiles, un paladín de la orden del Sol Blanco. Apareció con la primera luz del alba a lomos de un pegaso con su armadura lustrada arrojando luz sobre la ciudad como un manto de esperanza, brillaba tanto que hacía envidiar al mismo sol. Dio varias vueltas a la ciudad saludando hasta que se acerco al campanario donde colgó un estandarte con el símbolo de su orden, para dejar claro que la ciudad estaba bajo su protección. Se marchó de la ciudad hacia el mar, voló y voló cada vez más alto para llamar la atención de la bestia.
Pasados un minutos la provocación surtió efecto y el dragón apareció en el cielo, el paladín cambio de trayectoria y apremio a su corcel alado dirigiéndose a la playa, lejos de cualquier población para evitar que la lucha causase más daño. El dragón batía con ansia sus alas aumentando a cada golpe su velocidad, cuando ya estaba encima del pegaso el paladín tiro de las riendas para que su montura hiciese un picado justo mientras el dragón daba una dentellada donde un segundo antes se encontraban ellos. Esquivado el primer embate del dragón remontó el vuelo para posteriormente lanzarse a por él con la lanza por delante. El dragón estaba ofuscado, pues era la primera vez que una presa le plantaba cara, lanzó un zarpazo para contraatacar la carga del paladín, pero este viró en el último momento y clavó su lanza en el hombro del dragón. El dragón aulló por primera vez en su vida de dolor, sin darle tiempo a respirar el paladín volvió a arremeter pero el dragón aprendía rápido y plegó sus aladas dejándose caer esquivando así la carga y volviendo a abrir las alas a pocos metros del suelo. El paladín no se amedrento y se tiro en picado a por él, el dragón que se volvía más astuto con forme avanzaba el combate batió frenéticamente sus alas cerca del suelo hasta levantar una nube de arena que lo cubriese. El paladín freno su caída antes de llegar a la nube, se quedó unos segundos suspendidos en el aire y derrepente un látigo colosal lo golpeó mandándolo al mar. El paladín se maldijo, había dejado que el dragón lo sorprendiese y había pagado las consecuencias, un coletazo que lo había desmontado. Aferrado a su lanza caía al mar, el golpe contra el mar lo dejó sin aliento creía que ya se ahogaba cuando volvió a ver el cielo, por fortuna el oleaje era muy fuerte y ola lo empujo hacia fuera. La ola rompió y el paladín chocó contra la orilla, se encontraba en una zona en la que por suerte apenas cubría por la cintura. Había perdido la lanza con la ola y no veía a su pegaso, pero aún no estaba derrotado, le quedaba su espada y escudo. El dragón otra vez en el cielo diviso a su rival, harto ya de él decidió sobrevolar al paladín para exhalar su aliento de fuego pero el paladín contaba con un encantamiento en su escudo que lo protegería del aliento de la bestia, así que se cubrió debajo del escudo mientras la llamarada pasaba sobre él.
El dragón creyéndose vencedor aterrizo en la playa pero el paladín salia del mar a la carrera, el dragón se quedo quieto por la sorpresa y no reaccionó cuando el paladín llegó a su altura y de un salto le atacó. El paladín volvió a golpear donde había acertado con la lanza y esta vez gracias a las dos heridas consiguió dejarle inútil una de las alas. No estaba lesionada permanentemente pero al menos no podría volver a volar en lo que quedaba de duelo. Ambos contendientes privados de su capacidad de vuelo lucharon en tierra alzando la arena con cada arremetida. El dragón intercambiaba zarpazo con dentelladas, pero el paladín era ágil y esquivaba cada ataque y de vez en cuando acertaba a darle a su oponente. Apenas eran rasguños para el dragón pero después de recibir unos cuantos notaba las magulladuras. El dragón volvió a probar su aliento otra vez pero el escudo encantado protegía al paladín. El paladín aprovecho que el dragón para escupir su fuego estaba quieto para avanzar, protegiéndose el frente con el escudo salió a la carrera y de entre las llamas del dragón surgió sin que lo hubiese visto venir. El paladín lanzó su ataque y cortó la garganta del dragón, un golpe certero y la bestia cayó finalmente abatida.


Inara se desprendió de su casco y su cabellera ondeo mecida por la brisa marina, empezó a desprenderse de la armadura mojada cuando algo la estremeció, un presagio. Miró detenidamente al dragón era pequeño, de hecho demasiado pequeño. Miró al mar y recordó los mapas de esta costa, no había nada cercano de donde pudiese provenir y el dragón era demasiado pequeño como para haber hecho un vuelo demasiado largo. Inara escrutó el mar preguntándose que podría estar ocurriendo y de donde podría haber surgido aquel dragón.

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