Érase una vez, una sonrisa que vivía en el mundo de las
caras tristes, pero ella odiaba el mundo en el que vivía, y se dispuso a
emprender un viaje en busca de nuevos amigos.
La primera parada, fue en el mundo de las miradas; allí,
podía encontrarse todo tipo de ojos mirando y deambulando de allí para acá como
si estuvieran un extraño partido de tenis, algunos vigorosos y otros alegres.
Esta sonrisa, subió a la montaña que presidía aquel extraño lugar, llamado por
los habitantes del lugar "El Colorado Mesosómico" donde habitaban
unos ojos perdidos, una vez llego la sonrisa a la cumbre del Colorado
Mesosómico, vislumbro la cabaña en la que habitaba esa mirada. Pocas veces se
había visto a la sonrisa pausar su incesante actividad de contentar a quien la
veía, pero hasta ella quedó impactada ante aquella visión; dos profundos ojos
se alzaban sobre ella como si un eclipse se hubiera cernido sobre aquel lugar,
la contemplaba con curiosidad, siempre desde una distancia prudencial y a
menudo con tan solo el reojo se la veía observar. La sonrisa y la mirada se
fueron conociendo y pronto, emprenderían esta vez juntas de nuevo la aventura.
El próximo destino era un peligroso paraje del que según contaban las leyendas,
ascendían finas hebras del mas ardiente fuego jamás conocido por el hombre, un
territorio salvaje donde algún incauto ya había dejado cicatriz. No tardaron la
sonrisa y la mirada en vislumbrar en el cielo aquellos hilos flameantes,
empezaron a correr despavoridos como alma que lleva el diablo hasta
resguardarse en el Fleco norte. Pero no tendría tanta suerte nuestra extraña
pareja, a mitad de la oscura noche, apareció la bruja Erove quien envidiando a
aquellos preciosos y extraños seres, los capturo de manera que nunca pudieran
huir de aquel mágico lugar, petrificándolos y escondiéndolos bajo unas
enredaderas hasta que un fuerte y valeroso caballero fuera capaz de apartarlas
y hacerlas despertar.
Daru
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