Es de noche en la ciudad y
una sombra se desliza de esquina en esquina. Evita las patrullas,
evita los últimos transeúntes, sabe moverse sin ser visto. Aunque
le estuvieses buscando no lo verías. Sabe a donde tiene que
dirigirse, lo tiene todo planeado: la ruta, el acceso, los peligros y
el objetivo. Se agazapa en un portal y observa, enfrente suyo esta el
puente que cruza el canal. Espera unos momentos y ahí esta la
patrulla de la guardia como lo tenia calculado. Aguarda a que se
marchen y de un salto llega al borde del canal, abajo están las
aguas y los correderos cercanos al nivel del agua. Se descuelga al
corredor y continua su marcha, cien metros adelante sabe que esta el
acceso.
El acceso es una alcantarilla en la pared del canal con el
único inconveniente que esta al lado de una de las puertas
secundarias de la cárcel y siempre están vigiladas. Pero esto es un
problema solo si no estas preparado, saca un saquillo y aferrando
solo el cordel lo lanza. El saquillo se abre en el trayecto y esparce
su contenido sobre los dos guardias, un montón de fino polvo de
color morado. A los guardias les da tiempo a poco mas que sacudirse
el polvo de los ojos antes de caer al suelo dormidos, dormirán
durante al menos diez horas ya que el polvo era loto morado, un
fuerte somnífero.
Sin nadie mas que le pueda
ver entra en la alcantarilla, es sucia y maloliente pero eso ya sabia
que seria así. Avanza por la alcantarilla recto, derecha y luego
izquierda, sabe perfectamente que camino seguir. La alcantarilla se
amplia bruscamente en una gran sala que tiene la función de
comunicar los distintos tramos de alcantarilla. Tiene que cruzar al
otro lado pero de repente unos ojos en la oscuridad le observan,
sonríe, contaba con ellos pero esperaba no tener que encontraselos.
Hombres-rata, habitantes de las alcantarillas, carroñeros de las
ciudades y peligrosos asaltantes. Nuestra sombra misteriosa desvela
su identidad, abre la boca y muestra unos afilados colmillos y sus
ojos brillan con un tono anaranjado en la oscuridad. Es un metaformo,
de apariencia humana pero con la capacidad de transformarse en animal
a voluntad, ya sea de forma total o parcial, este en concreto es de
la clase felino. Pero su apariencia felina no amedrenta a sus
acechantes que confiados por su numero saltan y corren a por él. El
metamorfo gira sobre si mismo lanzando un abanico de cuchillos que
acierta en varios hombres-rata, da un pirueta esquivando los primeros
ataques y al caer lanza otro par de cuchillos que aciertan en su
objetivo. Ambas especies son ágiles y los tajos y las volteretas se
combinan en un espectáculo acrobático-sangriento. En apenas unos
segundos el gato se ha comido a los ratones, respira profundamente y
vuelve a su apariencia humana. El metaformo sigue su camino por las
alcantarillas hasta llegar a su destino. En apariencia se ha detenido
frente a un simple pared, pero él conoce el truco. De su bolsa saca
un saquillo con polvo de plata que esparce por la pared y como le
habían dicho aparece ante él la cerradura oculta, en la pared se
forma un disco y siguiendo las instrucciones realiza la combinación
de giros para abrir la puerta.
Ante el se abre un pasillo
que lo llevara a unas estancias hace siglos abandonadas, un nivel
oculto de los sótanos de la torre de magia, largo tiempo olvidadas
por sus moradores. Al final del pasillo esta vez sí una puerta
visible, la examina detenidamente, tiene un encantamiento trampa. De
la bolsa saca una piedra gris con surcos grabados, deja la piedra en
el suelo cerca de la puerta y pronuncia unas palabras incompresibles.
