No hace mucho, bajo la mesa de aquella taberna me encontré
con un papel en el que pude leer lo siguiente:
“Entre los dedos se escapa el poco aire que tiene la
esperanza de coger y poder masticar entre los dientes ya cansados de anclarse
en un mar de dudas, el mar que nunca esta en calma pretende desbordarse de su
limitado horizonte e inundar desiertos regados con soluciones y alegrías, donde
las tormentas de interrogantes se alzan hacía un cielo en calma, en calma y
pesado, que amenaza con derrumbarse sobre nuestra felicidad. Por encima se alza
el Sol condenado por su propia luz a no poder ver las estrellas que le rodean y
sobre él un oscuro cosmos envuelve una pequeña flor que acaba de nacer en un
basto valle y en su cáliz alberga la esperanza de un mundo más bello,
posiblemente para la flor el mundo solo sea ella misma, posiblemente sea el
único mundo realmente bello que podríamos imaginar.
Quizás seamos nosotros mismos el aire que se nos escapa de
entre los dedos, quizás seamos nosotros mismos un mar de dudas, quizás seamos
un desierto de soluciones, quizás seamos un cielo precipitándose con todo su
peso sobre la felicidad, quizás
nuestra luz nos prive de las estrellas, quizás seamos la oscuridad que nos envuelve, quizás nunca nos hemos parado a pensar
que en este basto valle nosotros seamos la flor en la que reside la belleza.
Quizás...”
No supe nunca como seguía, pues el mal estado del resto del
papel mojado por cerveza se deshizo entre mis dedos, pero he de reconocer, que no me supo a poco su lectura.
Naghí Agleshká
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