lunes, 29 de diciembre de 2014

Papel mojado.



No hace mucho, bajo la mesa de aquella taberna me encontré con un papel en el que pude leer lo siguiente:
“Entre los dedos se escapa el poco aire que tiene la esperanza de coger y poder masticar entre los dientes ya cansados de anclarse en un mar de dudas, el mar que nunca esta en calma pretende desbordarse de su limitado horizonte e inundar desiertos regados con soluciones y alegrías, donde las tormentas de interrogantes se alzan hacía un cielo en calma, en calma y pesado, que amenaza con derrumbarse sobre nuestra felicidad. Por encima se alza el Sol condenado por su propia luz a no poder ver las estrellas que le rodean y sobre él un oscuro cosmos envuelve una pequeña flor que acaba de nacer en un basto valle y en su cáliz alberga la esperanza de un mundo más bello, posiblemente para la flor el mundo solo sea ella misma, posiblemente sea el único mundo realmente bello que podríamos imaginar.
Quizás seamos nosotros mismos el aire que se nos escapa de entre los dedos, quizás seamos nosotros mismos un mar de dudas, quizás seamos un desierto de soluciones, quizás seamos un cielo precipitándose con todo su peso sobre la felicidad, quizás nuestra luz nos prive de las estrellas, quizás seamos la oscuridad que nos envuelve, quizás nunca nos hemos parado a pensar que en este basto valle nosotros seamos la flor en la que reside la belleza.
Quizás...”
No supe nunca como seguía, pues el mal estado del resto del papel mojado por cerveza se deshizo entre mis dedos, pero he de reconocer, que no me supo a poco su lectura.



Naghí Agleshká

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