viernes, 12 de diciembre de 2014

Los Mundos de Inmundo (1)



Poco podía quedar de ese mundo que se había creado el joven Inmundo, todo comenzó aquel día en que todo lo que podía salir mal, salió mal y todo lo que podía salir bien, salió mal. Ese fatídico 8-N quedaría grabado en su memoria, no por la subida del precio de la cerveza en el bar al que solía acudir, sino por ella. Un chupito, un beso y un portazo, eso fue todo lo necesario para que su corazón parase y se tuviera que sentar, no recuerda que pasó después, pero si que recuerda donde a estado todo ese tiempo, que nada más y nada menos, fue el mismo que el de la creación del universo, su propio universo.
Inmundo calló en la silla y al abrir los ojos estaba en aquella fatídica guerra, cuerpos amputados, sangre salpicando por doquier, chasquidos, gritos y alaridos, todo le confundía y el dolor se aferraba en su mente como si no quedase mas espacio en el mundo para esta trágica sensación, mientras su mano se dirigía hacia su cabeza como si pudiese extirparse ese dolor con un tirón de brazo, pero se dio cuenta que tenía que salir de ese maldito lugar antes de que el dolor de cabeza se lo quitase uno de esos locos armados antes que su propia mano, no sabia muy bien si era de día o de noche pues era extraña la luz que llegaba hasta él. A gatas intentaba escapar pasando por entre las piernas de todas esas cabezas locas y armadas.
“¿Es que nunca voy a poder salir de aquí?” Se preguntaba el joven Inmundo mientras su cabeza de pronto chocaba con algo, un taburete, un cuadrúpedo, amaderado y simple taburete ¿Qué cojones pintaba ese taburete en medio de esa batalla? Daba igual, el caso es que podría ser un eficiente escudo en caso de emergencia así que lo cogió y lo llevo consigo pero pronto volvió a chocar con algo, una mesa, una cuadrúpeda, amaderada y simple mesa ¿Qué demonios pintaban esos objetos ahí? Decidió quedarse bajo la mesa e intentar vislumbrar algo entre los pies de todos esos locos armados pero al girarse quedó estupefacto ya que una larga y gran pared blanca o eso dejaban ver los pocos espacios limpios. Esa pared era la clave, si la seguía podría encontrar una puerta que llevase al otro lado donde seguro que estaría seguro y donde podría entrar para refugiarse.
Cogió aire y salió decidido gateando y restregando desde su hombro hasta la punta de sus pies por la pared, tanto se apegaba a ella que tras él quedaba una blanca estela, de pronto un gran cuerpo se precipita delante de él, la cabeza quedó apoyada en la pared y el cuerpo tendido como si de un peso muerto se tratase, clavó su mirada en el rostro que abruptamente acababa de aparecer ante él, su piel verde le informo del horrible estado en que se encontraba el hombre, su cara parecía tan grande y su mandíbula asustaba, ¿Pero que …? Su casco era una cacerola! Y su ojo, su ojo se estaba abriendo! Inmundo estaba boquiabierto con el corazón en un puño y la boca abierta de par en par.
El extraño y moribundo hombre le miro fijamente y como en un susurro exclamó para si mismo que podía hacer ese extraño muchacho en medio de esa batalla campal, así pues le tendió su mano y exclamó con voz ronca “Groohl”.
El muchacho no le tendió la mano, siguió atónito y miró su gran mano y preguntándose que intentaba decirle en ese idioma, entonces el extraño hombre le dijo “Me llamo Groohl ¿y tú?” mientras le apuntó con su espada que resultó ser una cuchara sopera.
“Me llamo Inmundo” y tendió la mano a Groohl, quien se incorporó como pudo, cogió al joven Inmundo y lo llevó hacia la salida apartando a empujones algún que otro contrincante.
Abrió la puerta y la sorpresa de Inmundo fue que daba al exterior, ¿que extraño salón era ese? Preguntó por ello a Groohl y le contesto que solo era un bar y se había montado una pequeña gresca, un ligero mal entendido.
Anduvieron un poco y Groohl se sentó en el borde del camino, mirando al campo, la luna iluminaba y podían ver con claridad. Groohl levanto su camisa, tenia una buena raja en el costado, del pecho hasta el bajo vientre.
“Menudo capullo”, exclamó conforme miraba la herida.
“No tiene buena pinta” se preocupó Inmundo.
“Mañana será una bonita cicatriz” exclamó despreocupado Groohl.
Se interrogaron mutuamente, Inmundo estaba en un extraño mundo llamado Evenjol y Groohl era un ser cuya raza se denomina orca, como las ballenas asesinas de su tierra.
¿Como podía haber acabado en ese lugar? Todo era tan extraño.
Groohl le sugirió que no se alarmase, que debía ser fuerte y seguir adelante en la nueva circunstancia que le tocaba vivir.
Inmundo se desesperó, pero que locura, ¿Cómo podía haber pasado? ¿Qué será de su anterior vida ahora? ¿y de la nueva?
Groohl se alzó la camisa y le enseñó la sangrante herida a Inmundo. “Hoy duele, mañana curara y pasado seré más fuerte”
Inmundo se calmó, echó sus manos a la cabeza, fue a sentarse al lado de Groohl y conforme su culo chocaba en el suelo una fuerte luz apareció.
¿Qué ha pasado? 



 Naghí Agléshka

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