El dragón llegó hace
tres días, desde más allá del mar trajo fuego y destrucción. La
aldea portuaria de Arsez fue la primera donde atacó. Los
supervivientes cuentan que al principio vieron como un nubarrón
oscuro en el cielo, pero era demasiado pequeño para ser una tormenta
y pronto se dieron cuenta que se movía demasiado rápido, en unos
segundos ya estaba encima suyo demasiado tarde para reaccionar. El
dragón rugió como un trueno y se abalanzó como si de un tempestad
se tratase. Los supervivientes cuentan con horror como el dragón
cogía las barcas y las lanzaba contra las casas, cuando intentaban
huir los sobrevolaba y empujaba de nuevo a la aldea. Era como un gato
jugando con un ratón hasta que se cansó y asoló todo con su
aliento de fuego, una bocanada y decenas de almas marcharon al cielo.
Los habitantes de Arsez
acudieron aquí, a la ciudad de Sangtum buscando auxilio. El
gobernante rápidamente mandó a la guardia para alertar al resto de
aldeas del condado. En algunas la ayuda llegó a tiempo, en otras
tarde y los que peor suerte tuvieron se toparon directamente con la
bestia. Pese a su adiestramiento en combate, su valor y la voluntad
para ayudar a las gentes de la aldea de Pletegs murieron bajo las
garras y colmillos del dragón.
En el tercer día cuando
la ruina amenazaba con llegarnos apareció él. Un elegido, un
protector de débiles, un paladín de la orden del Sol Blanco.
Apareció con la primera luz del alba a lomos de un pegaso con su
armadura lustrada arrojando luz sobre la ciudad como un manto de
esperanza, brillaba tanto que hacía envidiar al mismo sol. Dio varias
vueltas a la ciudad saludando hasta que se acerco al campanario donde
colgó un estandarte con el símbolo de su orden, para dejar claro
que la ciudad estaba bajo su protección. Se marchó de la ciudad
hacia el mar, voló y voló cada vez más alto para llamar la
atención de la bestia.
Pasados un minutos la
provocación surtió efecto y el dragón apareció en el cielo, el
paladín cambio de trayectoria y apremio a su corcel alado
dirigiéndose a la playa, lejos de cualquier población para evitar
que la lucha causase más daño. El dragón batía con ansia sus alas
aumentando a cada golpe su velocidad, cuando ya estaba encima del
pegaso el paladín tiro de las riendas para que su montura hiciese un
picado justo mientras el dragón daba una dentellada donde un segundo
antes se encontraban ellos. Esquivado el primer embate del dragón
remontó el vuelo para posteriormente lanzarse a por él con la lanza
por delante. El dragón estaba ofuscado, pues era la primera vez que
una presa le plantaba cara, lanzó un zarpazo para contraatacar la
carga del paladín, pero este viró en el último momento y clavó su
lanza en el hombro del dragón. El dragón aulló por primera vez en
su vida de dolor, sin darle tiempo a respirar el paladín volvió a
arremeter pero el dragón aprendía rápido y plegó sus aladas
dejándose caer esquivando así la carga y volviendo a abrir las alas
a pocos metros del suelo. El paladín no se amedrento y se tiro en
picado a por él, el dragón que se volvía más astuto con forme
avanzaba el combate batió frenéticamente sus alas cerca del suelo
hasta levantar una nube de arena que lo cubriese. El paladín freno
su caída antes de llegar a la nube, se quedó unos segundos
suspendidos en el aire y derrepente un látigo colosal lo golpeó
mandándolo al mar. El paladín se maldijo, había dejado que el
dragón lo sorprendiese y había pagado las consecuencias, un
coletazo que lo había desmontado. Aferrado a su lanza caía al mar,
el golpe contra el mar lo dejó sin aliento creía que ya se ahogaba
cuando volvió a ver el cielo, por fortuna el oleaje era muy fuerte y
ola lo empujo hacia fuera. La ola rompió y el paladín chocó contra
la orilla, se encontraba en una zona en la que por suerte apenas
cubría por la cintura. Había perdido la lanza con la ola y no veía
a su pegaso, pero aún no estaba derrotado, le quedaba su espada y
escudo. El dragón otra vez en el cielo diviso a su rival, harto ya
de él decidió sobrevolar al paladín para exhalar su aliento de
fuego pero el paladín contaba con un encantamiento en su escudo que
lo protegería del aliento de la bestia, así que se cubrió debajo
del escudo mientras la llamarada pasaba sobre él.
El dragón creyéndose
vencedor aterrizo en la playa pero el paladín salia del mar a la
carrera, el dragón se quedo quieto por la sorpresa y no reaccionó
cuando el paladín llegó a su altura y de un salto le atacó. El
paladín volvió a golpear donde había acertado con la lanza y esta
vez gracias a las dos heridas consiguió dejarle inútil una de las
alas. No estaba lesionada permanentemente pero al menos no podría
volver a volar en lo que quedaba de duelo. Ambos contendientes
privados de su capacidad de vuelo lucharon en tierra alzando la arena
con cada arremetida. El dragón intercambiaba zarpazo con dentelladas,
pero el paladín era ágil y esquivaba cada ataque y de vez en cuando
acertaba a darle a su oponente. Apenas eran rasguños para el dragón
pero después de recibir unos cuantos notaba las magulladuras. El
dragón volvió a probar su aliento otra vez pero el escudo encantado
protegía al paladín. El paladín aprovecho que el dragón para
escupir su fuego estaba quieto para avanzar, protegiéndose el frente
con el escudo salió a la carrera y de entre las llamas del dragón
surgió sin que lo hubiese visto venir. El paladín lanzó su ataque y
cortó la garganta del dragón, un golpe certero y la bestia cayó
finalmente abatida.
Inara se desprendió de su
casco y su cabellera ondeo mecida por la brisa marina, empezó a
desprenderse de la armadura mojada cuando algo la estremeció, un
presagio. Miró detenidamente al dragón era pequeño, de hecho
demasiado pequeño. Miró al mar y recordó los mapas de esta costa,
no había nada cercano de donde pudiese provenir y el dragón era
demasiado pequeño como para haber hecho un vuelo demasiado largo.
Inara escrutó el mar preguntándose que podría estar ocurriendo y
de donde podría haber surgido aquel dragón.
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