Los surcos de la piedra refulgen en azul iluminando la puerta, de
esta empiezan a emanar haces de color rojo que son absorbidos por la
luz azul de la piedra. La puerta ya es segura y con unas simples
ganzúas se abre. Entra en una habitación donde toda la pared desde
el suelo al techo esta cubierta por estanterías repletas de libros,
lo que busca no esta aquí así que pasa a la siguiente sala sin
miramientos. Un distribuidor en forma pentagonal, tres de las otras
puertas son como por la que ha pasado, de madera corriente sin
encantamientos pero la quinta es de hierro de doble hoja y detrás
esta el objetivo. Sonriendo con la satisfacción del trabajo bien
hecho camina hacia a la puerta esquivando unos escombros de mármol
verde que hay en el suelo del distribuidor. La puerta es muy sólida
parece imposible forzarla, pero de nuevo se saca un truco de la
bolsa. Esta vez son cuatro piedras rojas que con otra vez una palabra
mágica quedan fijadas en el hierro formando un cuadrado, de las
piedras salen cuatro rayos rojos conectándolas y el calor cada vez
se hace mas intenso hasta que el cuadrado de luz perfora la puerta
creando una apertura. El metamorfo sonríe, solo queda un paso más
para el objetivo. De repente un ruido
inesperado, parece un desprendimiento de rocas y luego una voz.
-No esta autorizado el
paso a esa estancia -la voz suena grave y apagada, como quien habla
desde el fondo de una cueva.
El metaformo entra en
alerta, tensa los músculos y se concreta, esto no lo tenia previsto.
Se gira y en el centro de la estancia hay un gólem de mármol verde
que medirá unos dos metros y medio de altura. Esto es malo, muy malo
se dice. El gólem le lanza un puñetazo, lo esquiva de un salto
gracias a su agilidad felina, sin duda alguna ese golpe le hubiese
arrancado la cabeza del sitio. Se maldice por su descuido, su falta
de previsión. Pero no esta todo perdido, por algo él es el mejor
para estas misiones. Aun le queda el último recurso para situaciones
desesperadas y este gólem guardián es una situación desesperada.
Saca un frasco de su bolsillo, el líquido del interior es oscuro y
brilla como el metal. Lo bebe de un trago y la metamorfosis sucede,
el elixir del coloso de acero funciona, aumenta en tamaño y volumen,
adopta un forma híbrida de humano y felino, su constitución es
humana pero con rasgos felinos, sus garras se vuelven de acero
afilado y su fuerza se multiplica por diez. La pelea entre estas dos
moles da comienzo, la nueva fuerza del metamorfo equivale a la del
gólem, pero este es realmente duro y sus garras no logran causar
daño alguno, por suerte sabe como enfrentarse a un gólem. El
metamorfo se coloca de un salto detrás del gólem se agacha y
prepara su próximo golpe, el gólem gira sobre si mismo y el
metamorfo golpea, de una patada voladora lanza hacia atrás al gólem
que se estampa contra la pared. La pared se rompe y el gólem queda
atrapado en los escombros, permanecerá inmovilizado un tiempo a si
que ha de acabar rápido. A la carrera lanza un zarpazo a la boca del
gólem, esta salta en varios pedazos y del interior cae un papel. El
gólem ya no se mueve más, parece solo una estatua. El encantamiento
que da vida al gólem ahora no es más que un trozo de papel con
garabatos en el suelo.
Con un grito vuelve a su
forma normal, se ajusta sus ropas rasgadas y respira tranquilo. Entra
en la habitación de las puertas de hierro, un laboratorio mágico
sacado de las pesadillas más tenebrosas. Da verdadero pánico estar
dentro pero de una sacudida de cabeza se saca estos pensamientos. Al
final sobre un pedestal esta el objetivo. Una urna de cristal que
durante siglos a protegido del desgaste a un cráneo que por la forma
parece a un ser antropomórfico, pero sus formas son totalmente
terroríficas. Guarda la urna en su bolsa y se marcha, sale con
facilidad del sótano, de las alcantarillas, se escabulle del canal y
vuelve a fundirse con las sombras de la ciudad. Otra noche más y
otro trabajo bien hecho.
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