martes, 9 de diciembre de 2014

Gato nocturno

Es de noche en la ciudad y una sombra se desliza de esquina en esquina. Evita las patrullas, evita los últimos transeúntes, sabe moverse sin ser visto. Aunque le estuvieses buscando no lo verías. Sabe a donde tiene que dirigirse, lo tiene todo planeado: la ruta, el acceso, los peligros y el objetivo. Se agazapa en un portal y observa, enfrente suyo esta el puente que cruza el canal. Espera unos momentos y ahí esta la patrulla de la guardia como lo tenia calculado. Aguarda a que se marchen y de un salto llega al borde del canal, abajo están las aguas y los correderos cercanos al nivel del agua. Se descuelga al corredor y continua su marcha, cien metros adelante sabe que esta el acceso. 

El acceso es una alcantarilla en la pared del canal con el único inconveniente que esta al lado de una de las puertas secundarias de la cárcel y siempre están vigiladas. Pero esto es un problema solo si no estas preparado, saca un saquillo y aferrando solo el cordel lo lanza. El saquillo se abre en el trayecto y esparce su contenido sobre los dos guardias, un montón de fino polvo de color morado. A los guardias les da tiempo a poco mas que sacudirse el polvo de los ojos antes de caer al suelo dormidos, dormirán durante al menos diez horas ya que el polvo era loto morado, un fuerte somnífero.
Sin nadie mas que le pueda ver entra en la alcantarilla, es sucia y maloliente pero eso ya sabia que seria así. Avanza por la alcantarilla recto, derecha y luego izquierda, sabe perfectamente que camino seguir. La alcantarilla se amplia bruscamente en una gran sala que tiene la función de comunicar los distintos tramos de alcantarilla. Tiene que cruzar al otro lado pero de repente unos ojos en la oscuridad le observan, sonríe, contaba con ellos pero esperaba no tener que encontraselos. Hombres-rata, habitantes de las alcantarillas, carroñeros de las ciudades y peligrosos asaltantes. Nuestra sombra misteriosa desvela su identidad, abre la boca y muestra unos afilados colmillos y sus ojos brillan con un tono anaranjado en la oscuridad. Es un metaformo, de apariencia humana pero con la capacidad de transformarse en animal a voluntad, ya sea de forma total o parcial, este en concreto es de la clase felino. Pero su apariencia felina no amedrenta a sus acechantes que confiados por su numero saltan y corren a por él. El metamorfo gira sobre si mismo lanzando un abanico de cuchillos que acierta en varios hombres-rata, da un pirueta esquivando los primeros ataques y al caer lanza otro par de cuchillos que aciertan en su objetivo. Ambas especies son ágiles y los tajos y las volteretas se combinan en un espectáculo acrobático-sangriento. En apenas unos segundos el gato se ha comido a los ratones, respira profundamente y vuelve a su apariencia humana. El metaformo sigue su camino por las alcantarillas hasta llegar a su destino. En apariencia se ha detenido frente a un simple pared, pero él conoce el truco. De su bolsa saca un saquillo con polvo de plata que esparce por la pared y como le habían dicho aparece ante él la cerradura oculta, en la pared se forma un disco y siguiendo las instrucciones realiza la combinación de giros para abrir la puerta.
Ante el se abre un pasillo que lo llevara a unas estancias hace siglos abandonadas, un nivel oculto de los sótanos de la torre de magia, largo tiempo olvidadas por sus moradores. Al final del pasillo esta vez sí una puerta visible, la examina detenidamente, tiene un encantamiento trampa. De la bolsa saca una piedra gris con surcos grabados, deja la piedra en el suelo cerca de la puerta y pronuncia unas palabras incompresibles. Los surcos de la piedra refulgen en azul iluminando la puerta, de esta empiezan a emanar haces de color rojo que son absorbidos por la luz azul de la piedra. La puerta ya es segura y con unas simples ganzúas se abre. Entra en una habitación donde toda la pared desde el suelo al techo esta cubierta por estanterías repletas de libros, lo que busca no esta aquí así que pasa a la siguiente sala sin miramientos. Un distribuidor en forma pentagonal, tres de las otras puertas son como por la que ha pasado, de madera corriente sin encantamientos pero la quinta es de hierro de doble hoja y detrás esta el objetivo. Sonriendo con la satisfacción del trabajo bien hecho camina hacia a la puerta esquivando unos escombros de mármol verde que hay en el suelo del distribuidor. La puerta es muy sólida parece imposible forzarla, pero de nuevo se saca un truco de la bolsa. Esta vez son cuatro piedras rojas que con otra vez una palabra mágica quedan fijadas en el hierro formando un cuadrado, de las piedras salen cuatro rayos rojos conectándolas y el calor cada vez se hace mas intenso hasta que el cuadrado de luz perfora la puerta creando una apertura. El metamorfo sonríe, solo queda un paso más para el objetivo. De repente un ruido inesperado, parece un desprendimiento de rocas y luego una voz.
-No esta autorizado el paso a esa estancia -la voz suena grave y apagada, como quien habla desde el fondo de una cueva.
El metaformo entra en alerta, tensa los músculos y se concreta, esto no lo tenia previsto. Se gira y en el centro de la estancia hay un gólem de mármol verde que medirá unos dos metros y medio de altura. Esto es malo, muy malo se dice. El gólem le lanza un puñetazo, lo esquiva de un salto gracias a su agilidad felina, sin duda alguna ese golpe le hubiese arrancado la cabeza del sitio. Se maldice por su descuido, su falta de previsión. Pero no esta todo perdido, por algo él es el mejor para estas misiones. Aun le queda el último recurso para situaciones desesperadas y este gólem guardián es una situación desesperada. Saca un frasco de su bolsillo, el líquido del interior es oscuro y brilla como el metal. Lo bebe de un trago y la metamorfosis sucede, el elixir del coloso de acero funciona, aumenta en tamaño y volumen, adopta un forma híbrida de humano y felino, su constitución es humana pero con rasgos felinos, sus garras se vuelven de acero afilado y su fuerza se multiplica por diez. La pelea entre estas dos moles da comienzo, la nueva fuerza del metamorfo equivale a la del gólem, pero este es realmente duro y sus garras no logran causar daño alguno, por suerte sabe como enfrentarse a un gólem. El metamorfo se coloca de un salto detrás del gólem se agacha y prepara su próximo golpe, el gólem gira sobre si mismo y el metamorfo golpea, de una patada voladora lanza hacia atrás al gólem que se estampa contra la pared. La pared se rompe y el gólem queda atrapado en los escombros, permanecerá inmovilizado un tiempo a si que ha de acabar rápido. A la carrera lanza un zarpazo a la boca del gólem, esta salta en varios pedazos y del interior cae un papel. El gólem ya no se mueve más, parece solo una estatua. El encantamiento que da vida al gólem ahora no es más que un trozo de papel con garabatos en el suelo.

Con un grito vuelve a su forma normal, se ajusta sus ropas rasgadas y respira tranquilo. Entra en la habitación de las puertas de hierro, un laboratorio mágico sacado de las pesadillas más tenebrosas. Da verdadero pánico estar dentro pero de una sacudida de cabeza se saca estos pensamientos. Al final sobre un pedestal esta el objetivo. Una urna de cristal que durante siglos a protegido del desgaste a un cráneo que por la forma parece a un ser antropomórfico, pero sus formas son totalmente terroríficas. Guarda la urna en su bolsa y se marcha, sale con facilidad del sótano, de las alcantarillas, se escabulle del canal y vuelve a fundirse con las sombras de la ciudad. Otra noche más y otro trabajo bien hecho.

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